Roger Waters banalizó el Holocausto en su show de Berlín y recibió fuertes críticas: “Es uno de los mayores enemigos de los judíos”

El artista, que cuenta con un largo historial de guiños antisemitas, despertó la indignación de la comunidad internacional.
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Las alusiones al Holocausto del ex líder de Pink Floyd, Roger Waters, en su show de Berlín generaron indignación en la comunidad internacional, que no tardó en expresar su descontento y condenó las acciones.

La comunidad judía fue una de las primeras en alzar la voz al respecto. El doctor Ariel Gelblung, director del Centro Simon Wiesenthal para América Latina, arremetió duramente contra el músico, a quien acusó de ser un “consumado antisemita, obsesivo con deslegitimar al único Estado Judío donde reside la mayor comunidad del mundo, soporte de grupos terroristas como Hamas y Hezbollah”, que “utiliza sus shows para derramar odio”.

Roger Waters
A menudo, Waters suele generar polémicas por sus dichos contra el Estado de Israel y el Holocausto.

Hipócrita que defiende dictaduras y genocidas sosteniendo presuntas solidaridades con sus pueblos, pero sus shows sólo los lleva a cabo donde puede llenarse del dinero que dice despreciar. De repetir en América Latina las performances que presentó en Europa, es posible que sea procesado judicialmente en más de un país”, continuó el mensaje en tono de advertencia.

En respaldo a estas declaraciones, el Estado de Israel publicó un mensaje en sus redes sociales. “Buenos días a todos menos a Roger Waters, que pasó la noche en Berlín profanando la memoria de Ana Frank y de los 6 millones de judíos asesinados en el Holocausto“, se lee en el posteo.

Roger Waters
Entre la escenografía se vio un cerdo inflable gigante con palabras y símbolos como la estrella judía y pancartas al estilo del Tercer Reich con martillos cruzados en lugar de esvásticas.

Por su parte, el presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina, Jorge Knoblovits, en una columna en El Observador, recordó que “desde hace tiempo, Roger Waters, el famoso músico quien perteneciera a la banda Pink Floyd, utiliza sus masivos shows alrededor del mundo para transmitir mensajes antisemitas. Abiertamente incita al odio contra judíos e israelíes”.

En su espectáculo, el músico salió al escenario vistiendo un uniforme negro, similar al utilizado por la SS nazi, junto con un brazalete rojo y hasta apuntó con un fusil falso. Por otro lado, incluyó entre la escenografía un cerdo inflable gigante con palabras y símbolos como la estrella judía y pancartas al estilo del Tercer Reich con martillos cruzados en lugar de esvásticas (una estética que Pink Floyd utiliza desde la década de 1970 y que se hizo famosa por la película The Wall).

Roger Waters
El presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas de Argentina, Jorge Knoblovits.

Ante la polémica suscitada por la presentación, la policía de Alemania no fue indiferente y anunció que ha abierto una investigación en contra del músico británico por posible incitación al odio. La vestimenta con la que salió a escena es susceptible de “enaltecer” la violencia nacionalsocialista de una forma “hiriente para la dignidad de las víctimas” y, por consiguiente, “alterar el orden público”, delcaró el portavoz de las fuerzas de seguridad, Martin Halweg.

Este anuncio fue celebrado por la organización Stop Antisemitism, que compartió un video de la presentación de Waters en sus redes y festejó: “¡Una gran noticia! La policía de Berlín inició una investigación criminal sobre Roger Waters luego de su concierto en el que se vistió como un oficial nazi de la SS con una pistola y denigraba el asesinato de Ana Frank“.

Roger Waters
El músico salió al escenario vistiendo un uniforme negro, similar al utilizado por la SS nazi, junto con un brazalete rojo y hasta apuntó con un fusil falso.

El músico británico tiene un largo historial de polémicas sobre el Holocausto y el Estado de Israel. Sin dudarlo, a menudo se muestra como un ferviente defensor del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS), cuyo objetivo es boicotear y desinvertir fondos del país oriental de Asia y hasta comparó el trato de estos y los Palestinos con el Shoá.

En la capital alemana, donde Waters se presentó recientemente, más de 60 mil judíos fueron deportados a la muerte durante la Segunda Guerra Mundial. Además, fue escenario de la purga de la “Kristallnacht”, en noviembre de 1938, en la que se quemaron la mayoría de las sinagogas de la ciudad y se destrozaron y robaron tiendas y viviendas de propiedad judía.

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Brasil le cerró el mercado al biodiésel argentino con una barrera regulatoria

El Consejo Nacional de Política Energética de Brasil (CNPE) aprobó el pasado 1 de abril una resolución que establece que todo el biodiésel destinado al corte obligatorio con gasoil debe provenir únicamente de unidades de producción autorizadas por la Agencia Nacional de Petróleo, Gas Natural y Biocombustibles (ANP). La medida, impulsada por el gobierno de Luiz Inácio Lula da Silva, impidió de hecho la importación de biodiésel argentino para cumplir con el mandato de mezcla obligatoria, que se ubica actualmente en el 15%.

