Por qué los gremialistas de Aerolíneas Argentinas BOICOTEARON el acuerdo con Pfizer

La verdadera historia de los viajes a China y Rusia, y el rol de Pablo Biró.
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10 Years Experiences

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*Por: Luis Gasulla

Varias fuentes de Aerolíneas Argentinas aseguraron que, parte de la falta de acuerdo con Pfizer, provino de la presión que ejerció el gobierno Nacional para que la aerolínea de bandera, en conjunto con la Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas (APLA) –en línea con el kirchnerismo– fuese la encargada de traer al país y distribuir a las provincias las vacunas.

No fue el único motivo por el que el gobierno argentino terminó cerrando negociaciones con Vladimir Putin por la vacuna rusa pero fue fundamental para que Pfizer comenzase a cansarse de conversar con el ministerio de Salud argentino.

Es que el gremio de APLA –Asociación de Pilotos de Líneas Aéreas- puso como condición al gobierno de Alberto Fernández que las vacunas llegasen al país por Aerolíneas Argentinas. Los norteamericanos no querían saber nada al respecto pues, históricamente, trabajan con DHL. Se trata de la empresa de paquetería más importante a nivel mundial cuya sede principal opera en Alemania. Nacida en San Francisco, Estados Unidos, en 1969, ofrecen el sistema más seguro y económico para envíos de mercaderías de estas características. Biró y sus socios en el monopolio de Aerolíneas no quisieron escuchar razones y se adueñaron de un negocio que implica un aumento del presupuesto en horas extras para el personal en un año, el que se va, en que los sueldos de los pilotos y el personal de la empresa, perdió contra la inflación.

Se trata de una de las condiciones “inaceptables” de las que habló el ministro Ginés González García cuando criticó los pedidos del gigante de los laboratorios farmacéuticos.

El show de la vacuna

Una de las primeras imágenes que se conoció del regreso del avión de Aerolíneas con las 300 mil dosis de la vacuna rusa, desde Moscú, fue la del llanto de la azafata Mónica Herreros de 41 años dentro de la empresa, emocionada por la “hazaña”. La azafata del llanto es oriunda de Corrientes, nació en la capital, y vivió en el barrio Berón de Astrada. En una entrevista reciente a El Litoral, Herreros comentó: “Yo salí de Camba Punta (hoy el aeropuerto Gobernador Fernando Piragine Niveyro) con muchas emociones e ilusiones que es con las mismas ilusiones con la que realicé este viaje a Rusia”. En la misma entrevista, Herreros contó que pudo conversar con el presidente Alberto Fernández, mediante una entrevista que brindó a un medio de Buenos Aires. “Nos cruzaron al aire y el Presidente nos dedicó de su tiempo y nos agradeció por traer las vacunas, que son una esperanza para todos”. Herreros aseguró que no tiene nexos con el gobierno Nacional. Pero si a los hechos, y al “relato kirchnerista” nos basamos, no todo lo que reluce es oro.

Herreros está casada con José “Pepe” Ángel Faggiolani, excomandante de Aerolíneas Argentinas (A340-200), ex gerente de Operaciones de la compañía (durante la gestión Mariano Recalde, pero más precisamente desde fines de 2011) y nexo con APLA. Tras las elecciones presidenciales del 2019, su nombre se había instalado como posible titular de la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC). Y no era de extrañar. Es que Faggiolani es nativo de Santa Cruz. Su estrecho vínculo con la vicepresidente, Cristina Fernández de Kircher, data de la época de Néstor Kirchner; porque fueron compañeros de secundaria.

