DICIEMBRE 2021 | Se DESPLOMÓ el consumo en USD y los gastos en pesos presentaron caídas en términos reales

Tras la medida restrictiva del Banco Central para evitar perder más dólares, el consumo en moneda extranjera con tarjetas se derrumbó un 22,3% en relación con el mes anterior.
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En un intento por frenar el drenaje de reservas, el Gobierno nacional prohibió la compra de pasajes al exterior en cuotas sin interés, lo que significó durante el mes de diciembre de 2021 un derrumbe en el consumo en dólares, según los datos publicados por el Banco Central. 

La información dada a conocer por la entidad monetaria que preside Miguel Ángel Pesce, significó un desplome de 22,3%. Para las tarjetas de crédito, el saldo durante el pasado mes en dólares fue de USD 146 millones, mientras que en noviembre había alcanzado los USD 188 millones. Se trata del saldo más bajo desde septiembre de 2021, cuando alcanzó los USD 132 millones 

“Se aprecia la influencia que ha tenido la disposición que prohibió el uso de cuotas para servicios turísticos en dólares, además el recrudecimiento de los contagios puso un freno inesperado a los viajes entre países y en consecuencia bajan las operaciones en moneda extranjera con tarjetas de crédito”, sostuvo Guillermo Barbero, socio de First Capital Group

Además, los gastos con tarjeta de crédito en pesos también mostraron una contracción en términos reales. Es que si bien los consumos nominales aumentaron un 6,4%, al descontarle el efecto estacional, el BCRA calculó una baja mensual de 0,8%. 

Por otro lado, a nivel interanual, el saldo de préstamos en pesos con tarjeta se incrementó en 2021 un 41,4% en términos nominales, pero anotaron una caída de 8,4% al ajustar por estacionalidad. 

*Fuente: NexoFin


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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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