El candidato de izquierda Yamandú Orsi fue electo presidente de Uruguay
Este domingo, Yamandú Orsi, del Frente Amplio, ganó la segunda vuelta presidencial en Uruguay con el 49% de los votos, derrotando al oficialista Álvaro Delgado. La izquierda vuelve al poder tras su etapa de 2005 a 2020.
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La dupla Yamandú Orsi-Carolina Cosse alcanzó la victoria en estas elecciones, en la que contaron con el respaldo de “Pepe” Mujica, líder del Movimiento de Participación Popular (MPP) y uno de los dirigentes más populares del país. El presidente electo, nacido en el departamento de Canelones y profesor de historia, anteriormente fue intendente de Canelones, entre 2015 y 2024 cuando renunció para dedicarse a la campaña presidencial.
En esta ocasión el gobierno electo no contará con mayoría parlamentaria. La izquierda cuenta con 16 senadores, pero tiene 48 diputados y necesita 50 para lograr una mayoría que apruebe los proyectos de ley.Por lo tanto el gobierno tendrá que entablar un diálogo con la oposición para lograr pasar las propuestas que tenga para el país oriental.
Desde Cancillería Argentina, alrededor de las 10 de la noche de ayer, se emitió un comunicado felicitando al candidato ganador, y ratificando el compromiso de trabajar con Uruguay para fortalecer la agenda en común y garantizar el bienestar de ambos países.
Por su parte, el presidente electo Orsi dialogó esta mañana con Radio Mitre, y allí dejó en claro que más allá de las diferencias filosóficas que pueden haber con la administración de Milei, la relación entre ambos países se debe construir desde “el sentido común”. “La relación con Argentina tiene que ser muy buena, no tenemos otra chance”, manifestó en este sentido, en donde también destacó la actitud del gobierno argentino actual de permitir el dragado del Río de la Plata para realizar obras en el puerto de Montevideo.
Además, puso como ejemplo las protestas por las plantas de celulosas sobre el río Uruguay, que llevó al corte de los puentes que unen ambos países y numerosas protestas. A pesar de que gobernaban partidos afines ideológicamente, como el Kirchnerismo y el Frente Amplio, las tensiones y disputas estuvieron igual. Este ejemplo pone de manifiesto que la afinidad ideológica no te garantiza que no puedan haber diferencias. Y que sí puede haber diálogo y buena relación entre ambas administraciones a pesar de las discrepancias, en una clara señal de pragmatismo internacional.
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Las cinco fuerzas federales de seguridad convocaron una protesta conjunta para el 2 de abril en reclamo por los bajos salarios y el empeoramiento de sus condiciones laborales. La manifestación consistirá en un abrazo solidario al Edificio Centinela, sede central de la Gendarmería Nacional en el barrio porteño de Retiro (Capital Federal), y reunirá, por primera vez en la historia, a integrantes de la Policía Federal Argentina, la Gendarmería Nacional, la Prefectura Naval Argentina, la Policía de Seguridad Aeroportuaria y el Servicio Penitenciario Federal.
La convocatoria se fijó para las 11 e incluyó también a familiares y allegados de los efectivos. La elección de la fecha incorporó, además, una dimensión simbólica, ya que coincidió con el aniversario número 44 del inicio de la Guerra de Malvinas.
El eje principal del reclamo estuvo vinculado con la cuestión salarial. Los uniformados denunciaron que el último aumento se otorgó a fines de 2025 y advirtieron que, en numerosos casos, los haberes quedaron por debajo de la línea de pobreza. Ese desfasaje los obligó a buscar ingresos complementarios, ya fuera mediante horas adicionales por fuera de la jornada habitual o a través de trabajos extra, como manejar un Uber, para sostener la economía doméstica.
En ese marco, dentro de las propias fuerzas se subrayó una contradicción entre la narrativa oficial y la experiencia concreta de los agentes. Mientras el Gobierno sostuvo que busca “cuidar a quienes nos cuidan”, los efectivos afirmaron que los salarios y las condiciones laborales se deterioraron de manera progresiva.
A la crisis salarial se sumó el conflicto por la cobertura médica. La situación de la obra social Iosfa se convirtió en otro de los principales focos de malestar entre los uniformados. De acuerdo con las informaciones difundidas, la entidad acumuló una deuda millonaria, recortó prestaciones y redujo la entrega de medicamentos, una combinación que dejó a miles de afiliados y a sus familias sin cobertura o con un acceso severamente limitado a la atención de la salud.
La protesta también activó una preocupación política creciente dentro de la Casa Rosada, donde se intensificaron los cuestionamientos contra la ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva. En el oficialismo la describieron como una funcionaria de perfil académico, pero sin capacidad de conducción operativa sobre las fuerzas.