Faggiolani fue cómplice de encubrir un hecho de corrupción en Aerolíneas Argentinas, durante la gestión de Mariano Recalde, durante 2009. En aquel entonces, la empresa estatal perdía millones de pesos por día y se avecinaba un nuevo escándalo. La aerolínea de bandera había gastado una fortuna (en dólares) para que 15 pilotos, junto a sus esposas o pareja, viajasen a Nueva Zelanda, con el objetivo de entrenar en un simulador de vuelo. El problema radicó en que en Ezeiza existía uno exactamente igual. ¿El responsable? Daniel Biró, hermano de Pablo Biró, quien está al frente de APLA. Tras los acontecimientos narrados, se pidió que Daniel Biró sea separado de sus funciones. Obviamente eso no iba a suceder. Nunca. Las amenazas de paros, por parte de APLA, sumado a un fuerte comunicado del gremio, firmado entre otros por Faggiolani, apoyando al dirigente hicieron que todo quede entre bambalinas. Nada sucudió.

A Herreros y Faggiolani no solo los une el “amor”. Juntos conformaron una sociedad de responsabilidad limitada (SRL), denominada “Kape Aike SRL”, según consta en el Boletín Oficial de la República Argentina (BORA) del 4 de abril de 2016 (aunque la empresa fue creada en 2004). El domicilio registrado en Migueletes 1.054, piso n°25, departamento “B”, de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA). Ambos declararon que el objeto de la compañía es la “explotación del turismo en todos sus aspectos […]”. Herreros figura como socia gerente.

Además, Herreros conformó otra sociedad en 2010, con Silvia Liliana Herreros, denominada “Punta Pecarita SA”, según consta en el BORA del martes 27 de abril de 2010. El domicilio registrado es Maipú 464, piso n°4, unidad n°99, de la CABA. El objeto de la sociedad anónima es: “construcción, refacción, y remodelación de obras públicas o privadas; compra, venta, permuta, locación y explotación de inmuebles urbanos o rurales; prestación de todo tipo de servicios inmobiliarios y relacionados a la construcción”. Mónica Herreros es la presidente y Silvia Herreros la directora suplente.

Faggiolani, en una entrevista a Radio Nacional el 16 de abril de 2020, confesó: “Me hubieste gustado sumarme a este vuelo”. Además, expresó que era casi una “operación militar”. Ambas declaraciones con respecto al primer viaje a Shangai, China. En ese viaje, y según fuentes oficiales, se trajeron 13 toneladas de insumos críticos compuestos por material sanitario y de protección, para las tareas de prevención contra el Coronavirus. Faggiolani se comunicó con el piloto antes de partir para agradecerle muchísimo lo que estaban haciendo por el país y le deseó muchísima suerte para el viaje. El vuelo que partió desde el aeropuerto de Ezeiza, con una escala técnica en Auckland, Nueva Zelanda, para finalmente aterrizar en Shangai, trajo de regreso los insumos, pero, según fuentes de la compañía, ningún respirador y, además, regresaron con papel moneda.

A China viajaron Eduardo Ravera, Juan Pablo Mazzieri, Fernando Carrea, Miguel Ángel Dimoulas, Víctor Saavedra, Eduardo García, Guillermo Masnata, Nicholas Daich, Guillermo Granada, Víctor Mantello, José María Aguer y el infaltable Pablo Biró en persona. En Moscú, la bolilla del sorteo les volvió a tocar a Ravera, Mazzieri, Rossi, García y, nuevamente, Biró. Los videos exclusivos que subió a sus redes sociales una conductora de C5N, desde la cabina, aparecía el piloto militante Mazzieri. En las redes sociales de la tripulación se observa que la militancia garpa bien.

En la “Operación Moscú”, previo a la Nochebuena del 2020, Aerolíneas sumó 18 personas a su tripulación. Periodismo y Punto accedió a los listados de los tres comandantes, seis copilotos, dos comisarios, un jefe de cabina y seis auxiliares entre ellos la “emocionada” azafata Herrero que pisaron suelo soviético. El listado fue diseñado por el sindicalista Pablo Biró en persona, lo que postergó unas eternas horas que demoraron el viaje hacia las tierras de Putin.