La barrera regulatoria adquiere relevancia en el contexto del vínculo comercial entre ambos países. Si bien la molienda de soja en Brasil creció para ampliar la oferta interna de aceite, el elevado consumo de biodiésel obliga al país a importar aceite de soja desde la Argentina. Según estimaciones de la entidad que agrupa a la industria aceitera brasileña, Abiove, en 2026 Brasil deberá importar 125.000 toneladas de aceite de soja, frente a las 105.000 y 100.000 toneladas importadas en 2025 y 2024 respectivamente.

En la actual coyuntura económica, resultaba factible para Brasil reemplazar esas importaciones de aceite argentino directamente por biodiésel de ese origen. Sin embargo, la normativa aprobada por el CNPE clausuró esa posibilidad. Como alternativa, Brasil instrumentó el uso de materias primas locales para la producción de biodiésel, entre ellas el sebo bovino, el aceite de algodón y el aceite usado de cocina.

El pasado 1 de marzo, según el cronograma establecido, el país tendría que haber incrementado el corte de biodiésel con gasoil al 16%, pero el gobierno de Lula resolvió posponer esa medida por tiempo indefinido. En sentido contrario, la Confederación Brasileña de Agricultura y Ganadería (CNA), que representa los intereses del sector agropecuario, solicitó al Ministerio de Minería y Energía que eleve la mezcla obligatoria al 17%, con el objetivo de garantizar el abastecimiento interno del combustible a precios razonables.

“El último gigante” | La última película de Marcos Carnevale, estrenada en Netflix y filmada en las Cataratas, inyectó 3 millones de dólares en Misiones

El rodaje de “El último gigante”, la película de Netflix filmada casi en su totalidad en escenarios naturales de Misiones, dejó cerca de US$3 millones en la provincia. Así lo estimó Sergio Acosta, presidente del Instituto de Artes Audiovisuales de Misiones (Iaavim). “Nosotros por el despliegue, la cantidad de gente que se quedó y todo, más o menos estimamos 3 millones de dólares que dejó esa película en la provincia, en sueldos, en servicios, en todo lo que gastó. Plata que entró a la provincia y fue directamente a los privados”, declaró el funcionario al medio Misiones Online.

La producción, dirigida por el prestigioso Marcos Carnevale, fue rodada en el Parque Nacional Iguazú, las Cataratas del Iguazú y la localidad de Puerto Libertad. El trabajo comenzó el 17 de mayo del año pasado y demandó un importante despliegue técnico, logístico y humano, con participación activa de trabajadores audiovisuales de la región, convocados a través de Misiones Casting y con articulación de la Comisión de Filmaciones del Iaavim. 

Desde el 1 de abril, la película está disponible en Netflix en más de 190 países.

El elenco estuvo encabezado por Oscar Martínez y Matías Mayer, junto a Inés Estévez, Silvia Kutika, Yoyi Francella, Alexia Moyano y Luis Luque. La historia gira en torno a Boris, un guía turístico que se reencuentra con su padre después de más de veinte años, en un viaje atravesado por el duelo, las heridas abiertas y la posibilidad del perdón.

Acosta subrayó que el Iaavim cumple un rol central como nexo entre el sector privado y las instituciones públicas para atraer grandes producciones. El organismo es “el pivot entre el privado que viene de afuera y todas las instituciones públicas y privadas. Por ejemplo, si nos dicen que necesitan una escuela en el monte que se vea un río, nosotros logramos los permisos con el Consejo General de Educación”, ejemplificó.

“Nos da la impronta de generar trabajo a través del audiovisual, con la atracción de estas producciones que podrían irse a la Patagonia o a Jujuy. Son historias que pueden adaptarse a los entornos naturales y logramos que elijan Misiones”, precisó Acosta.

Voces de la producción y de Netflix

El productor Ignacio Rey, de Leyenda Films, valoró la experiencia de trabajar en la provincia. “La experiencia de haber filmado en Misiones fue espectacular. Era un desafío adentrarnos por el río hasta las cataratas e incluso filmar debajo de ellas. Contamos con un apoyo total de la provincia, de Parques Nacionales y del sector privado”. 

Rey también destacó la capacidad humana encontrada: “Encontramos una mano de obra espectacular y gente sumamente amable. Fue un placer y esperamos haber hecho honor a la majestuosidad de la provincia con esta película”.

Juanjo Méndez, líder de políticas públicas para América del Sur de Netflix, remarcó el valor de este tipo de producciones para los territorios donde se desarrollan. “Es una gran oportunidad para mostrarle al mundo lo maravillosas que son las Cataratas del Iguazú. Esta producción utilizó una gran cantidad de recursos locales: hoteles, gastronomía, logística y talento. Es importantísimo todo lo que hay detrás de una producción audiovisual”.

Durante la premiere oficial, realizada en el complejo Cinemark Hoyts DOT de la Ciudad de Buenos Aires (con presencia del director, el elenco y referentes de la industria), Carnevale agradeció a quienes hicieron posible el film: “Lo mío son todos gracias. Gracias a Netflix por hacer posible la película, al elenco maravilloso y a mi equipo técnico, que es mi segunda familia. Sin ellos nada sería posible”.