El antecedente de Córdoba profundizó esas dudas dentro del Gobierno. Algunos funcionarios recordaron que Monteoliva estuvo al frente del Ministerio de Seguridad provincial cuando, el 3 y 4 de diciembre de 2013, la Policía cordobesa se acuarteló y la capital provincial atravesó horas de saqueos y una situación de extrema tensión. Después de ese episodio, la funcionaria dejó el cargo.
A ese cuadro se añadió una interna política con efectos sobre la cadena de mando. Monteoliva decidió alinearse con Karina Milei en la disputa con su ex jefa política, la actual senadora Patricia Bullrich. Durante su paso por el Ministerio de Seguridad, Bullrich benefició a la cúpula de la Gendarmería por su vínculo con el jefe de la fuerza, Claudio Miguel Brilloni, una decisión que generó malestar en los rangos bajos y resentimiento en el resto de las fuerzas, que se consideraron desplazadas.
El último reporte de Ejecución Físico Financiera emitido por la Oficina Nacional de Presupuesto confirmó que el gasto de Defensa en el 2025 fue de apenas 0,28% del PBI: el monto más bajo de los últimos cuatro años.
Pese a que el gobierno de Javier Milei reportó, según datos oficiales, un crecimiento del 4,4% del PBI durante el año pasado, la inversión en Defensa —medida en dólares y correspondiente al mencionado período— fue una de las más reducidas durante el período comprendido entre los años 2022 y 2025.
Conforme a lo detallado en el reporte correspondiente al último cuatrimestre del año pasado, la Oficina Nacional de Presupuesto concluye que “la participación del gasto de la función (Defensa) sobre el total de las erogaciones de la APN (Administración Pública Nacional) presenta una tendencia creciente a lo largo de los ejercicios, alcanzando el máximo de la serie en el año 2024. Sin embargo, se evidencia una tendencia decreciente en términos del PBI desde el ejercicio 2023”.
Las dificultades presupuestarias se pudieron apreciar en todas las Fuerzas. Un ejemplo de ello fue la Fuerza Aérea Argentina, la cual registró “un desvío negativo en ambas medidas (horas de operación y ejercicios), que se explica por la falta de disponibilidad de materiales para llevar adelante las actividades. Esta situación se originó en el costo del combustible aeronáutico y los inconvenientes financieros imperantes, que impidieron la realización oportuna de tareas de mantenimiento de radares y aeronaves, e implicó cancelaciones y reprogramaciones” tal cual detalla el reporte de la Oficina Nacional de Presupuesto.
En el caso de la Armada Argentina, pese a que se reportaron mejores números que en el 2024, en algunos casos no se lograron alcanzar las metas propuestas para el 2025. Así fue el caso de los días de navegación, ítem que reportó un desvío negativo del 10%.
Las restricciones presupuestarias también tienen un impacto directo en los distintos proyectos y programas para recuperar, modernizar y adquirir nuevo material, mejora de infraestructura, entre otros. Ni hablar de los desafíos que se enfrentan en el aspecto logístico, mantenimiento y sostén, donde en varios casos se han presentado serias limitaciones.
A estos inconvenientes se le suma la cuestión salarial y las dificultades que enfrenta la obra social de las Fuerzas Armadas. Pese a que no cuentan con el alto perfil de proyectos de compra, por ejemplo, estos dos problemas son los que están acarreando mayores incidencias en las Fuerzas Armadas.
El presidente de Chile, José Antonio Kast, dispuso este miércoles la construcción de “barreras físicas” en la frontera con Bolivia con el objetivo de desalentar el ingreso de migrantes irregulares, una de las principales promesas que sostuvo durante su campaña electoral.
La decisión fue anunciada durante un acto oficial realizado poco después de su asunción, en el que el mandatario firmó seis decretos iniciales, de los cuales tres estuvieron vinculados a la política migratoria.
Durante la ceremonia, Kast solicitó la colaboración de las Fuerzas Armadas para avanzar con las medidas. “Le solicito la colaboración activa en el aumento de funcionarios” y “le encomiendo también que nos colabore con la construcción de barreras físicas para detener el ingreso de la inmigración ilegal”, expresó el presidente al jefe del Ejército de Chile, Pedro Varela.
La política migratoria de José Antonio Kast
La construcción de obstáculos físicos en la frontera forma parte de una estrategia que el nuevo gobierno presentó para controlar el ingreso irregular al país.
Según cifras oficiales, actualmente 337.000 extranjeros residen en Chile sin la documentación correspondiente, un dato que el gobierno de Kast utilizó como argumento para justificar las nuevas medidas.
Durante la campaña presidencial, el líder del Partido Republicano prometió adoptar una política más dura contra la inmigración irregular, incluyendo la deportación de cerca de 340.000 migrantes, en su mayoría provenientes de Venezuela.