Entre los que participaron del operativo se encontró un equipo técnico del canal de Cristóbal López y Fabián De Souza –una suerte de Televisión Pública “privada”-. Un detalle peculiar es que uno de los pilotos apareció en cámara con unas medias con el logo de esa emisora –C5N-. Militancia al palo. No sólo se hicieron barbijos para la posteridad para recordar la fecha de la “hazaña” sino también medias con el logo del canal de la Venganza. Aprendices de Guillermo Moreno y sus globos con “Clarín Miente” en el INDEC del 2008.

*Fuente: Periodismo y Punto


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La deuda de la obra social de las Fuerzas Armadas superó los $213.000 millones

La deuda de la Obra Social de las Fuerzas Armadas (OSFA) y la Obra Social de las Fuerzas Federales de Seguridad (OSFFESEG) ya trepa a $213.902.225.670 y abrió un nuevo conflicto entre Defensa y Seguridad. Ambas carteras se disputan quién debe hacerse cargo del pasivo de la obra social militar.

La definición parece haber superado el plano técnico y ahora queda en manos del presidente Javier Milei, en su rol de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas.

El cierre del Instituto de Obra Social de las Fuerzas Armadas y de Seguridad (IOSFA), la obra social que anteriormente reunía bajo una misma estructura a las Fuerzas Armadas y de Seguridad, quedó trabado por una deuda de unos US$145 millones, de la cual el 65% corresponde a aportes impagos de Gendarmería y Prefectura, y ni el Ministerio de Defensa ni el de Seguridad quieren asumir el costo.

Todo comenzó en febrero de 2026, cuando Milei firmó el DNU 88/2026, que ordenó disolver el IOSFA —creado en 2013— y reemplazarlo por dos entidades separadas. Entre ellas OSFA, bajo Defensa (para Ejército, Armada, Fuerza Aérea y sus familias) y la OSFFESEG administrado por el Ministerio de Seguridad Nacional, (para Gendarmería y Prefectura). La medida buscaba resolver el “desequilibrio financiero persistente” que arrastraba el organismo por la suba de costos médicos y la heterogeneidad de su padrón, que llegó a tener 575.000 afiliados de las cinco fuerzas combinadas.

El decreto fijó un período de transición de hasta 365 días, designó como administrador al coronel mayor retirado Ariel Guzmán, nombrado por Defensa para gestionar el cierre, y creó una Comisión Ad Hoc con representantes de Defensa, Seguridad, Salud, Economía y la Sindicatura General de la Nación (SIGEN) para supervisar el proceso. Crucialmente, el artículo 12 del decreto dejó pendiente definir “el proceso para la cancelación de los pasivos” del IOSFA, sin resolver quién pagaría.

El núcleo del conflicto sería concretamente una cuenta pendiente por contribuciones patronales impagas que Gendarmería mantiene desde 2017, de acuerdo con el propio decreto 637/2013 que regulaba esos aportes. En abril de 2026, cuando la Comisión Ad Hoc empezó a reunirse, Guzmán detectó expedientes heredados de la gestión anterior del IOSFA que reclamaban esa deuda histórica de las Fuerzas Armadas y de Seguridad, que entonces rondaba los $212.000 millones.

Ariel Guzmán, designado administrador para la etapa de liquidación de IOSFA

Ahí se produjo la primera divergencia real, siendo que el Ejército, la Armada y la Fuerza Aérea cancelaron su parte usando fondos del inciso 1 (partida de sueldos del personal militar), lo que permitió al ex IOSFA pagar deudas atrasadas a prestadores médicos, por ejemplo unos $1.999 millones a proveedores de Tucumán. Gendarmería y Prefectura, en cambio, se negaron a saldar la suya, que a fines de abril ya alcanzaba los $101.692.401.866 solo por parte de Gendarmería.