Turismo cinematográfico: una industria consolidada

Acosta destacó el concepto de “turismo cinematográfico” como una consecuencia directa de la exposición que obtiene Misiones en las plataformas de streaming. “Llegar a la plataforma significa que Misiones está en la vitrina del mundo. 190 y pico de países van a poder ver la película subtitulada o doblada en su idioma, que van a ver las Cataratas del Iguazú”.

El funcionario también atribuyó el presente del sector audiovisual misionero a un proceso de largo aliento. “Tiene que ver con un desarrollo de 20 o 25 años del sector audiovisual que nace un poco con Oberá en Cortos y se consolida con las carreras de audiovisual que tenemos en la provincia. Un poco todo ese ecosistema hace que hoy día podamos estar hablando de industria, más allá del audiovisual como cultura y como derecho. Estamos hablando ya de una instancia más industrial en la cual la provincia está invirtiendo y atrayendo grandes producciones, porque genera muchísimo laburo”, sostuvo.

“Iniciamos esta guerra por presión de Israel y su poderoso lobby” | Renunció el director de Contraterrorismo de Trump

Estados Unidos sumó un nuevo capítulo de tensión política tras la renuncia de Joseph Kent, quien hasta ahora encabezaba el Centro Nacional de Contraterrorismo. Kent dimitió en señal de protesta contra la ofensiva hacia Irán promovida por la gestión del presidente Donald Trump.

“Irán no representaba ninguna amenaza inminente para nuestra nación”, afirmó Kent en un posteo en su perfil oficial de X, implicando directamente que la justificación del gobierno era falsa o exagerada, y agregando: “Está claro que iniciamos esta guerra a causa de la presión de Israel y su poderoso lobby estadounidense”.

Esta sería la primera renuncia pública de un alto funcionario vinculada a este conflicto y deja al descubierto fisuras dentro de la Casa Blanca y del propio movimiento republicano, una división que podría reconfigurar el debate político en Washington.

Kent también advirtió que “no puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán”, subrayando su negativa a apoyar el envío de jóvenes americanos a “luchar y morir en una guerra que no beneficia al pueblo estadounidense”.

– “No puedo, en conciencia, apoyar la guerra que se libra en Irán”. La renuncia de Kent, publicada en su cuenta de X

Tal como indicó el representante del Comando Central de Estados Unidos (CENTCOM), capitán de navío Tim Hawkins, a la revista Time el 17 de marzo, el número total de combatientes difuntos asciende a al menos 15 y alrededor de 200 lesionados, incluyendo bajas no relacionadas directamente con el combate.

Tres semanas después del inicio del conflicto, el costo humano le dio la razón. En sintonía con cifras de la Cruz Roja, más de 1.000 personas murieron en los primeros días. El Ministerio de Salud de Irán reportó 18.551 heridos. La agencia de la Organización de las Naciones Unidas, el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), estima hasta 3.2 millones de desplazados internos dentro de Irán. De igual modo, el fondo de la ONU para la infancia, UNICEF, alerta que en los primeros diez días más de 1.100 niños han resultado ser víctimas fatales o afectados.

La reacción del mandamás norteamericano no fue la de un líder político que lamenta perder a un colaborador. Fue la de alguien que celebró la salida. Desde el Despacho Oval, Trump dijo a los periodistas: “Siempre pensé que era un buen tipo, pero siempre pensé que era débil en materia de seguridad. Muy débil”.

Añadió que, al leer la nota de su retiro, “me di cuenta de que es algo bueno que se haya ido”.

La portavoz, Karoline Leavitt, fue aún más agresiva en sus declaraciones. Publicó un extenso comunicado en X calificando de “insultante y ridícula” la acusación de que Trump actuó bajo influencia israelí, y afirmando que el gobernante contaba con “pruebas sólidas y convincentes” de que Irán planeaba atacar primero a Estados Unidos.

Paralelamente, medios cercanos al oficialismo como Fox News circularon la versión de que Kent era “un conocido filtrador de información” que había sido excluido de las sesiones de inteligencia presidenciales hacía meses, y que la directora de inteligencia nacional, Tulsi Gabbard, ya planeaba despedirlo antes de que él renunciara.

El jefe antiterrorista y la fractura dentro del MAGA

Lejos de ser un hombre de escritorio, Kent es una figura de peso dentro de la política estadounidense. Su trayectoria incluye 20 años en las Fuerzas Especiales del Ejército, 11 despliegues de combate como Boina Verde y trabajo posterior en la CIA.

Su historia personal agrega una capa de gravedad a su postura. En 2019, su esposa —criptóloga de la Marina— murió en un atentado terrorista en Siria. Es alguien que conoce la guerra desde adentro y que ha pagado un precio personal por ella.

Fue confirmado en su cargo en julio de 2025 con una votación de 52 a 44 en el Senado, y era considerado uno de los mejores cuadros técnicos de la conducción gubernamental. Su cercanía con Tucker Carlson, uno de los arquitectos mediáticos del movimiento “Make America Great Again” (MAGA).