En ese contexto, el mandatario cuestionó la gestión anterior y aseguró que impulsará un cambio de rumbo en materia de seguridad y orden público.
“Este gobierno (por el de Boric) generó caos, desorden e inseguridad. Y nosotros vamos a ir a la inversa”, afirmó durante la campaña electoral.
Encuestas difundidas en Estados Unidos desde el comienzo de la ofensiva contra Irán configuran un escenario problemático para Donald Trump.
En lugar de producir un alineamiento automático detrás de la Casa Blanca, la intervención activó una reacción pública más bien cautelosa, cuando no abiertamente adversa, en la que convergen tres dimensiones centrales: la insuficiente legitimación política de los ataques, la percepción de que el conflicto puede derivar en una escalada prolongada y la preocupación por sus costos materiales sobre la vida cotidiana de los estadounidenses.
El primer dato estructurante es que la desaprobación supera al apoyo. La encuesta de Quinnipiac ofrece la cifra más nítida en ese sentido: el 53% de los votantes registrados desaprueba la acción militar de Estados Unidos contra Irán, frente al 40% que la aprueba. Pero ese dato adquiere mayor densidad cuando se observan sus derivaciones. El 74% rechaza el envío de tropas terrestres y el 55% no cree que Irán haya representado una amenaza militar inminente antes de la ofensiva.
– ¿Aprueba o desaprueba la forma en que Donald Trump está desempeñando su cargo como presidente?– ¿Aprueba o desaprueba la forma en que Donald Trump está desempeñando su cargo como presidente? COMBINADO CON: (Si aprueba/desaprueba q1) ¿Aprueba/desaprueba de forma firme o moderada?
La medición de Ipsos, realizada entre el 6 y el 9 de marzo, refuerza esa lectura. Allí, el 43% desaprueba los ataques, el 29% los aprueba y el 26% permanece indeciso. Más allá de la ventaja del rechazo sobre el apoyo, hay un elemento particularmente revelador en ese bloque de datos: la magnitud del segmento que todavía no adopta una posición firme. Lejos de ser un dato marginal, ese porcentaje puede ser leído como un indicador de fragilidad narrativa por parte del gobierno. Si una intervención militar ya en curso no logra ordenar rápidamente las percepciones públicas a su favor, eso suele revelar no solo escepticismo social, sino también una dificultad oficial para estabilizar el sentido político de la operación.
– En términos generales, ¿aprueba o desaprueba los ataques militares de Estados Unidos contra Irán?
Ipsos vuelve sobre ese punto de manera explícita. Solo el 33% afirma que Trump explicó claramente los objetivos de la intervención, mientras que el 64% sostiene lo contrario. Ese desacople entre acción militar y claridad política es decisivo. En escenarios de guerra, la legitimidad pública no depende exclusivamente de la identificación de una amenaza, sino de la capacidad del poder ejecutivo para traducir el uso de la fuerza en una narrativa estratégica coherente: por qué se actúa, para lograr qué, con qué límites y bajo qué criterio de salida. Cuando esa secuencia no resulta inteligible, la intervención tiende a ser percibida como improvisada, excesiva o potencialmente abierta a una deriva indeterminada.
Ipsos, además, agrega una capa especialmente sensible para la Casa Blanca. El 42% opina que las acciones estadounidenses empeorarán la seguridad del país a largo plazo, frente al 29% que cree que la mejorarán. A eso se suma un nivel muy alto de inquietud por los costos y los riesgos de la intervención: el 73% expresa preocupación por su impacto financiero y el 86% manifiesta preocupación por los riesgos que corre el personal militar estadounidense.
– A largo plazo, ¿cree que la acción militar de Estados Unidos en Irán…? Mejorará la seguridad de Estados Unidos / Empeorará la seguridad de Estados Unidos / No tendrá mucho impacto en ningún sentido / No responde
El sondeo de CNN profundiza todavía más esa línea interpretativa. En esa encuesta, el 59% de los estadounidenses desaprueba la decisión de atacar Irán y el 41% la aprueba. A su vez, el 60% considera que Trump no tiene un plan claro para manejar la situación, el 62% cree que debería requerir autorización del Congreso para nuevas acciones militares y el 60% rechaza el envío de tropas terrestres. Estos datos exponen preocupación institucional respecto al modo en que se administra el conflicto.
La discusión, por lo tanto, remite además a la cuestión de la conducción política, la legalidad de la escalada y los límites del presidencialismo en un contexto bélico.
– ¿Cómo evalúa la decisión de Estados Unidos de tomar acción militar en Irán? / Esta acción militar hará que Irán sea: / ¿Trump tiene un plan claro para manejar la situación con Irán?