El crecimiento hasta julio de 2026

Cinco meses después de la primera reunión de la Comisión Ad Hoc en abril, y tras la quinta reunión, el panorama no mejoró en absoluto. La deuda consolidada creció a $213.902.225.670, con $139.057.260.804 correspondientes exclusivamente a las contribuciones impagas de Gendarmería y Prefectura. El representante de Seguridad, Fernando Domínguez, volvió a decir en la reunión que su ministerio “no dispone de los recursos” para afrontar esa obligación, repitiendo la misma negativa de meses anteriores.

Esto llevó a Guzmán a elevar un informe al ministro de Defensa Carlos Presti donde reconoció el fracaso de la instancia técnica. Él afirmó en el escrito que “no se ha podido avanzar en la concreción de un plan para cancelar la [deuda]” y que “este tema deberá plantearse en otras instancias decisorias para su conocimiento e intervención” — es decir, admite que la comisión fracasó, que ya no puede resolverlo y que la decisión pasa a un nivel político superior.

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El propio esquema institucional explicaría por qué el hecho sube tan alto en la jerarquía gubernamental. OSFA depende de Defensa y OSFFESEG de Seguridad, pero ambas nacieron del mismo decreto presidencial, y es el propio Poder Ejecutivo quien debe “instrumentar las medidas necesarias” para cancelar los pasivos que tenía IOSFA, según el artículo 12 del DNU 88/2026.

Como ningún ministerio (Defensa ya pagó lo suyo, Seguridad no puede o no quiere) resuelve el diferendo, y la Comisión Ad Hoc —integrada también por representantes de Economía, Salud y SIGEN— se declaró sobrepasada, la resolución final depende de una decisión presidencial que autorice una partida extraordinaria de recursos.

La particularidad es que el propio Estado nacional aparece simultáneamente como acreedor (a través del ex IOSFA, que reclama la deuda) y deudor (porque Gendarmería y Prefectura, fuerzas federales bajo su propio paraguas, son las morosas). Sin esa definición clara, el riesgo es que la liquidación se convierta en un proceso interminable, con proveedores médicos impagos, litigios judiciales y deterioro de la cobertura sanitaria tanto de militares como de gendarmes y prefectos por un tiempo indeterminado.

La situación parece no encontrar solución, ya que casi dos tercios del endeudamiento financiero de una obra social ya disuelta recaen sobre fuerzas de seguridad que dependen de una cartera —Seguridad Nacional, a cargo de Alejandra Monteoliva— que asegura no tener presupuesto para afrontarlo.

Dinero venezolano para la campaña de CFK: a 19 años del ingreso de las valijas de Antonini Wilson

El día 4 de agosto de 2007, una valija conteniendo casi 800 mil dólares ingresó al país a través del Aeroparque Jorge Newbery de la Ciudad de Buenos Aires. La negativa a dejarla pasar por parte de una agente de la PSA sería el comienzo de una pesadilla para el saliente Gobierno del presidente Néstor Kirchner y el entrante de su esposa, Cristina Fernández.

Pero empecemos por el final de la historia, para poder entender la trama. El miércoles 12 de diciembre de 2007, gracias a la detención de cinco ciudadanos venezolanos en territorio norteamericano (*), se supo que ese dinero estaba destinado a apoyar la campaña electoral de la otrora primera mandataria. Así lo contó el periodista Gerardo Reyes en el diario de Miami El Nuevo Herald: “Los $800,000 que contenía la valija confiscada al empresario venezolano-americano Guido Alejandro Antonini Wilson en Buenos Aires el pasado agosto estaban destinados a la campaña electoral de la actual presidenta de Argentina, Cristina Fernández de Kirchner, según se reveló en una corte federal de Miami. De acuerdo con una denuncia criminal, el gobierno de Venezuela, a través de cinco individuos acusados el miércoles por espionaje, trató de presionar a Antonini para que no revelara que el dinero salió de las arcas de ese gobierno y que la beneficiada sería la campaña presidencial de Fernández”.