– Joe Kent (derecha) portando su uniforme. (Debajo) La publicación de Donald Trump anunciando su designación, 25 de marzo de 2025

Carlson, el influyente comunicador que fue pieza clave en la construcción del fenómeno Trump, calificó la guerra de “absolutamente repugnante y perversa” y elogió a Kent como “el hombre más valiente que conozco”. Trump respondió echándolo del movimiento: “Tucker no es MAGA. Tucker realmente no es lo suficientemente inteligente como para entenderlo”.

Marjorie Taylor Greene, exaliada incondicional de Trump, también expresó con furia su negativa a los bombardeos, especialmente tras el ataque a una escuela de niñas iraní. El congresista republicano Thomas Massie destacó que atacar Irán “no hará desaparecer los archivos de Epstein”, mezclando la postura antibelicista con el escándalo por las vinculaciones de Trump con el magnate pedófilo Jeffrey Epstein.

Asimismo, importantes consultoras y medios estadounidenses registran un clima social predominantemente adverso a la ofensiva, atravesado por dudas sobre la racionalidad estratégica de la intervención, el riesgo de escalada y sus efectos económicos: Más del 50% de los votantes rechaza la guerra con Irán y abre un frente interno para Trump.

Más del 50% de los votantes rechaza la guerra con Irán y abre un frente interno para Trump

Este quiebre tiene una lógica ideológica clara. El lado que más plantea que USA debe priorizar sus propios intereses nacionales por encima de los compromisos internacionales, propio del republicanismo, que Trump mismo construyó en 2016 con la promesa de no meterse en guerras del Medio Oriente, choca ahora frontalmente con la decisión de lanzar una nueva batalla en esa misma región, en lo que muchos de sus propios seguidores ven como una contradicción con los valores fundacionales de su gobierno.

BlackRock admitió que la agenda woke fue un “experimento desde las élites que fracasó”

El fundador, presidente y CEO de BlackRock, Larry Fink quedó en el centro del debate tras la viralización de un video que contrapone sus declaraciones actuales con expresiones que había sostenido tiempo atrás sobre diversidad, clima y responsabilidad corporativa.

En una entrevista concedida el pasado 11 de marzo de 2026 a Fox News, con el periodista Bret Baier, Fink reconoció que parte de la agenda asociada al llamado movimiento “woke”, así como a los enfoques ESG y DEI, fue llevada “demasiado lejos”.

Baier formuló la pregunta directamente: “La era woke —un experimento fallido— el ESG, el DEI, el tipo de impulso hacia eso. Cuando hablas de las cosas ahora, lo haces en un sentido práctico. Mirando atrás, ¿cómo lo ves?”

Fink respondió con una frase que rápidamente se volvió viral: “La sociedad se mueve. El péndulo se mueve todo el tiempo. ¿Creo que el péndulo hace cinco años estaba demasiado lejos? Sí. Creo que somos más pragmáticos. Personalmente, yo también soy más pragmático”.

Presionado por Baier sobre si BlackRock empujó a las empresas “un poco más a la izquierda de lo que pensaban”, Fink respondió que “nunca fue su intención” porque su labor es ser fiduciario de todos sus clientes. Sin embargo, como recordaron múltiples medios, esa afirmación contrasta directamente con sus propias palabras de hace nueve años, cuando Fink presumía de imponer estas políticas.

“Los comportamientos van a tener que cambiar y esto es lo que les pedimos a las empresas. Hay que forzar comportamientos, y en BlackRock estamos forzando comportamientos. El 54% de la clase entrante son mujeres. Añadimos cuatro puntos más en términos de empleo diverso este año. Si no alcanzas estos niveles de diversidad, tu compensación se verá afectada”, afirmó Fink, en una entrevista concedida al New York Times en 2017.

Las palabras “forzar comportamientos” resultan particularmente reveladoras. Fink no solo describía una aspiración interna de BlackRock, sino que también estaba describiendo una política que aplicaría a las empresas en cuyo capital participaba como inversor. Las compañías que no cumplieran metas de diversidad racial y de género podían ver reducido su acceso al capital más grande del mundo.

¿Qué son ESG y DEI?

Para comprender mejor es conveniente tener presentes dos siglas que suelen aparecer juntas en el debate público y empresarial. ESG (por sus iniciales en inglés de Environmental, Social and Governance), refiere a un enfoque de inversión que evalúa a las compañías no solo por su rentabilidad, sino también por su impacto ambiental, sus prácticas sociales y la calidad de su gobierno corporativo. Bajo ese esquema se consideran, entre otros factores, la reducción de emisiones, la igualdad salarial y la transparencia en la gestión.

DEI, por su parte, resume las siglas de Diversity, Equity and Inclusion y se trata de políticas corporativas orientadas a ampliar la representación de minorías raciales, de género, sexuales y de otros grupos en los espacios de trabajo. Estas iniciativas cobraron mayor impulso después de las protestas de Black Lives Matter en 2020 y pasaron a formar parte de los estándares adoptados por muchas grandes empresas estadounidenses.