El relevamiento de Fox News introduce una variación importante, aunque no invalida la tendencia general. La opinión aparece dividida en partes iguales: 50% aprueba y 50% desaprueba la acción militar. Sin embargo, incluso dentro de ese estudio, persiste una señal de alerta para la Casa Blanca: el 51% considera que la gestión de Trump frente a Irán volvió a Estados Unidos menos seguro, mientras que solo el 29% cree que lo hizo más seguro. Esto indica que aun cuando el respaldo al ataque alcance niveles relativamente competitivos, la evaluación sobre sus efectos estratégicos sigue siendo predominantemente crítica. En otros términos, incluso en el sondeo menos adverso para el oficialismo norteamericano, la intervención no logra consolidarse como una acción percibida mayoritariamente en clave de fortalecimiento nacional.
Iran military action divides voters 50-50 despite 61% viewing Iran as national security threat, new Fox News poll finds after Operation Epic Fury strikes began Saturday.
– Encuesta de Fox News: Las opiniones están divididas sobre la acción de Estados Unidos contra Irán
Al mismo tiempo, el rechazo a la guerra no debe confundirse con una minimización del problema iraní. Por el contrario, varias encuestas muestran que una parte considerable del electorado sigue percibiendo a Irán como una amenaza seria. Fox News detectó que el 61% de los votantes considera que Teherán representa un riesgo real para la seguridad nacional de Estados Unidos. AP-NORC, por su parte, señaló que aproximadamente la mitad de los adultos estadounidenses está muy preocupada por el programa nuclear iraní como una amenaza directa para el país. La cuestión central, entonces, no es si el electorado cree o no que Irán constituye un problema, sino si considera que la vía elegida por Trump es necesaria, proporcionada y estratégicamente sostenible. Esa distinción resulta clave: permite entender por qué la percepción de amenaza no deriva automáticamente en consentimiento bélico.
La estructura de las respuestas también exhibe una polarización partidaria muy marcada. Los republicanos respaldan mayoritariamente al presidente, mientras demócratas e independientes tienden a rechazar la ofensiva. El ya citado muestreo de Quinnipiac muestra que el 85% de los republicanos apoya la acción militar, pero entre los independientes el 60% la desaprueba.CNN, por su parte, registra que el 82% de los demócratas y el 68% de los independientes rechazan los ataques, mientras que el 77% de los republicanos los aprueban. Esto revela que la guerra no produjo un consenso patriótico transversal ni un reagrupamiento nacional en torno del Ejecutivo. Más bien quedó absorbida por la lógica de la polarización política contemporánea, en la que incluso las decisiones de política exterior y seguridad son procesadas a través de lealtades partidarias preexistentes.
Ahora bien, esa fractura no significa que todo el problema pueda leerse únicamente en clave identitaria. Para Trump, el dato realmente delicado no es tanto la fidelidad republicana, que se mantiene relativamente estable, sino la combinación entre rechazo independiente, falta de convicción entre los indecisos y temor económico transversal. Su base puede acompañarlo, pero no necesariamente alcanza para neutralizar el costo político de una intervención si esta comienza a traducirse en deterioro material perceptible. La experiencia comparada muestra que los conflictos externos se vuelven especialmente gravosos para los gobiernos cuando dejan de ser interpretados como episodios geopolíticos abstractos y se transforman en problemas domésticos (medibles en inflación, combustibles o incertidumbre económica).
Es precisamente allí donde las encuestas encienden otra alarma de peso.Quinnipiac detectó que el 74% de los votantes está muy o algo preocupado por una eventual suba del petróleo y la gasolina.Ipsos coincide en esa dirección: el 67% cree que los precios de los combustibles empeorarán durante el próximo año como consecuencia de la intervención militar y el 49% anticipa un impacto mayormente negativo en su situación financiera personal. Este punto no es accesorio.
– (Ipso) ¿Cree que la acción militar de Estados Unidos en Irán tendrá un impacto en su situación financiera personal? Sí, tendrá un impacto mayormente positivo / Sí, tendrá un impacto mayormente negativo / No, no tendrá impacto / No sabe / No responde
En la cultura política estadounidense, el precio de la gasolina funciona como un indicador cotidiano de estabilidad económica y como un termómetro inmediato del humor social.
– (Ipso) Precios de la gasolina en Estados Unidos. Mejorarán / Empeorarán / Se mantendrán igual / No sabe / No responde
De hecho, la dimensión económica del conflicto parece haber sido internalizada por una fracción amplia del electorado desde etapas muy tempranas. Eso resulta políticamente significativo porque desplaza el debate desde el terreno relativamente abstracto de la estrategia internacional hacia la esfera concreta del costo de vida. La pregunta deja de ser únicamente si Irán representa un peligro para Estados Unidos y pasa a ser cuánto costará responder a ese peligro, quién absorberá ese costo y durante cuánto tiempo.
