Persecución a cristianos en el Congo | Una filial del Estado Islámico asesinó a más de 36 civiles en dos días

Detrás de los ataques opera una filial del Estado Islámico que ya acumuló 1.749 víctimas en 2025 y busca erradicar la presencia cristiana en la región. Amnistía Internacional denunció crímenes de guerra y de lesa humanidad, y responsabilizó al "desinterés de la política internacional" por la escalada.
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Las Fuerzas Democráticas Aliadas (ADF) —filial oficial del Estado Islámico (ISIS) en África Central— perpetraron una nueva ola de ataques mortales en aldeas del este de la República Democrática del Congo (RDC), matando al menos a 24 civiles en la noche del 5 al 6 de mayo en el territorio de Beni, mientras que el 8 de mayo los ataques se extendieron a Biakato (Ituri), donde se recuperaron al menos 15 cuerpos más.

El balance total preliminar de esa ola de ataques de dos días supera las 36 víctimas confirmadas, con decenas de desaparecidos.

“Estos abusos constituyen crímenes de guerra que el mundo no debe seguir ignorando”, afirmó la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, en referencia a los crímenes de la ADF.

Esta ola de ataques es el último eslabón de una cadena sistemática de agresiones perpetradas en la región. En febrero de 2025, en Kasanga y Mayba, en North Kivu, 70 civiles fueron asesinados mediante decapitaciones con machetes dentro de una iglesia protestante. Meses después, en julio de 2025, la localidad de Komanda, en Ituri, fue escenario de otra matanza en la que murieron 43 personas, entre ellas niños y mujeres embarazadas tras la irrupción nocturna de hombres armados en un templo, con machetes y armas de fuego.

De acuerdo con datos de la Oficina Conjunta de Derechos Humanos de las Naciones Unidas, solo en 2025 la ADF fue responsable de 465 ataques que dejaron 1.749 víctimas, incluyendo 344 mujeres y 129 niños, en las provincias de North Kivu, Ituri y Tshopo.

La violencia continuó en enero de 2026 con el asesinato de 22 civiles en una aldea de Ituri, y se agravó en marzo, cuando en Basidio fueron ultimadas 15 personas en un ataque con ametralladora e incendio de viviendas. Ese mismo mes, Bafwakoa registró otro episodio fatal con 19 muertos, seguido en abril por una nueva ofensiva en la misma zona que dejó 43 víctimas y destruyó casas tras un ataque nocturno con armas y machetes. Finalmente, en mayo de 2026, los ataques alcanzaron la frontera entre Beni e Ituri, donde más de 36 personas fueron asesinadas en una serie de incursiones contra múltiples aldeas.

El patrón es invariable: ataques nocturnos con armas de fuego y machetes, huida antes de la llegada del ejército e impunidad total.

La respuesta es compleja, pero no ambigua. Existen elementos suficientes para sostener la dimensión religiosa de la violencia. La ADF ha declarado de manera explícita su intención de erradicar la presencia cristiana en las zonas que controla y de “establecer un califato islámico mundial”. Además, el propio ISIS ha reivindicado ataques en su canal de Telegram, mencionando de forma directa a los cristianos como objetivo.

En ese mismo sentido, la selección de blancos refuerza esa lectura, ya que los ataques se concentran en iglesias, vigilias religiosas y celebraciones litúrgicas, como ocurrió en la masacre de Komanda durante el Jubileo de Plata de una parroquia. A ello se suman las denuncias formales elevadas ante la Organización de las Naciones Unidas (ONU) por organizaciones como Aid to the Church in Need y el European Centre for Law and Justice, que documentan una persecución religiosa deliberada. También Open Doors ubicó a la República Democrática del Congo en el puesto 29 de su Lista Mundial de Persecución 2026, con la puntuación más alta registrada hasta ahora.

Sin embargo, el cuadro de sucesos admite un matiz importante. La ADF también atacan a comunidades no cristianas y operan en un país donde cerca del 95% de la población es cristiana, por lo que gran parte de las víctimas pertenecen necesariamente a ese grupo. La ONU y otros organismos de verificación señalan, además, que la violencia contra civiles es masiva y que no siempre responde de manera exclusiva a la pertenencia religiosa, aunque tampoco descartan la motivación inicial. En esa línea, la BBC y algunos especialistas advierten que, en contextos como los del Congo o Nigeria, los factores étnicos, territoriales y religiosos se entrecruzan de forma tan estrecha que rara vez pueden separarse por completo.

