Las empresas argentinas invierten 312 horas al año en pagar impuestos

Nuestro sistema tributario es completamente corrosivo e insostenible. Las regulaciones impiden que en nuestro país se generen inversiones o se incremente la productividad.
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*Por: Natalia Motyl

Actualmente, en nuestro país la mayoría de las empresas se encuentran con graves problemas de liquidez. Según la Fundación Observatorio Pyme (FOP), entre el 6% y el 8% de las empresas ya alertan que se verán forzadas a cerrar, mientras el resto, en medio de una cuarentena que ha paralizado la actividad empresarial, todavía no tiene una perspectiva clara a futuro.

Debería existir un equilibrio que sopese los contribuyentes y sectores que se encuentran con mejor capacidad contributiva en el contexto actual.

No obstante, las medidas de confinamiento llevadas adelante por el Gobierno no hacen más que profundizar los problemas que viene soportando el sector empresarial, ya desde hace más de una década que las empresas argentinas deben afrontar regulaciones e impuestos excesivos.

Hoy en la Argentina las regulaciones impiden que en nuestro país se generen inversiones o se incremente la productividad. La cantidad de autoridades administrativas ineficientes por triplicado en cada jurisdicción sólo hace que los empresarios pierdan plata, tiempo y energía que podrían ser utilizados en investigación y desarrollo, avances tecnológicos y/o incorporación de capital.

Desafortunadamente, las regulaciones sólo obligan a los empresarios a incurrir en costos cada vez mayores; y al resto de los argentinos a vivir en un país con mayor desempleo y un nivel y calidad de vida cada vez menor.

Otro de los factores que obstaculizan la actividad empresarial son los excesivos impuestos. Los impuestos destruyen la riqueza del país desde hace varios años. Ésta transferencia de recursos desde el sector productivo al sector público no hace más que dilapidar la inversión, el empleo y la innovación. Lo que conlleva a que los argentinos no podamos acceder ni a productos más baratos ni de mejor calidad ni a salarios reales más altos. Esta se da sin que exista ninguna evidencia de que ésta pérdida que se genera en el sector privado sea compensada por una unidad adicional de recursos en el sector público.

Como observamos en el gráfico, según datos del Banco Mundial, la tasa tributaria total que deben pagar las empresas argentinas como porcentaje de sus ganancias es el doble al promedio de la región latinoamericana y tres veces más al de países como Estados Unidos o al promedio de países de ingresos altos.

Las empresas argentinas pagan en impuestos un 106% por sobre sus ganancias. Es decir, de cada $100 que gana un empresario, $106 le debe pagar al Estado. Cualquier empresario argentino no sólo no obtiene ganancia sino que debe pagar impuestos inclusive con su inversión inicial.

Es más, se estima que de 12.600.000 dólares que factura anualmente una mediana empresa de 60 empleados, deberá pagarle al Estado 2.544.000 dólares; no sólo no gana sino que debe pagarle 144.000 dólares más. Mientras que, sólo con cruzar el río, en Uruguay estarían pagando cerca del 42% de su ganancia y, cruzando la cordillera, en Chile no superarían el 34%.

Además, otro dato a tener presente, según el Banco Mundial, las empresas argentinas pierden 312 horas al año en pagar impuestos, cuando en Chile ascienden a 296 horas al año y en Estados Unidos sólo a 175 horas.

Es decir, que el país se invierte el doble de tiempo que en cualquier país desarrollado en el pago de impuestos. Los impuestos son altos y complicados. Tenemos alrededor de 165 impuestos totales y sólo 11 de ellos se ocupan de recaudar el 90% de la recaudación total. Nuestro sistema tributario es completamente corrosivo e insostenible.

*Fuente: Fundación Libertad y Progreso


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CRISIS PERMANENTE: Ocho economías regionales pasaron más de la mitad de la última década en rojo

La Confederación Intercooperativa Agropecuaria (Coninagro) dio a conocer su “semáforo” de economías regionales. En noviembre de 2025, el informe registró cinco actividades en “verde”, ocho en “amarillo” y seis en “rojo”, con una única novedad intermensual: la cadena aviar bajó de “verde” a “amarillo” por “un deterioro en los componentes de negocio y mercado”.