En ese contexto, la expresión “agenda woke” se utiliza de manera coloquial para describir la combinación de estas políticas cuando se las interpreta como una imposición ideológica más que como una práctica auténtica.

BlackRock ejerció una influencia decisiva. Con cerca de 14 billones de dólares bajo gestión, la firma se convirtió en uno de los principales accionistas de buena parte de las mayores empresas del mundo, lo que le otorga poder de voto en las juntas para respaldar o cuestionar a sus directivos.

Desde 2018, Fink envió cartas anuales a los principales CEOs del planeta en las que instaba a adoptar metas vinculadas con ESG y DEI, bajo la advertencia de que el respaldo accionarial de BlackRock podía depender de esos compromisos.

A eso se sumó su participación en Climate Action 100+, un grupo de inversores institucionales coordinado bajo el paraguas de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) para presionar a empresas contaminantes a reducir emisiones. A través de esta plataforma, fondos que controlaban decenas de billones de dólares actuaban en bloque, y en Net-Zero Asset Managers Initiative, integró la iniciativa de llevar a cero las emisiones de carbono de sus carteras, que contaba con más de 325 signatarios que gestionaban 57.5 billones de dólares.

Este conjunto de imposiciones constituye lo que muchos llaman una operación de ingeniería social top-down, ya que no surgió de un reclamo verdadero de los consumidores o empleados, sino que fueron condicionadas desde arriba por las élites financieras que controlaban el acceso al capital.

La retirada progresiva

La marcha atrás de BlackRock no ocurrió de un día para otro. Fue un proceso gradual, impulsado tanto por la resistencia política y social como por las consecuencias financieras.

Entre 2018 y 2022, Fink consolidó desde sus cartas anuales una línea de coacción sobre los conglomerados de la firma para que adoptaran criterios ESG y políticas DEI. Sin embargo, en febrero de 2024 BlackRock retiró su rama norteamericana del grupo Climate Action 100+, alegando preocupaciones legales y sobre su independencia.

A partir de 2023, un grupo de 21 fiscales generales de estados republicanos enviaron una carta amenazando con acciones constitucionales contra BlackRock y otros 52 grandes gestores de activos, acusándolos de violar sus deberes fiduciarios al priorizar objetivos ESG sobre el rendimiento financiero. Argumentaban que BlackRock estaba usando el dinero de los jubilados para avanzar una agenda política, no para maximizar su rentabilidad.

Una encuesta de la consultora Gallup en mayo de 2023 reveló que el 40% de los estadounidenses ni siquiera conocía el término ESG, y el 48% opinaba que las consideraciones ESG debían excluirse de las decisiones de inversión en favor de factores exclusivamente financieros. Los propios usuarios e inversores de BlackRock comenzaron a cuestionar si el activismo social era compatible con el mandato de maximizar retornos.

En noviembre de 2024, Texas y 10 estados republicanos más presentaron una demanda antimonopolio contra BlackRock, Vanguard y State Street, acusándolos de coordinar la reducción de producción de carbón para crear artificialmente precios más altos. En mayo de 2025, la Comisión Federal de Comercio (FTC) y el Departamento de Justicia (DOJ) apoyaron formalmente ese reclamo.

A principios de enero del 2025, la firma abandonó la iniciativa Net-Zero Asset Managers, aludiendo a la confusión generada en torno a sus esfuerzos climáticos y a nuevas presiones jurídicas. En ese mismo giro, en febrero de 2025 eliminó sus objetivos de representación laboral ligados a DEI, fusionó esos equipos en una nueva estructura de “Talento y Cultura” y suprimió todas las referencias a DEI de su informe anual corporativo. La llegada de Donald Trump a la presidencia aceleró dramáticamente el desmontaje del aparato ESG-DEI corporativo. Con ejecutivas órdenes anti-DEI y el apoyo de la FTC y el DOJ a las demandas contra los grandes fondos, el riesgo legal de mantener estas políticas se volvió inaceptable para muchas corporaciones.

Durante marzo de 2025, la carta anual a los inversores dejó por completo las menciones a ESG, DEI y cambio climático. Ya en marzo de 2026, Fink reconoció públicamente en Fox News que el “péndulo fue demasiado lejos hace cinco años”.

La salida de BlackRock del NZAM tuvo un efecto cascada. Días después, el propio grupo NZAM suspendió sus actividades y comenzó una revisión interna, señalando que “los recientes desarrollos en EE.UU. y las diferentes expectativas regulatorias” hacían necesario repensar la iniciativa.

“El comentario de Larry de que el péndulo simplemente se fue demasiado a la izquierda es revelador, porque ÉL ES QUIEN LO EMPUJÓ ALLÍ. Solo ahora es ‘más pragmático’ porque él y el cártel Woke fueron atrapados y ahora sienten el calor de las investigaciones antimonopolio, demandas, etc”, destacó Will Hild, director ejecutivo de Consumers Research.

