Una jueza de la ONU experta en derechos humanos fue condenada por esclavizar a una empleada doméstica

El Tribunal del Reino Unido impuso 6 años y 4 meses a Lydia Mugambe por tráfico y trabajo forzado. La sentencia demostró que la acusada se valió de su posición para someter y amenazar a la víctima.
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Lydia Mugambe Ssali, magistrada del Tribunal Superior de Uganda y jueza del Mecanismo Residual Internacional de los Tribunales Penales de la ONU (IRMCT), fue condenada en el Reino Unido a seis años y cuatro meses de prisión por delitos relacionados con mantener en condiciones de “esclavitud” a una empleada doméstica.

Según el veredicto, mientras cursaba un doctorado en la Universidad de Oxford, Mugambe introdujo en el Reino Unido a una joven compatriota con promesas falsas y la mantuvo trabajando en condiciones de servidumbre sin ningún tipo de remuneración. Además, el tribunal determinó que la acusada participó en una conspiración para silenciar a la víctima usando sus influencias luego de conocerse el hecho.

Antes de su arresto, Mugambe tenía un currículum impresionante que parecía hacerla emblema de justicia e integridad. Era licenciada en Derecho por la Universidad Makerere en Uganda, tenía un máster de la Universidad de Pretoria en Sudáfrica, y fue magistrada de alto rango en Uganda entre 2000 y 2005. Trabajó durante años en el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, un organismo de las Naciones Unidas que enjuiciaba crímenes de lesa humanidad, incluyendo genocidio. Fue jueza del Tribunal Superior de Uganda desde 2013 hasta 2020, e incluso sirvió como Inspectora General del Gobierno entre 2020 y 2022.

Su fallo más célebre fue en 2017, cuando condenó al Hospital Nacional Mulago por la negligencia en la desaparición de un bebé recién nacido. Este fallo fue aclamado internacionalmente como un hito en la protección de sectores vulnerables, y la sentencia de 85 millones de chelines ugandeses (aproximadamente 24.000 dólares) fue considerada revolucionaria. También fue académica del Instituto de Derechos Humanos de Columbia University y miembro del Centro de Derechos Humanos de Oxford. En mayo de 2023, el Secretario General de las Naciones Unidas la nombró jueza del Mecanismo Residual Internacional para los Tribunales Penales, el organismo que mantiene las funciones de los tribunales para crímenes de guerra en la antigua Yugoslavia y Ruanda.

Sin embargo, mientras mantenía esta impecable fachada profesional, Mugambe ejecutaba un plan deliberado y sofisticado para traficar y esclavizar a una joven ugandesa. El esquema funcionó con la colaboración de John Leonard Mugerwa, exvicecomisionado ugandés en el Reino Unido, que tenía estatus de inmunidad diplomática. Mugerwa emitió un certificado de patrocinio falsificado que presentaba a la víctima como empleada doméstica privada en su residencia oficial londinense, con un falso salario prometido de 1.200 libras mensuales. Este fue un esquema sistematizado, ya que tanto Mugambe y Mugerwa sabían que la mujer trabajaría en condiciones de servidumbre, aprovechando un sistema de visas para trabajadores domésticos que es notoriamente vulnerable al abuso.

Una vez que la víctima llegó al Aeropuerto de Heathrow, Mugambe la recogió personalmente. Lo que vino después fue una pesadilla; le confiscó el pasaporte y el teléfono, la aisló completamente y la obligó a trabajar desde las 5 de la mañana hasta las 10 de la noche cada día, haciendo labores domésticas y cuidando a los hijos de Mugambe. La joven no recibió ningún salario. Mugambe también le impedía que consiguiera un empleo remunerado estable, manteniendo su dependencia total.

La víctima vivió en lo que describió como “miedo casi constante”. La joven sabía que Mugambe era una figura de gran poder en Uganda, lo que creaba una asimetría de poder casi absoluta. Durante la investigación inicial de la policía, Mugambe llegó incluso a amenazar a la víctima con quemar sus documentos y reportarla como inmigrante ilegal, intensificando su control psicológico.

Lo más inquietante es que hoy, tras la condena de Mugambe, la víctima no se atreve a regresar a Uganda por temor a represalias. En su declaración escrita al tribunal, expresó su terror de que nunca más verá a su madre debido a la influencia que Mugambe aún mantiene en su país.

El tribunal concluyó que esos actos no fueron incidentes aislados sino la materialización de delitos tipificados bajo la ley de esclavitud moderna. Entre ellos, facilitar el viaje con intención de explotación, provocar una vulneración de las normas migratorias, obligar a un individuo a realizar trabajo forzado y conspirar para intimidar a testigos. La sentencia impuesta sentenció cómo la acusada “se aprovechó de la vulnerabilidad de la víctima y de su propia condición social.”

Lo que probablemente más impactó fue que Mugambe nunca mostró ningún remordimiento durante el proceso. El juez David Foxton, al sentenciar, destacó su profunda tristeza al reconocer los logros profesionales de Mugambe, pero subrayando que ella “se aprovechó de su estatus de la manera más agraviante”. Además, Mugambe intentó culpabilizar a la víctima por lo sucedido e incluso cuando fue arrestada por oficiales del Valle del Támesis en febrero de 2023, Mugambe fue grabada diciendo: “Soy jueza en mi país, tengo incluso inmunidad. No soy una criminal”. Las Naciones Unidas posteriormente revocaron su inmunidad diplomática para permitir que los procedimientos legales avanzaran.