Y añade: “‘El dinero estaba destinado a la campaña de Cristina Kirchner’, dijo el fiscal adjunto Thomas Mulvihill. ‘Estos acusados recibieron instrucciones de mantener bajo el perfil de Venezuela’. A cambio del silencio de Antonini, Venezuela cubriría todos los gastos en que incurría por la acusación pendiente en Argentina, donde el empresario fue acusado de contrabando”.

La acusación menciona como parte de la conspiración para presionar a Antonini a la vicepresidencia de Venezuela y a la Dirección de los Servicios de Inteligencia Policiales (Disip), a la cual pertenece —como veremos más adelante— uno de los personajes clave de esta trama y que jamás ha sido mencionado en los medios de información.

Lo interesante del asunto es que, dos de los cinco arrestados en diciembre 2007 fueron testaferros del chavismo y supuestos “empresarios petroleros”, se trata de los venezolanos Carlos Kaufman, de 35 años, y Franklin Durán, de 40, conocidos de Antonini Wilson. Ambos estaban en Miami en medio de un batalla civil para recuperar unos $7 millones que les fueron congelados en un banco local y aprovecharon para presionar —amenazas mediante— a Antonini Wilson para que no hablara del destino de la millonaria valija incautada.

Manotazos de ahogado

No bien se supo que Antonini Wilson había revelado el real destino de la valija venezolana, los principales funcionarios argentinos salieron a tratar de defender a la ex primera dama. En realidad hablaron sólo los alcahuetes de siempre, Alberto y Aníbal Fernández, quienes aseguraron que la acusación se trataba de una “locura” y una “canallada”, respectivamente. Luego, la presidente iría aún más allá al asegurar que todo se trató de una “operación basura” para perjudicarla.

Lo cierto es que en aquellas horas la preocupación oficial era mayúscula, no sólo porque la acusación norteamericana era real y había pruebas de ello, sino porque empezaron a revelarse los negocios entre Argentina y Venezuela y el ingreso de otras valijas que sí llegaron a destino, enviadas también para la campaña electoral del kirchnerismo.

El dato se corroboró con el paso del tiempo: hubo más de diez viajes hechos por Antonini Wilson similares al del 4 de agosto, en los cuales se presume que vinieron valijas con montos similares al incautado. El dato surgió de la mismísima Dirección Nacional de Migraciones que ¿casualmente? dependía en ese momento de Aníbal Fernández.

El 11 de septiembre de 2007, Tribuna de Periodistas publicó parte de esta trama y anticipó antes que nadie la eventual colaboración de Antonini Wilson con la Justicia norteamericana. Así se  comentó entonces: “Las fuentes señalan además que Antonini, en un total de 15 viajes, transportaba dinero en forma regular hacia Argentina, Bolivia y Uruguay, todos con el supuesto objetivo de comprar e influenciar de forma corrupta a los gobiernos de los tres países. Según habría investigado la organización World Check, la fuente de estos fondos ilícitos parecería surgir de una combinación de ganancias por venta de drogas y desvíos ilegales de fondos de la petrolera PDVSA. El FBI ha investigado a Antonini Wilson, y se cree posible que éste se haya librado de ser sometido a juicio por delitos cometidos en Estados Unidos a cambio de información. El carácter de esa información es lo que seguramente preocupa a los gobiernos argentino y venezolano”.