La temporalidad prevista del conflicto constituye otro eje central del malestar. En Quinnipiac, solo una minoría imagina una resolución rápida: el 32% cree que la guerra durará meses, el 13% calcula alrededor de un año y el 26% estima que se extenderá todavía más. Ipsos, por su parte, señala que seis de cada diez estadounidenses esperan una intervención prolongada. CNN acompaña esa percepción al registrar que el 56% considera probable un conflicto militar de largo plazo entre Washington y Teherán.
Ese punto resulta especialmente sensible para Trump por razones que exceden el episodio iraní en sí mismo. Su construcción política se apoyó durante años en una crítica explícita a las guerras interminables, a los costos de la proyección militar estadounidense en el exterior y a la idea de que Washington debía priorizar sus intereses domésticos antes que involucrarse en conflictos de larga duración. Bajo esa lógica, una guerra extendida con Irán sería, además de un desafío geopolítico, una contradicción ‘doctrinaria’. Cuanto más se prolongue la intervención, más expuesta quedará la distancia entre la retórica antiintervencionista con la que Trump consolidó parte de su liderazgo y la práctica efectiva de gobierno frente a esta crisis.
– Segmento de discurso de Donald Trump, 20 de enero de 2025
En casi todos los estudios aparece, además, una percepción convergente: la administración no logró establecer con nitidez ni los objetivos de la operación ni los parámetros de su eventual cierre. Esa opacidad estratégica no constituye un problema menor. En política internacional, y especialmente en contextos bélicos, la legitimidad interna de una intervención depende en gran medida de que la sociedad pueda identificar un horizonte inteligible de medios y fines. Cuando la fuerza se ejerce sin una narrativa suficientemente precisa sobre su propósito, se intensifican las sospechas de improvisación, sobrerreacción o captura del proceso decisorio por dinámicas coyunturales antes que por una planificación racional de largo plazo.
Desde esa perspectiva, el frente que se le abrió a Trump es simultáneamente militar, político y comunicacional. Militar, porque una eventual escalada podría obligarlo a tomar decisiones cada vez más costosas y difíciles de revertir. Político, porque la mayoría de las encuestas conocidas hasta ahora no validan de manera robusta su decisión y exponen vulnerabilidades entre independientes y sectores moderados. Comunicacional, porque la Casa Blanca no logró fijar una interpretación dominante del conflicto ni desactivar la percepción de que Estados Unidos puede estar entrando en otra guerra de final incierto.
La concentración frente al Edificio Centinela, sede de la Gendarmería Nacional, comenzó pasadas las 11:00 hs con una columna de 300 personas que, en menos de una hora, se duplicó hasta alcanzar los 700 asistentes.
La convocatoria logró una unidad inédita al congregar a efectivos y retirados de las cinco fuerzas federales: Gendarmería Nacional, Prefectura Naval, Policía Federal, Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) y el Servicio Penitenciario Federal (SPF), elevando el conflicto a una crisis de seguridad nacional.
La prensa fotografiando a algunos de los asistentes con carteles.
A pesar de que el edificio fue blindado con vallas preventivas, la jornada transcurrió íntegramente sobre la vereda, bajo la supervisión de un comisario seccional de la Policía de la Ciudad que confirmó la legalidad y el carácter pacífico de la marcha. El “abrazo simbólico” se transformó rápidamente en un foco de resistencia contra el desfasaje económico que asfixia a la familia policial.
La magnitud del conflicto quedó reflejada en una cobertura mediática masiva que incluyó móviles en vivo de Telefé, El Destape, Crónica, C5N, Canal 26, TN y A24, con la presencia de la reconocida periodista Mercedes Ninci.
La prensa fotografiando a dos de los oradores, frente al Edificio Centinela.
Sin embargo, el dato político más crudo fue la ausencia casi total de efectivos. Los familiares y retirados presentes denunciaron que el personal operativo fue obligado a quedarse en las sombras por un miedo real a represalias institucionales, bajo la sospecha de que agentes de inteligencia se infiltraronen la manifestación para identificar y marcar a cualquier integrante de la fuerza que alzara la voz.
Esta atmósfera de persecución coincide con la estrategia del Ministerio de Seguridad que conduce Alejandra Monteoliva, desde donde se intentó minimizar la jornada calificándola como una movilización compuesta sólo por “retirados”, ignorando el quiebre interno de los agentes en actividad.
La movilización tuvo su punto de máximo interés desde el momento en que los asistentes entonaron el Himno Nacional, dando luego paso a una serie de cuatro oradores que hablaron a quienes asistieron y a la prensa.
Miguel Montiel junto a manifestantes, ante el Edificio Centinela.
La humillación del uniforme frente a la góndola
El cabo Miguel Montiel, de la Policía Federal Argentina —quien cobró notoriedad por encadenarse recientemente a Casa Rosada—, fue el único efectivo que rompió el cerco de silencio al presentarse uniformado y tomar la palabra como orador. Explicó que sabe que es probable que quieran sancionarlo por asistir a la manifestación y hablar, pero destacó que la situación es de emergencia.