El 2 de mayo de 2025 se pronunció la sentencia final y el pago de más de £12.000 en compensación a la víctima. El Mecanismo Residual de los Tribunales Penales de la ONU suspendió su participación y, posteriormente, retiró formalmente su designación. Por su parte, Mugerwa, fue objeto de investigación, pero el gobierno de Uganda se negó a renunciar a su inmunidad diplomática, lo que impidió que fuese procesado en el Reino Unido.

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Ronald Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial, el principal interesado y promotor de la invasión de Trump a Groenlandia

Un capítulo más al caso Groenlandia. ¿Por qué EEUU está tan interesado en dicho territorio?, ¿de dónde viene ese interés?, ¿qué es lo que le motivó a Trump para ser tan incisivo con ese punto estratégico en geopolítica? Se van dando a conocer detalles de todo este proceso y la última revelación es sintomática. La de cómo Trump retomó la idea de hacerse en propiedad con Groenlandia fuera como fuera…

Ese interés histórico lo retomó EEUU en 2018 bajo el primer mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. Y lo ha vuelto a hacer ahora en el segundo, pero ya adentrándose totalmente en el asunto en cuestión.

Según han revelado John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Donald Trump se vio influenciado por un amigo. El multimillonario heredero del imperio cosmético Estée Lauder y Presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder, que le metió en la cabeza esa obsesión.

De hecho, las manifestaciones de Bolton a The Guardian han llamado la atención. Porque, según señala, un día le convocaron al Despacho Oval para hablar de una “nueva idea”. “Un conocido empresario había sugerido que EEUU comprara Groenlandia”, explicó. Ese era Ronald Lauder. Y todo bajo el concepto de tener el control estratégico, económico y político de Washington en una región clave.

Y Lauder añadió alternativas para reforzar la influencia estadounidense sin necesidad de comprar el territorio, como la firma de “un nuevo acuerdo trilateral con Groenlandia y Dinamarca para formalizar la cooperación en el Ártico”.

Así se empezó a trazar esta vía

Bolton indicó que llegó a discutir directamente con él la posibilidad de captar Groenlandia y que un equipo de la Casa Blanca empezó a explorar fórmulas para aumentar la influencia estadounidense en el territorio ártico bajo soberanía de Dinamarca. Incluso se plantearon cambiarlo por Puerto Rico.

Esta ambición de Trump se basa en la idea que le metió en la cabeza su amigo Ronald. “El concepto de Groenlandia de Trump nunca fue absurdo; fue estratégico”, llegó a escribir este último en un artículo de opinión en The New York Post hace un año.

Trump-Ronald Lauder: ¿de dónde viene ese vínculo?

Son amigos de toda la vida. Tanto Donald Trump como Ronald Lauder llevan haciendo migas desde hace más de seis décadas que se conocen y forjaron una gran amistad. Los dos cursaron estudios en la Wharton School of Business.

Pero es que además, Ronald ha estado siempre muy vinculado al ideario político de Trump. De hecho, ha sido un importante donante del Partido Republicano y también de causas conservadoras. Llegó a donar cinco millones de dólares a MAGA Inc., el comité de acción política que respalda a Trump.


*Fuente: The Guardian

DELIRIO WOKE: Concejales veganos consiguieron prohibir la publicidad de carne en Ámsterdam

La capital de Países Bajos prohibió la publicidad de la carne y de otros productos considerados “de alto impacto climático” en espacios públicos a partir del 1° de mayo. La medida alcanzó a soportes como vallas publicitarias y marquesinas de colectivos, y apuntó a vetar la promoción en la calle de productos como la carne, los viajes aéreos y los automóviles motorizados con combustibles fósiles.

La decisión se originó tras la presentación de un proyecto de ley redactado por concejales del Partido por los Animales y el Partido Verde/Izquierda. El consejo municipal local aprobó la ordenanza con el respaldo de 27 de los 45 escaños.

Según lo informado, la prohibición no se aplicó a la comunicación comercial dentro de los establecimientos: los comercios pudieron seguir anunciando sus productos en el interior de sus propios locales. La ordenanza se enmarcó en una estrategia municipal ligada “al cambio climático y a la promoción de patrones de consumo con menor impacto ambiental”. 

La iniciativa fue valorada por el veganismo internacional, uno de los brazos fuertes del comunismo. Joey Cramer, director de ProVeg en Países Bajos, afirmó: “Sabemos que la mayoría de las emisiones de carbono en el sistema alimentario provienen de la producción de carne, por lo que tiene sentido que Ámsterdam restrinja la publicidad de la carne como parte de su estrategia para promover el cambio del sistema alimentario”.

Desde ProVeg España, su directora de comunicación, Verónica Larco, celebró la restricción ya que “sienta un buen precedente y un ejemplo a seguir, donde las medidas políticas respaldan los objetivos climáticos y de salud a corto y largo plazo”.

Además de la carne, la ordenanza de Ámsterdam incluyó la restricción de anuncios de combustibles fósiles, vuelos, cruceros y vehículos de gasolina, y consolidó en una normativa municipal limitaciones que hasta ese momento se habían aplicado mediante acuerdos voluntarios con anunciantes. 

HUMOR por Argüelles

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