En conclusión, la dimensión religiosa es real e intencional en el caso de la ADF, pero forma parte de una “operación de exterminio” más amplia contra cualquiera que no profese la religión islámica, que incluye el control territorial, el saqueo de recursos naturales y el terror como instrumento de dominación.

La situación en el Congo no constituye una excepción, sino que se inscribe en una tendencia continental cada vez más alarmante. De acuerdo con el Índice Mundial de Persecución 2026 elaborado por Open Doors, más de 388 millones de cristianos en el mundo viven hoy bajo persecución o discriminación grave, y en África subsahariana el deterioro es evidente. Entre los 14 países incluidos en la lista, el nivel combinado de violencia escaló del 49% del máximo posible hace una década al 88% en 2026.

— El líder de ISIS-RDC Seka Musa Baluku y a la derecha su director de redes, Meddie Nkalubo, alias Benjamin “Punisher”

Nigeria continúa siendo el epicentro del fenómeno, con 3.490 de los 4.849 cristianos asesinados por su fe en el último período analizado, mientras que Sudán, Nigeria y Malí alcanzan la puntuación máxima de violencia. El patrón se repite en Burkina Faso, Malí, Mozambique, la República Centroafricana y Somalia, donde la debilidad estatal de estos Estados abre espacio a grupos islamistas armados que actúan con la ausencia de ley.

Hay varias razones que explicarían porque existe poca o casi nula visibilidad mediática de este tipo de hechos. Por un lado, el Congo compite con otras crisis que dominan la agenda internacional, como el avance del M23 con respaldo ruandés, la crisis de Goma, que dejó más de 2.900 muertos, y las tensiones geopolíticas entre Kinshasa y Kigali, que concentran buena parte de la atención que sí logra llegar a otros países. A eso se suma la escasa presencia de corresponsales en zonas remotas como Ituri y North Kivu, regiones de selva densa y con infraestructura limitada, donde el acceso de periodistas resulta especialmente difícil.

Asimismo, influye una cierta fatiga informativa. Se trata de un conflicto prolongado, con más de tres décadas de duración y múltiples actores armados, lo que suele alimentar la percepción de que se trata de una crisis sin salida y reduce su atractivo a las masas. En paralelo, algunos especialistas afirman la existencia de un sesgo de agenda, según el cual ciertos medios de corte progresistas tienden a prestar menos atención a la violencia islamista contra minorías religiosas en el Sur Global.

El fracaso de la comunidad internacional

La Misión de Estabilización de la ONU en el Congo, conocida como MONUSCO, lleva más de 25 años desplegada en el país y se ha convertido en la operación de mantenimiento de la paz más prolongada en la historia de Naciones Unidas. No obstante, su balance es ampliamente cuestionado y el descontento entre la población congoleña es profundo, en particular por su incapacidad para brindar protección efectiva frente a la violencia armada.

En la región de Beni, epicentro de los ataques de la ADF, incluso se registraron protestas violentas contra los cascos azules. Diversos informes académicos sostienen que “la misión ha fracasado de manera sistemática en su objetivo de resguardar a los civiles” y que, además, “no impulsó los cambios políticos estructurales necesarios para construir una paz duradera.” A ello se suma un episodio especialmente doloroso, cuando la propia MONUSCO colaboró en la excavación de la fosa común donde fueron enterradas las víctimas de la masacre de Komanda, ocurrida en julio de 2025.

A fines de 2024, el gobierno congoleño pidió la retirada de la misión al considerar que ya no cumple su cometido, aunque la fragilidad del ejército nacional deja en evidencia un vacío que podría agravar aún más la crisis humanitaria que afecta a unos 7 millones de desplazados internos. En mayo de 2026, Amnistía Internacional volvió a poner el foco sobre la tragedia con el informe titulado “Nunca había visto tantos cadáveres”, en el que destacó que los crímenes cometidos por la ADF constituyen crímenes de guerra y de lesa humanidad, y reclamó una respuesta urgente de la comunidad internacional, responsabilizando la situación producto del “desinterés de la política internacional y los círculos de donantes” respecto a las amenazas de la ADF.

Es necesario entender que la ADF no es simplemente un grupo rebelde más entre los más de 120 que operan en el Congo. Su lógica responde a una ideología transnacional que no disputa territorio étnico ni el control de recursos, sino que busca instaurar un califato islámico. Su lealtad no se orienta ni al Congo ni a Uganda, sino al proyecto terrorista mundial del Estado Islámico.