Las millones de personas que fueron canceladas, despedidas o señaladas como “fascistas” por cuestionar estas políticas mientras eran dominantes quedan sin reparación alguna. Fink no pidió disculpas, no reconoció daños concretos, ni tampoco asumió responsabilidad. Simplemente reencuadró el debate llamándose “pragmático” —como si el problema fuera solo el exceso de entusiasmo.

Efecto dominó

BlackRock no fue un caso aislado. La retirada del ESG y del DEI corporativo se convirtió en una tendencia extendida dentro de las grandes entidades de Estados Unidos. Meta eliminó sus programas de DEI vinculados a contratación, capacitación y selección de proveedores, y desmanteló su equipo específico en esa área.

Amazon suprimió referencias a DEI en su informe anual de 2024 y recortó secciones dedicadas a la equidad racial. Ford, por su parte, dejó de participar en el Corporate Equality Index de la Human Rights Campaign y anunció que no aplicaría cuotas para sus concesionarios. Harley-Davidson desarmó su estructura de DEI en agosto de 2024, tras una campaña de presión impulsada por el activista conservador Robby Starbuck.

A su vez, compañías como John Deere, Caterpillar, Tractor Supply, Molson Coors, Stanley y Black & Decker redujeron o directamente eliminaron sus programas de diversidad. En la misma línea, Goldman Sachs y Citigroup adoptaron medidas similares, mientras que General Motors, Intel y Disney ajustaron o retiraron sus metas DEI de los informes anuales.

Más del 50% de los votantes rechaza la guerra con Irán y abre un frente interno para Trump

Encuestas difundidas en Estados Unidos desde el comienzo de la ofensiva contra Irán configuran un escenario problemático para Donald Trump.

En lugar de producir un alineamiento automático detrás de la Casa Blanca, la intervención activó una reacción pública más bien cautelosa, cuando no abiertamente adversa, en la que convergen tres dimensiones centrales: la insuficiente legitimación política de los ataques, la percepción de que el conflicto puede derivar en una escalada prolongada y la preocupación por sus costos materiales sobre la vida cotidiana de los estadounidenses.

El primer dato estructurante es que la desaprobación supera al apoyo. La encuesta de Quinnipiac ofrece la cifra más nítida en ese sentido: el 53% de los votantes registrados desaprueba la acción militar de Estados Unidos contra Irán, frente al 40% que la aprueba. Pero ese dato adquiere mayor densidad cuando se observan sus derivaciones. El 74% rechaza el envío de tropas terrestres y el 55% no cree que Irán haya representado una amenaza militar inminente antes de la ofensiva.

– ¿Aprueba o desaprueba la forma en que Donald Trump está desempeñando su cargo como presidente?
– ¿Aprueba o desaprueba la forma en que Donald Trump está desempeñando su cargo como presidente? COMBINADO CON: (Si aprueba/desaprueba q1) ¿Aprueba/desaprueba de forma firme o moderada?

La medición de Ipsos, realizada entre el 6 y el 9 de marzo, refuerza esa lectura. Allí, el 43% desaprueba los ataques, el 29% los aprueba y el 26% permanece indeciso. Más allá de la ventaja del rechazo sobre el apoyo, hay un elemento particularmente revelador en ese bloque de datos: la magnitud del segmento que todavía no adopta una posición firme. Lejos de ser un dato marginal, ese porcentaje puede ser leído como un indicador de fragilidad narrativa por parte del gobierno. Si una intervención militar ya en curso no logra ordenar rápidamente las percepciones públicas a su favor, eso suele revelar no solo escepticismo social, sino también una dificultad oficial para estabilizar el sentido político de la operación.

– En términos generales, ¿aprueba o desaprueba los ataques militares de Estados Unidos contra Irán?

Ipsos vuelve sobre ese punto de manera explícita. Solo el 33% afirma que Trump explicó claramente los objetivos de la intervención, mientras que el 64% sostiene lo contrario. Ese desacople entre acción militar y claridad política es decisivo. En escenarios de guerra, la legitimidad pública no depende exclusivamente de la identificación de una amenaza, sino de la capacidad del poder ejecutivo para traducir el uso de la fuerza en una narrativa estratégica coherente: por qué se actúa, para lograr qué, con qué límites y bajo qué criterio de salida. Cuando esa secuencia no resulta inteligible, la intervención tiende a ser percibida como improvisada, excesiva o potencialmente abierta a una deriva indeterminada.

Ipsos, además, agrega una capa especialmente sensible para la Casa Blanca. El 42% opina que las acciones estadounidenses empeorarán la seguridad del país a largo plazo, frente al 29% que cree que la mejorarán. A eso se suma un nivel muy alto de inquietud por los costos y los riesgos de la intervención: el 73% expresa preocupación por su impacto financiero y el 86% manifiesta preocupación por los riesgos que corre el personal militar estadounidense.