Todos los hombres de Chávez

Más allá de los nombres publicados en aquellos días, no todos los responsables han sido mencionados y mucho menos investigados. Por caso, el noveno pasajero del vuelo que ingresó al país la valija maldita ha sido pasado por alto por los principales medios de información vernáculos. Se trata de Luis Avilán Díaz, un importante miembro del Gobierno de Chávez. El 10 de agosto de 2007 cuando el escándalo aún estaba fresco y ocupaba pocas líneas en los medios de comunicación, Tribuna de periodistas publicó en exclusiva la participación de este personaje y su foto“el hombre del maletín ya estaría identificado: se trata de un miembro activo de la Guardia Nacional de Venezuela… Al respecto, las fuentes venezolanas indican que es la fuerza armada de mayor confianza de Hugo Chávez, y han señalado que en la actualidad viene actuando como ‘una mafia dedicada a transportar dinero a los países ‘amigos’ del presidente’… Más aún, se ha informado que el hombre del maletín es un comando de Chávez para transportar dinero en efectivo para sus aliados en su proyecto político internacional (…) Podría tratarse de Luis Enrique Avilán Díaz, quien forma parte de la DISIP (Dirección de los Servicios de Inteligencia y Prevención), el organismo de inteligencia de Hugo Chávez que en el año 2000 contaba con 2.2l2 y aumentó la cantidad de los mismos en 3.057, ya que en este año 2007 cuenta con 5.269 agentes”.

— Julio César Avilán Díaz (Foto revelada en exclusiva por Tribuna de Periodistas el 10 de agosto de 2007)

Horas después de la publicación del artículo mencionado, organismos de Inteligencia solicitaron colaboración a este periódico y comenzaron a investigar la línea sugerida por Tribuna, especialmente en lo referido a Avilán Díaz, a quien se sindicó como el pasajero no registrado que se unió a los tres funcionarios argentinos y cinco venezolanos que viajaron desde Caracas a Buenos Aires en el Cessna Citation matrícula N5113S de la compañía Royal Class.

La ruta del dinero

Uno de los puntos más importantes en cualquier investigación periodística es el camino del dinero. Muchas veces, el hecho de seguir el rastro “dinerario” en un caso de corrupción, permite al hombre de prensa acercarse a la evidencia “material”. Este escándalo no es la excepción.

Si se sigue el recorrido de los dólares que ingresaron al país, podrá apreciarse que el destino final ha sido para las arcas del otrora matrimonio presidencial. El 26 de agosto de 2007, por caso, la ruta fue detallada por este medio de la siguiente manera:

Los casi U$S 800.000 tenían un destino inequívoco: la financiera Pasamar SA ubicada en la calle San Martín 580 1º A, autorizada a través del legajo 295 por la Secretaría de Turismo para operar en plaza y con el antecedente de aparecer en el lapidario informe que la Comisión Especial sobre Lavado de Dinero de la Cámara de Diputados confeccionó en el año 2001.

Lo cierto es que, desde Pasamar,el dinero iba a ser reenviado al banco Credit Suisse First Boston, que a su vez lo reenviaría a Suiza, en una operación coordinada por el hombre que viene oficiando de “nexo”, Carlos Germán, y a quien los “valijeros” suelen llamar a su teléfono directo (4322-50…) desde que empezaron a llegar al país las maletas con dinero.

Un dato no menor: en el Credit Suisse reposan los 654 millones de dólares —que hoy superan los 1.000 millones— que el entonces gobernador Néstor Kirchner recibió en abril de 2003 y que son producto de regalías por la privatización de YPF.

El artículo de marras fue oportunamente traducido al inglés y publicado por un importante diario de Estados Unidos, lo cual provocó el consecuente interés de la Justicia de ese país

(*) Tres de los cinco fueron: a) Guido Alejandro Antonini Wilson, venezolano, 46 años de edad, nacido el 8 de abril de 1961, empreasrio, titular de la cédula de Identidad de Venezuela Nº 8.579.325, hijo de Guido Antonini y María Luisa Wilson, casado con Jaqueline Regnault.

b) Franklin Deivis Durán Guerrero, venezolano, 40 años de edad, nacido el 11 de septiembre de 1967, empresario, titular de la Cédula de Identidad de Venezuela Nº 7.927.630.

c) Carlos Eduardo Kauffmann Ramirez, venezolano, 36 años de edad, nacido el 30 de diciembre de 1971, empresario, titular de la Cédula de Identidad de Venezuela Nº 10.337.600.

*Por Christian Sanz – Tribuna de Periodistas

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