A ello se suma el reconocimiento formal que recibió por parte de ISIS, que la legitimó públicamente e incorporó como una de sus provincias. Incluso reproduce métodos asociados al accionar del grupo en Siria e Iraq, como decapitaciones, quema de aldeas, esclavitud sexual de menores y reclutamiento forzado de personas. En ese marco, sus víctimas son seleccionadas en parte por su religión, ya que el objetivo declarado es eliminar de la faz de la tierra la presencia cristiana.

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Trump pidió eliminar el comité de la ONU que cada año respalda el reclamo por las Islas Malvinas

El gobierno de Donald Trump pidió eliminar el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, el foro donde la Argentina sostiene cada año su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. El planteo llegó el pasado jueves 15, durante una sesión de la Cuarta Comisión de la Asamblea General en Nueva York. Allí, la representante estadounidense Tammy Bruce solicitó la finalización del mandato del organismo y calificó parte de su actividad como un despilfarro de recursos.

Desde el principal aliado internacional de la Casa Rosada llegó así una iniciativa que beneficia al Reino Unido y perjudica a los intereses argentinos. Ocurrió en plena ofensiva del Gobierno por el archipiélago y contra la explotación petrolera en sus aguas.

—El comunicado oficial de la ONU que da cuenta del pedido de Estados Unidos para terminar con el mandato del Comité Especial de Descolonización

De acuerdo con el comunicado de prensa GA/SPD/841 que difundió la ONU, la funcionaria afirmó que el comité “dejó de cumplir su propósito original”. Recordó que más de 80 antiguas colonias ya se incorporaron como Estados miembros, mientras el organismo “opera como si nada hubiera cambiado” y revisa los mismos textos cada año. También apuntó contra “los viajes anuales a centros turísticos del Caribe y el Pacífico Sur”, que consideró una pérdida de tiempo y de dinero para la organización.

Como ejemplo eligió a Puerto Rico. La Asamblea General quitó a la isla de la lista de territorios no autónomos en 1953, pero el comité celebra audiencias sobre ella todos los años. “Los habitantes de los territorios restantes merecen algo mejor que ser considerados meros instrumentos” en campañas políticas, remató. Su intervención no mencionó a las Malvinas.

El C-24, como se lo conoce en la jerga diplomática, nació en 1961 como órgano subsidiario de la Asamblea General para impulsar el fin del colonialismo. Lo integran 29 Estados y examina 17 territorios no autónomos, diez de ellos bajo administración británica, Malvinas incluida. Desde 1983 aprueba cada año una resolución que insta a Buenos Aires y Londres a negociar la soberanía, en línea con la resolución 2065 de la Asamblea General, de 1965. Estados Unidos abandonó el comité en 1971, con el argumento de que no le permitía cumplir un rol constructivo.

En esa misma sesión, la Cuarta Comisión aprobó más de 20 proyectos de resolución y una decisión, muchos surgidos de recomendaciones del C-24. Estados Unidos, el Reino Unido e Israel fueron los únicos votos en contra del texto sobre difusión de información sobre descolonización, que reunió 164 apoyos. La delegación británica, por su parte, reclamó que el comité reconozca la “modernización” de su vínculo con los territorios de ultramar.

Para Javier Milei, la jugada abrió la primera diferencia geopolítica con Trump. El Presidente comparte con el republicano la desconfianza hacia la eficacia de la ONU, pero considera al C-24 uno de los pocos escenarios multilaterales disponibles para el reclamo. 

Se espera que el canciller Pablo Quirno anuncie el rechazo argentino ante el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, y el subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, que llegan esta semana a Buenos Aires para promover una iniciativa de infraestructura con inversión estadounidense. El viernes, Milei habló por teléfono con el secretario de Estado, Marco Rubio. Ambos “reafirmaron la solidez de la asociación”, aunque no trascendió si conversaron sobre las islas.

Para cerrar el comité hace falta la aprobación de la Asamblea General. Allí Estados Unidos no tiene poder de veto, y el C-24 cuenta con el aval de una amplia mayoría de países.

La postura de Washington choca con el discurso de Milei en la última Asamblea General. “Malvinas es para nosotros una causa nacional, repito, Malvinas es para nosotros una causa nacional”, dijo el Presidente desde el atril neoyorquino, donde acusó a la ONU de “inútil” y de “mirar hacia otro lado con la causa”. Recordó que hace 50 años la resolución 31/49 pidió a las partes abstenerse de introducir modificaciones unilaterales y se preguntó “de qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario”.