El reporte evaluó tres componentes: “negocio”, “productivo” y “mercado”. En el primero, midió la evolución de precios y costos en términos mensuales e interanuales; en el segundo, consideró área o stock y producción; y en el tercero, siguió exportaciones, importaciones y consumo interno.

En el corte de noviembre, las actividades ubicadas en rojo fueron yerba mate, arroz, papa, vino y mosto, hortalizas y algodón. En amarillo quedaron forestal, maní, leche, tabaco, cítricos dulces, mandioca, peras y manzanas, y avícola. En verde se ubicaron bovinos, porcinos, ovinos, granos y miel.

Sobre el cambio de categoría del complejo aviar, Coninagro precisó que los precios subieron 16% en los últimos 12 meses, por debajo de la inflación general del 31%. En paralelo, las exportaciones se redujeron 13% y las importaciones aumentaron 12%, mientras que el consumo creció 1%. Aun así, la entidad indicó que el componente productivo contuvo una baja mayor, debido a que “los indicadores continúan siendo positivos: el stock de aves creció 4% y la producción aumentó 3% en el último año”.

Más allá de la evolución mensual, Coninagro incluyó un análisis retrospectivo del período 2016–2025. Según la entidad agropecuaria, en más de diez años de publicaciones del semáforo, ocho de las 19 economías analizadas pasaron más de la mitad del tiempo en rojo. Entre las más comprometidas ubicó a la vitivinicultura y a los cítricos dulces, que permanecieron en rojo cerca del 70% de los meses. Detrás se ubicaron la lechería y el arroz, con 63%, y luego la producción ovina, junto con peras y manzanas y papa, que rondaron el 55% del período en esa situación.

En el extremo opuesto algunas actividades mostraron recorridos más estables. Las carnes porcina, aviar y bovina permanecieron en verde en más del 45% del tiempo, y el mismo comportamiento registraron la producción manicera y el complejo granos.

En su capítulo de comercio exterior, el informe consignó que, entre enero y noviembre de 2025, las 19 actividades relevadas sumaron exportaciones por U$S 54.193 millones, lo que representó un salto del 65% frente al promedio histórico de la última década (U$S 32.802 millones). El análisis advirtió una fuerte concentración: el 76% de los ingresos provino de los complejos granarios (soja, maíz, trigo, girasol, cebada y sorgo) y el 9,4% correspondió al sector bovino. El 14,6% restante, equivalente a unos U$S 7.912 millones, lo aportó el conjunto de las demás economías regionales.

En importaciones, el total promedió U$S 3.145 millones entre enero y noviembre. El complejo granario explicó el 72% de las compras externas, seguido por la actividad forestal (9%), el sector porcino (4%) y el algodón (3%), mientras que el 12% restante se distribuyó entre otras producciones.

Al comparar con el promedio del mismo período de los últimos nueve años, Coninagro marcó que algunos sectores crecieron con fuerza y otros retrocedieron. En el ranking exportador, el tabaco lideró con U$S 590 millones, un 293% por encima de su promedio histórico. Le siguió el arroz con U$S 414 millones (+181%) y luego el complejo forestal con U$S 148 millones (+154%). El complejo lácteo se destacó con U$S 1.621 millones, un 129% de crecimiento frente a los U$S 738 millones del promedio 2016–2024. En sentido contrario, la única caída relevante la registró la actividad avícola, con U$S 87 millones, un retroceso del 64% frente al promedio histórico (U$S 218 millones).

En importaciones, Coninagro informó que cuatro complejos prácticamente duplicaron o más que duplicaron sus compras externas respecto del promedio 2016–2024. Los cítricos dulces encabezaron el incremento con U$S 24,6 millones (+118%), seguidos por el maní con U$S 1,7 millones (+102%). En niveles similares se ubicaron el complejo bovino con U$S 97 millones (+98%) y la vitivinicultura con U$S 43 millones (+97%). En el otro extremo, el informe indicó bajas cercanas al 50% en papa (de U$S 20 millones a U$S 10 millones), apicultura (de U$S 96.000 a U$S 45.000), hortalizas (de U$S 31 millones a U$S 15 millones) y el complejo ovino (U$S 2 millones frente a U$S 3 millones del período anterior).

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