– A largo plazo, ¿cree que la acción militar de Estados Unidos en Irán…? Mejorará la seguridad de Estados Unidos / Empeorará la seguridad de Estados Unidos / No tendrá mucho impacto en ningún sentido / No responde

El sondeo de CNN profundiza todavía más esa línea interpretativa. En esa encuesta, el 59% de los estadounidenses desaprueba la decisión de atacar Irán y el 41% la aprueba. A su vez, el 60% considera que Trump no tiene un plan claro para manejar la situación, el 62% cree que debería requerir autorización del Congreso para nuevas acciones militares y el 60% rechaza el envío de tropas terrestres. Estos datos exponen preocupación institucional respecto al modo en que se administra el conflicto.

La discusión, por lo tanto, remite además a la cuestión de la conducción política, la legalidad de la escalada y los límites del presidencialismo en un contexto bélico.

– ¿Cómo evalúa la decisión de Estados Unidos de tomar acción militar en Irán? / Esta acción militar hará que Irán sea: / ¿Trump tiene un plan claro para manejar la situación con Irán?

El relevamiento de Fox News introduce una variación importante, aunque no invalida la tendencia general. La opinión aparece dividida en partes iguales: 50% aprueba y 50% desaprueba la acción militar. Sin embargo, incluso dentro de ese estudio, persiste una señal de alerta para la Casa Blanca: el 51% considera que la gestión de Trump frente a Irán volvió a Estados Unidos menos seguro, mientras que solo el 29% cree que lo hizo más seguro. Esto indica que aun cuando el respaldo al ataque alcance niveles relativamente competitivos, la evaluación sobre sus efectos estratégicos sigue siendo predominantemente crítica. En otros términos, incluso en el sondeo menos adverso para el oficialismo norteamericano, la intervención no logra consolidarse como una acción percibida mayoritariamente en clave de fortalecimiento nacional.

Fox News Poll: Views are divided on US action against Iran

Iran military action divides voters 50-50 despite 61% viewing Iran as national security threat, new Fox News poll finds after Operation Epic Fury strikes began Saturday.

– Encuesta de Fox News: Las opiniones están divididas sobre la acción de Estados Unidos contra Irán

Al mismo tiempo, el rechazo a la guerra no debe confundirse con una minimización del problema iraní. Por el contrario, varias encuestas muestran que una parte considerable del electorado sigue percibiendo a Irán como una amenaza seria. Fox News detectó que el 61% de los votantes considera que Teherán representa un riesgo real para la seguridad nacional de Estados Unidos. AP-NORC, por su parte, señaló que aproximadamente la mitad de los adultos estadounidenses está muy preocupada por el programa nuclear iraní como una amenaza directa para el país. La cuestión central, entonces, no es si el electorado cree o no que Irán constituye un problema, sino si considera que la vía elegida por Trump es necesaria, proporcionada y estratégicamente sostenible. Esa distinción resulta clave: permite entender por qué la percepción de amenaza no deriva automáticamente en consentimiento bélico.

La estructura de las respuestas también exhibe una polarización partidaria muy marcada. Los republicanos respaldan mayoritariamente al presidente, mientras demócratas e independientes tienden a rechazar la ofensiva. El ya citado muestreo de Quinnipiac muestra que el 85% de los republicanos apoya la acción militar, pero entre los independientes el 60% la desaprueba. CNN, por su parte, registra que el 82% de los demócratas y el 68% de los independientes rechazan los ataques, mientras que el 77% de los republicanos los aprueban. Esto revela que la guerra no produjo un consenso patriótico transversal ni un reagrupamiento nacional en torno del Ejecutivo. Más bien quedó absorbida por la lógica de la polarización política contemporánea, en la que incluso las decisiones de política exterior y seguridad son procesadas a través de lealtades partidarias preexistentes.

Ahora bien, esa fractura no significa que todo el problema pueda leerse únicamente en clave identitaria. Para Trump, el dato realmente delicado no es tanto la fidelidad republicana, que se mantiene relativamente estable, sino la combinación entre rechazo independiente, falta de convicción entre los indecisos y temor económico transversal. Su base puede acompañarlo, pero no necesariamente alcanza para neutralizar el costo político de una intervención si esta comienza a traducirse en deterioro material perceptible. La experiencia comparada muestra que los conflictos externos se vuelven especialmente gravosos para los gobiernos cuando dejan de ser interpretados como episodios geopolíticos abstractos y se transforman en problemas domésticos (medibles en inflación, combustibles o incertidumbre económica).

Es precisamente allí donde las encuestas encienden otra alarma de peso. Quinnipiac detectó que el 74% de los votantes está muy o algo preocupado por una eventual suba del petróleo y la gasolina. Ipsos coincide en esa dirección: el 67% cree que los precios de los combustibles empeorarán durante el próximo año como consecuencia de la intervención militar y el 49% anticipa un impacto mayormente negativo en su situación financiera personal. Este punto no es accesorio.

– (Ipso) ¿Cree que la acción militar de Estados Unidos en Irán tendrá un impacto en su situación financiera personal? Sí, tendrá un impacto mayormente positivo / Sí, tendrá un impacto mayormente negativo / No, no tendrá impacto / No sabe / No responde

En la cultura política estadounidense, el precio de la gasolina funciona como un indicador cotidiano de estabilidad económica y como un termómetro inmediato del humor social.