Con nueve años de servicio más su formación, Montiel expuso la cifra que despoja de toda épica al discurso oficial:un sueldo de $800.000 pesos. Esta cifra es la consecuencia directa del último acuerdo salarial del 8% otorgado por el Gobierno, un porcentaje que quedó pulverizado frente a la inflación y que profundizó la brecha con otros sectores productivos.
Entrevista exclusiva para Data 24 de Miguel Montiel, cabo de la PFA.
La comparación con el sector privado vuelve el dato un agravio institucional. Mientras un efectivo con casi una década de antigüedad y riesgo de vida percibe esa cifra, un empleado de comercio inicial —un joven de 18 años recién egresado de la secundaria que vende ropa en un local— percibe un básico de $1.170.000.
Esta brecha del 45% refleja la degradación de una fuerza que, según denunciaron los presentes, hoy se ve obligada a realizar “changas” de transporte o seguridad informal para que sus familias no caigan bajo la línea de indigencia.
Manifestantes ante el Edificio Centinela. En el centro: Passamonti, Montiel y Danann.
Voces de la familia policial y el compromiso exigido
El carácter de la movilización fue ratificado por Manuel Berro, retirado de Gendarmería Nacional y referente del “Frente Patriótico Patoruzú”, quien enfatizó que no se trataba de un acto político ni partidario, sino de una respuesta de supervivencia. Además, asistió Analía Zabala, referente de la Asociación de Suboficiales Argentinos y viuda de un oficial fallecido.
Entrevista exclusiva para Data 24 de Emmanuel Danann.
Acompañado por agrupaciones como el “Movimiento Fuerzas Argentinas Unidas” y “Azules Siempre”, Berro invitó a Emmanuel Danann(cuyo nombre real es Manuel Gorostiaga, descendiente del prócer del S. XIX)a tomar la palabrapara visibilizar el pliego de condiciones que las cúpulas oficiales callan.
Danann, quien aclaró que su presencia buscaba apoyar y no apropiarse del reclamo, leyó los puntos centrales: salarios de indigencia y el abandono absoluto de las obras sociales, que ha dejado a miles de familias sin coberturas básicas.
Danann y Berro junto a manifestantes, ante el Edificio Centinela.
Durante su intervención, Danann interpeló directamente al Poder Ejecutivo al recordar que el mandato de cambiovotado por los argentinos incluía la promesa de reivindicar a quienes cuidan a la ciudadanía. En un pedido explícito a Javier Milei, exigió el compromiso de no aplicar sanciones ni persecuciones contra los efectivos que, de diversas formas, apoyaron la visibilización de este estado de emergencia.
Otro de los que hicieron acto de presencia fue Andrés Passamonti, expresidente de la UCeDe de CABA, actual presidente de Alternativa Republicana, y antiguo Director Ejecutivo de la Dirección de Política Criminal de la Provincia de Buenos Aires.
El cierre del bloque de oradores, marcado suceder durante el 2 de Abril, cerró con la reivindicación de la gesta de Malvinas y la defensa de la Patria, reafirmando que el reclamo trasciende cualquier bandera política.
Entrevista exclusiva para Data 24 de Andrés Passamonti, presidente de Alternativa Republicana.
Bonos de miseria y oportunismo al cierre
El estallido no es un hecho aislado, sino el pico de un malestar que viene escalando desde la falta de respuestas a la equiparación salarial que ya se había manifestado meses atrás. La respuesta oficial, materializada en el Decreto 216/2026, fue recibida con indignación. El bono de $40.000 otorgado por el Gobierno fue calificado por Berro como “el vuelto de los banquetes de los políticos”, una cifra insignificante frente a una canasta básica que ya roza los $1.400.000.
Ante el riesgo de sanciones que pesa sobre los efectivos en actividad, fueron las familias quienes actuaron como escudo; figuras como Victoria Laura Sueldo, esposa de Facundo Romero, prefecto y referente de un reclamo por hostigamiento, falta de tratamiento y expulsión, asistieron a la protesta para visibilizar el colapso de la obra social y la falta de cobertura en tratamientos críticos.
Entrevista exclusiva para Data 24 de Victoria Laura Sueldo, esposa del prefecto expulsado por Frederic.
Hacia las 12:20 hs, cuando más de la mitad de los asistentes ya se había retirado, se registró la presencia de Sabrina Frederic. La exministra de Seguridad de la gestión de Alberto Fernández apareció en escena con un marcado perfil bajo y sin realizar declaraciones públicas.
Su llegada tardía no alteró el espíritu del acto, que concluyó con la advertencia de que la emergencia de las fuerzas federales no se resuelve con parches económicos, sino con la reivindicación real de quienes hoy eligen el silencio para no perder su fuente de trabajo.