Los tres cancilleres de Milei defendieron el reclamo ante el C-24. Diana Mondino recordó en 2024 los 191 años de ocupación británica. Un año después, Gerardo Werthein la definió como “un acto colonial, contrario al derecho internacional”. En junio pasado, Quirno denunció la “militarización” del archipiélago y rechazó el argumento británico de la libre determinación: “Existe una población británica implantada por la potencia ocupante luego de la expulsión de las autoridades y de los legítimos pobladores argentinos”.

El pedido de Washington coincidió con el momento de mayor tensión con Londres. La Argentina solicitó al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, medidas para frenar el proyecto petrolero Sea Lion, y el Reino Unido respaldó de manera explícita a las empresas involucradas. Compañías estadounidenses también expresaron su preocupación por las sanciones que prevé la Ley de Soberanía.

Trump había alentado la estrategia oficial cuando evaluó revisar la neutralidad histórica de su país sobre el archipiélago y se ofreció como mediador. Sin embargo, después de reunirse el 22 de septiembre con el primer ministro británico, Andy Burnham, descartó esa mediación.

La ofensiva contra el C-24 forma parte de los recortes que Washington impulsa en la ONU como su principal contribuyente. Esos recortes coinciden con la carrera para suceder a António Guterres, en la que compite el argentino Rafael Grossi con el apoyo de Milei.

Argentina quedó excluida de una cumbre donde flotas extranjeras debatieron la explotación del calamar argentino

Durante tres días, del 30 de septiembre al 2 de octubre, científicos de Brasil, Uruguay, España, China y Corea del Sur se sentaron en Vigo junto a representantes del gobierno de ocupación de las Islas Malvinas para evaluar el estado del calamar Illex argentinus. La Argentina, principal país ribereño de esa pesquería, quedó afuera del IV Taller Científico Internacional sobre la especie, que sostiene el mayor volumen de desembarques del Atlántico Sur y que lleva en su nombre científico al país ausente.

La reacción más dura llegó desde Panamá. Allí, en la Conferencia de Pesca de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF), tres gremios marítimos argentinos presentaron una nota formal contra el encuentro: el Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y de Cabotaje Marítimo, el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) y el Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (SICONARA). “Se está discutiendo el futuro de un recurso argentino sin la Argentina, sin su ciencia y sin sus trabajadores, y con una administración colonial sentada a la mesa. No lo vamos a aceptar”, señalaron los dirigentes durante su exposición.

— El comunicado de la organización de armadores gallegos que convocó al encuentro de Vigo: en la lista de invitados figuran las Islas Malvinas y la Argentina no aparece

El taller fue organizado y financiado por la Organización de Productores de Buques Congeladores de Merlúcidos, Cefalópodos y Especies Varias (OPPC-3), la entidad que agrupa a buena parte de la flota congeladora gallega, con el apoyo facilitador de Sustainable Fisheries Partnership (SFP), una organización que promueve mejoras en las pesquerías y que en este caso colaboró en la coordinación y en la búsqueda de recursos. En el comunicado que difundió el 25 de septiembre, la OPPC-3 explicó que el objetivo era avanzar en una base de datos regional y en la evaluación de la abundancia, la productividad y el estado de explotación del calamar, con información de las flotas que lo capturan desde el sur de Brasil hasta la Patagonia y en aguas internacionales. También asistieron expertos independientes que acompañan el proceso desde su origen.

Sobre el motivo de la silla vacía circulan dos versiones. Los gremios hablaron de exclusión y pusieron el acento en que sí fueron convocadas las autoridades que administran de hecho las islas. Fuentes del ámbito científico consultadas por Revista Puerto atribuyeron la ausencia a una posición de principio: “Argentina no participa porque no reconoce el derecho del pretendido e ilegítimo gobierno de las Islas sobre el manejo del recurso calamar del Atlántico Sudoccidental”. Los trascendidos desembocan en el mismo punto, porque mientras el gobierno de ocupación integre estos talleres la Argentina no tendrá lugar en ellos, y el diseño de la convocatoria garantiza de antemano ese resultado.

Una silla para la administración colonial; ninguna para el dueño del recurso

Para los sindicatos, ninguna evaluación del Illex puede considerarse válida sin la Argentina y sin el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), el organismo que reúne la serie científica más completa sobre la especie. El planteo se apoyó en la Ley N° 24.922, que regula la pesca en el país, y en la posición argentina sobre los recursos del Atlántico Sur. Los gremios recordaron además que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce los derechos del Estado ribereño sobre las poblaciones que se extienden más allá de su zona económica exclusiva.