– (Ipso) Precios de la gasolina en Estados Unidos. Mejorarán / Empeorarán / Se mantendrán igual / No sabe / No responde

De hecho, la dimensión económica del conflicto parece haber sido internalizada por una fracción amplia del electorado desde etapas muy tempranas. Eso resulta políticamente significativo porque desplaza el debate desde el terreno relativamente abstracto de la estrategia internacional hacia la esfera concreta del costo de vida. La pregunta deja de ser únicamente si Irán representa un peligro para Estados Unidos y pasa a ser cuánto costará responder a ese peligro, quién absorberá ese costo y durante cuánto tiempo.

La temporalidad prevista del conflicto constituye otro eje central del malestar. En Quinnipiac, solo una minoría imagina una resolución rápida: el 32% cree que la guerra durará meses, el 13% calcula alrededor de un año y el 26% estima que se extenderá todavía más. Ipsos, por su parte, señala que seis de cada diez estadounidenses esperan una intervención prolongada. CNN acompaña esa percepción al registrar que el 56% considera probable un conflicto militar de largo plazo entre Washington y Teherán.

Ese punto resulta especialmente sensible para Trump por razones que exceden el episodio iraní en sí mismo. Su construcción política se apoyó durante años en una crítica explícita a las guerras interminables, a los costos de la proyección militar estadounidense en el exterior y a la idea de que Washington debía priorizar sus intereses domésticos antes que involucrarse en conflictos de larga duración. Bajo esa lógica, una guerra extendida con Irán sería, además de un desafío geopolítico, una contradicción ‘doctrinaria’. Cuanto más se prolongue la intervención, más expuesta quedará la distancia entre la retórica antiintervencionista con la que Trump consolidó parte de su liderazgo y la práctica efectiva de gobierno frente a esta crisis.

– Segmento de discurso de Donald Trump, 20 de enero de 2025

En casi todos los estudios aparece, además, una percepción convergente: la administración no logró establecer con nitidez ni los objetivos de la operación ni los parámetros de su eventual cierre. Esa opacidad estratégica no constituye un problema menor. En política internacional, y especialmente en contextos bélicos, la legitimidad interna de una intervención depende en gran medida de que la sociedad pueda identificar un horizonte inteligible de medios y fines. Cuando la fuerza se ejerce sin una narrativa suficientemente precisa sobre su propósito, se intensifican las sospechas de improvisación, sobrerreacción o captura del proceso decisorio por dinámicas coyunturales antes que por una planificación racional de largo plazo.

Desde esa perspectiva, el frente que se le abrió a Trump es simultáneamente militar, político y comunicacional. Militar, porque una eventual escalada podría obligarlo a tomar decisiones cada vez más costosas y difíciles de revertir. Político, porque la mayoría de las encuestas conocidas hasta ahora no validan de manera robusta su decisión y exponen vulnerabilidades entre independientes y sectores moderados. Comunicacional, porque la Casa Blanca no logró fijar una interpretación dominante del conflicto ni desactivar la percepción de que Estados Unidos puede estar entrando en otra guerra de final incierto.

José Antonio Kast ordenó levantar barreras en la frontera de Chile con Bolivia para frenar la inmigración

El presidente de Chile, José Antonio Kast, dispuso este miércoles la construcción de “barreras físicas” en la frontera con Bolivia con el objetivo de desalentar el ingreso de migrantes irregulares, una de las principales promesas que sostuvo durante su campaña electoral.

La decisión fue anunciada durante un acto oficial realizado poco después de su asunción, en el que el mandatario firmó seis decretos iniciales, de los cuales tres estuvieron vinculados a la política migratoria.

Durante la ceremonia, Kast solicitó la colaboración de las Fuerzas Armadas para avanzar con las medidas. “Le solicito la colaboración activa en el aumento de funcionarios” y “le encomiendo también que nos colabore con la construcción de barreras físicas para detener el ingreso de la inmigración ilegal”, expresó el presidente al jefe del Ejército de Chile, Pedro Varela.

La política migratoria de José Antonio Kast

La construcción de obstáculos físicos en la frontera forma parte de una estrategia que el nuevo gobierno presentó para controlar el ingreso irregular al país.

Según cifras oficiales, actualmente 337.000 extranjeros residen en Chile sin la documentación correspondiente, un dato que el gobierno de Kast utilizó como argumento para justificar las nuevas medidas.

Durante la campaña presidencial, el líder del Partido Republicano prometió adoptar una política más dura contra la inmigración irregular, incluyendo la deportación de cerca de 340.000 migrantes, en su mayoría provenientes de Venezuela.

En ese contexto, el mandatario cuestionó la gestión anterior y aseguró que impulsará un cambio de rumbo en materia de seguridad y orden público.

“Este gobierno (por el de Boric) generó caos, desorden e inseguridad. Y nosotros vamos a ir a la inversa”, afirmó durante la campaña electoral.



*Fuente: Agencias

HUMOR por Argüelles​

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