El cura y diputado kirchnerista del bloque Unión por la Patria (UxP), Juan Carlos Molina declaró un patrimonio de USD$1 millón y cuatro inmuebles, dos en Ciudad de Buenos Aires y dos en el Gran Buenos Aires.
La Declaración Jurada Patrimonial Integral, presentada en enero de 2026 bajo la modalidad inicial 2025, expone una fortuna que llama la atención por su magnitud y que se contrapone con el perfil de vida sencilla que el legislador suele mostrar en el plano público.
El dato más llamativo del documento es la existencia de una caja de ahorro en dólares en el país con un saldo declarado de USD$330.338,50. Al tipo de cambio vigente de $1.420 por dólar, eso equivale aproximadamente a $469 millones. Molina también declara tres cajas de ahorro adicionales en pesos con saldos que suman alrededor de $14.6 millones y una cuenta corriente con $56.436. El total de sus depósitos y efectivo alcanza los $483.7 millones.
Además del efectivo, Molina declara cuatro propiedades inmobiliarias, cuya valuación oficial resulta llamativamente baja. Según el informe, dos de las propiedades están ubicadas en San Vicente y fueron adquiridas el 17 de diciembre de 2009, junto con una casa habitación valuada en $20.833.246 y un lote de terreno declarado en $1.042.180.
El legislador también informó la tenencia de dos departamentos con cochera en la Ciudad de Buenos Aires, ambos comprados el 18 de mayo de 2017. Uno de ellos fue valuado en $75.035.844, mientras que el otro figura por $2.528.903. En conjunto, el detalle patrimonial expone un patrimonio de por sí millonario, integrado por propiedades en el conurbano bonaerense y en la Capital Federal.
Molina, a su vez, declaró poseer un Ford Bronco Sport Big Bend 1.5L, año 2021, adquirido en agosto de ese año, valuado en $28 millones de pesos —equivalente a unos USD$35.000 al valor de mercado actual. Su origen habría sido por “ingresos propios”.
El mecanismo que permite estas valuaciones irrisorias es lo que los expertos tributarios llaman la “trampa del 1 m²”. Al declarar una superficie de “1 metro cuadrado” para todas sus propiedades, el sistema registra los inmuebles a su valuación fiscal histórica de origen —en pesos, con cifras antiguas y desactualizadas— en lugar del valor real de mercado. Esto “licua visualmente el tamaño de la fortuna ante la opinión pública”, según la descripción de un tributarista consultado al respecto.
Para aproximarse al valor real del patrimonio inmobiliario, es necesario dolarizar el análisis usando precios actuales de mercado. Un análisis conservador construido con dimensiones estándar para este tipo de propiedades arroja que existe una disparidad “abismal” entre los dos departamentos de Ciudad Autónoma de Buenos Aires (CABA) comprados el mismo día en 2017 —uno declarado en $75 millones y el otro en apenas $2.5 millones— lo que sugiere que uno podría ser un piso de gran metraje o categoría superior.
Sumando los activos líquidos a la valuación de mercado de los inmuebles y el vehículo, el patrimonio real estimado total ascendería a aproximadamente USD$931.838, es decir, casi un millón de dólares.
¿De dónde proviene el dinero?
Esta es la pregunta central que el documento oficial no logra responder satisfactoriamente. En la declaración, Molina justifica absolutamente todos sus bienes como producto de sus “ingresos propios”, sin herencias, legados ni donaciones de ningún tipo.
Para dimensionar la inconsistencia, basta con cruzar las fechas de adquisición de los bienes con la trayectoria laboral de Molina. Las propiedades de San Vicente fueron compradas en 2009, cuando estaba al frente de la Fundación Valdocco, una organización financiada por el Vaticano y con fondos públicos provinciales. Ahí surge otra duda inevitable: ¿cómo logró un directivo de una ONG sin fines de lucro acceder a esas compras?
En el caso de los departamentos en la Ciudad de Buenos Aires, adquiridos en 2017, la duda no es menor, ya que fueron comprados dos años después de su salida de la SEDRONAR en 2015. Allí también queda sin respuesta cuál fue la fuente de ingresos que le permitió adquirir dos unidades con cochera en la Capital Federal. A eso se suma lo más paradigmático de todo, los USD$330.000 en efectivo, un monto difícil de explicar para alguien que habría desarrollado gran parte de su carrera en el ámbito de una organización sin fines de lucro o bajo una dieta legislativa.
Un hallazgo adicional del análisis de la declaración es un error grave en la confección del documento. Molina registró su cargo de “Diputado Nacional” bajo la categoría de “Sector Privado”, señalando como empleador a la “Fundación Valdocco”. Esto es técnicamente imposible, siendo que una fundación privada no puede emplear a un legislador nacional, cuyas dietas las paga el Estado. El análisis concluye que se mezclaron dos trayectorias distintas en una misma línea del formulario —con consecuencias legales que la Oficina Anticorrupción no observó ni corrigió.