El rechazo a la presencia isleña sumó otros fundamentos: la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional y las Resoluciones 2065 (XX) y 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La advertencia de fondo fue que incorporar a esas autoridades a una instancia internacional sobre la gestión del calamar puede contribuir a legitimar un sistema de licencias de pesca otorgado de manera unilateral.

Los representantes argentinos remarcaron que las decisiones sobre el calamar impactan de forma directa en los trabajadores del sector y formularon cuatro pedidos. A la conducción de la ITF le solicitaron un pronunciamiento en rechazo al taller y que lo comunique a todas sus organizaciones afiliadas. Reclamaron que las conclusiones de Vigo no se presenten como un consenso científico regional y que las autoridades de las Islas Malvinas no sean convocadas en futuras instancias. Exigieron, por último, que cualquier ámbito internacional sobre la gestión del recurso incluya a la República Argentina, a su ciencia y a los representantes de sus trabajadores.

La milla 201, el borde donde las vedas argentinas dejan de valer

El Illex es un recurso migratorio y su distribución excede los límites jurisdiccionales. Nuestro país administra la pesquería con planes de manejo, avanza en un proceso de certificación y aplica un sistema de alerta temprana orientado a garantizar el escape de reproductores. En la milla 201, la franja de aguas internacionales que empieza donde termina la Zona Económica Exclusiva y donde opera la flota potera extranjera, esos cierres no rigen. La presión pesquera en ese sector diezma los esfuerzos de conservación que se hacen puertas adentro.

Esa falta de reglas en alta mar ya tuvo costo. Durante la feria Conxemar 2025 se advirtió que el calamar sigue sin consenso científico regional y sin medidas de gestión internacionales, lo que complica su certificación pese a la buena administración de los stocks en aguas argentinas.

Los promotores presentaron el taller como una respuesta a ese vacío. Edelmiro Ulloa, director gerente de la OPPC-3, planteó que ante la ausencia de un marco regional de gobernanza plenamente operativo la cooperación entre las propias flotas puede contribuir a construir una base común de conocimiento, mediante el intercambio de información agregada y con las garantías de confidencialidad que acuerden las partes. “Reducir la incertidumbre beneficia a todos”, sostuvo, en una idea que también expuso ante el medio español Industrias Pesqueras, y agregó que la colaboración científica “no debe entenderse como una amenaza para ninguna flota”.

— El afiche oficial del taller de Vigo: seis banderas para debatir el calamar argentino, entre ellas la del gobierno de ocupación de las Islas Malvinas, y ninguna de la Argentina

La conducción científica estuvo a cargo de Rubén Roa-Ureta, experto en modelización estadística y evaluación de poblaciones pesqueras, quien se definió como un científico independiente “que no pertenece ni representa a ninguna de las naciones que participan en esta pesquería”. A su juicio, la responsabilidad de generar el mejor conocimiento posible sobre el calamar “debe mantenerse al margen de los conflictos políticos o jurisdiccionales que puedan existir entre los países que comparten el ecosistema”. El grupo que presidió se propuso consolidar una base técnica común para futuras evaluaciones, comprender mejor la dinámica de la población e identificar las principales incertidumbres pendientes.

Desde SFP, su director de Gobernanza Pesquera y Medios de Vida, Pedro Ferreiro, valoró que la iniciativa “no pretende sustituir a los Estados ni interferir en sus competencias, responsabilidades o derechos conforme al marco jurídico internacional”, y admitió que cualquier avance hacia una gestión regional “deberá contar con la participación y el respaldo de los Estados”. Los organizadores convocaron además a armadores, empresas transformadoras y comercializadoras, trabajadores y demás actores de la cadena de valor, que abarca actividades portuarias, logísticas e industriales, a involucrarse de forma activa y continuada.

La de Vigo fue la cuarta reunión de un proceso que empezó con talleres en Chile y Panamá y siguió en Bangkok. Aun no trascendieron documentos, resultados ni conclusiones de ninguna de esas ediciones. Tampoco se identificaron medidas de manejo que den continuidad a las normas que aplica la Argentina para cuidar la especie.

Los propios organizadores definieron la meta como “convertir el conocimiento científico compartido en un punto de encuentro entre flotas que compiten por el mismo recurso” y “garantizar la conservación de Illex argentinus y la continuidad económica y social de una de las principales pesquerías del Atlántico Sur”. 

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