La situación patrimonial no puede desligarse de las denuncias judiciales que recaen sobre la Fundación Valdocco. Desde 2024, Molina enfrenta una causa penal en la que se le atribuyen presuntos delitos de trata de personas con fines de explotación, defraudación a la administración pública, falsificación de documentos públicos y privados y asociación ilícita.
La investigación reveló que la fundación cobraba fondos millonarios simultáneamente de dos provincias. Con 250 millones de pesos mensuales de Santa Cruz y 124 millones de pesos mensuales de Chaco, aunque en este último caso la institución no operaba realmente. Se detectó que 78 docentes cobraban salarios en ambas jurisdicciones al mismo tiempo. La causa fue presentada ante el Juzgado Federal de Caleta Olivia e incluye pedidos de allanamientos y secuestro documental.
La provincia de Chaco, por su parte, bloqueó la transferencia de recursos públicos a la fundación tras la investigación, mientras que el gobierno de Santa Cruz también realizó denuncias por falta de transparencia en el manejo de fondos.
¿Quién es Juan Carlos Molina?
Juan Carlos Molina, nacido el 8 de diciembre de 1966, es un sacerdote católico argentino que ha construido una trayectoria inusual en la que se entrelazan la fe, la política kirchnerista y la gestión de organizaciones sociales. Su apodo, “cura coraje”, sintetiza la perspectiva pública que él mismo cultivó. La de un hombre de Iglesia supuestamente comprometido con los más vulnerables, dispuesto a meterse en terrenos conflictivos donde otros no se atreven.
Molina surgió como sacerdote salesiano en Caleta Olivia, Santa Cruz, donde trabajó con niños y jóvenes en situación de riesgo social. Más tarde, sin que se conozca públicamente el motivo, pasó al clero de la diócesis de Río Gallegos. Fundó la Fundación Valdocco —nombre del barrio turinense de Turín donde San Juan Bosco comenzó su obra— con casas para jóvenes adictos y menores vulnerables en Santa Cruz, Chaco y Haití. Esta fundación lo proyectó al primer plano de la política kirchnerista de Santa Cruz y lo acercó a la familia Kirchner, en especial a Alicia Kirchner, hija de la exvicepresidente Cristina Fernández de Kirchner (CFK).
La primera gran plataforma pública que manejó Molina fue la Secretaría de Programación para la Prevención de la Drogadicción y la Lucha contra el Narcotráfico (SEDRONAR), designado en noviembre de 2013 por CFK. El jefe de Gabinete Jorge Capitanich lo presentó como alguien con “amplia experiencia en la problemática de las adicciones”. Renunció en mayo de 2015, declarando que había “cumplido los objetivos”.
“Escobar fue un poco Robin Hood, el pueblo lo lloró porque ocupó el lugar del Estado: hizo hospitales, calles, le dio trabajo a la gente…”, destacó Molina, en marzo de 2014, en una entrevista radial, durante su gestión al frente de la SEDRONAR.
La comparación desató una tormenta mediática. Al día siguiente, Molina intentó aclarar que había sido “sacado de contexto”, que Escobar “era un psicópata, un asesino” y que nunca lo había defendido. También usó un lenguaje colorido para describir el revuelo, diciendo que había pasado “de ser el secretario de la SEDRONAR a ser el hijo de puta defensor de Escobar”.
Décadas después, en 2024, Molina decidió volver a la política activa como candidato a diputado nacional por el Frente para la Victoria en Santa Cruz. Ganó las elecciones legislativas de 2025 con un margen muy mínimo y asumió su banca en diciembre de ese año, integrando a UxP.
Un habeas corpus dejó sin efecto la obligación de usar teléfonos en las entrevistas entre abogados y presos de alto perfil. En paralelo, la jueza Luciana Prunotto defendió las salidas transitorias otorgadas a un condenado a 37 años de prisión, que incumplió el régimen y permaneció prófugo desde 2015.
El SISOC concentra en una sola plataforma la información de 7,2 millones de beneficiarios y más de 3.600 centros comunitarios. La herramienta permite seguir prestaciones, auditar espacios y activar alertas por duplicaciones, incompatibilidades y faltantes de documentación.
Documentos del BCRA confirman el descalabro de una sociedad simplificada que dejó un tendal de acreedores mientras el exmandatario chaqueño pregonaba una vida de privaciones.
No podemos permitir que estos piqueteros ataquen a la policía. Hay que cagarlos a patadas, meterlos en cana a todos y que paguen con todo el peso de la ley. Se acabó la época en que estos tipos hacían lo que querían. pic.twitter.com/xo5eE3UXse