El Gobierno porteño prohíbe la entrada de materiales de construcción para frenar el crecimiento sin control de la Villa 31

El procedimiento incluye vigilancia policial en los ingresos, clausura de corralones y fiscalización de obras en un barrio atravesado por el crecimiento en altura sin planificación.
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El Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, liderado por el jefe de Gobierno Jorge Macri, implementó un plan de ordenamiento en la Villa 31 (oficialmente Barrio Padre Carlos Mugica) que incluye retenes policiales en los accesos, peatonalización de calles y la prohibición del ingreso de materiales de construcción.

“Orden en la Villa 31. Acá no hay zonas liberadas. No hay excepciones. No hay lugares donde la ley es opcional. Se terminó el ingreso de material para seguir agrandando esto. La ley y el orden rigen en cada metro cuadrado de la Ciudad”, sintetizó Jorge Macri.

La medida busca frenar el crecimiento edilicio informal de un asentamiento que alberga aproximadamente 45.000 personas en 72 hectáreas, ubicado entre los barrios de Retiro y Recoleta. Esta no es la primera vez que se intenta esta estrategia. El mismo recurso fue aplicado al menos en 2009 y en 2013, con resultados limitados.

La estrategia lanzada por el Gobierno porteño contempla una serie de intervenciones coordinadas por la Jefatura de Gabinete y los ministerios de Seguridad, Espacio Público, Desarrollo Humano y Hábitat, junto con la Secretaría Legal y Técnica. Entre las medidas más relevantes se encuentran el control de accesos al barrio, donde de los 13 ingresos existentes cinco fueron transformados en calles peatonales, tres quedaron bajo vigilancia permanente de la Policía de la Ciudad, sumándose a otros tres ya instalados, y dos pasaron a tener sentido contramano.

También se desplegaron retenes policiales en puntos considerados críticos, como las intersecciones de Colibrí y Ramos Mejía, junto a la terminal de ómnibus, y de Yaguareté e Islas Galápagos. A eso se agrega la clausura de corralones de materiales de construcción que funcionaban dentro del barrio y no estaban habilitados por la ley de urbanización, además de la fiscalización de obras en curso y el desalojo de unidades y terrenos usurpados.

Las construcciones en altura sin planificación profesional ni materiales adecuados representan riesgos concretos. Los edificios de hasta seis pisos construidos sin asistencia técnica presentan problemas de filtraciones en el 73,8% de los casos y provisión de agua insuficiente en el 81,4% de los hogares, según relevamientos de organismos académicos. La prohibición de corralones y la restricción de materiales apuntan también a eliminar estos riesgos estructurales.

Las autoridades sostienen que la urbanización diseñada desde 2016 “no logró evitar un crecimiento urbano sin control ni consolidar un ordenamiento territorial”, objetivos expresamente establecidos por la Ley 6.129. Según el Ejecutivo porteño, desde 1930 hasta 2016 el barrio creció “sin ningún tipo de control y regulación”, lo que favoreció la apropiación del espacio público tanto para uso habitacional como comercial.

Un fenómeno central que justifica la preocupación oficial —y que tiene sustento real en datos— es el mercado inmobiliario informal que opera dentro del barrio. Los alquileres en la Villa 31 oscilan entre 300.000 y 1 millón de pesos mensuales para viviendas, mientras que los locales comerciales pueden alcanzar entre 1,5 y 1,8 millones de pesos por mes.

Una práctica especialmente extendida es la venta de “espacios aéreos”. Los dueños de una vivienda venden el techo de su casa para que otro construya un piso más encima, sin ningún tipo de control estructural ni de seguridad. Consultoras especializadas como Reporte Inmobiliario señalaron que en las villas de emergencia se obtienen algunas de las rentabilidades más altas por alquiler de toda Argentina.

El problema afecta especialmente a quienes menos poder tienen. Muchos inquilinos de la Villa 31 son inmigrantes sin documentación o personas que no pueden cumplir los requisitos del mercado formal, lo que los deja expuestos a alquileres abusivos y sin protección legal.

La historia de los intentos de urbanización de la villa

En diciembre de 2009, la Legislatura porteña aprobó la Ley 3.343, impulsada por el legislador Facundo Di Filippo de la Coalición Cívica ARI, que disponía la urbanización obligatoria de la Villa 31 y 31 bis y establecía la creación de una mesa multidisciplinaria con la Universidad de Buenos Aires (UBA), el Gobierno nacional y el de la Ciudad.

El mismo año, los gobiernos nacional y porteño acordaron también la prohibición del ingreso de materiales de construcción, con retenes en los cinco accesos al asentamiento. Los inspectores fueron capacitados para distinguir entre materiales para nuevas construcciones y los destinados a reparaciones ya existentes.

Pese a esa medida, para 2013 la población había crecido un 48% respecto a 2009, llegando a estimarse en 40.000 personas. Se detuvieron 269 camiones que intentaron ingresar materiales ilegalmente, pero las construcciones continuaron mediante el “contrabando hormiga” con carretillas.

En 2014, los gobiernos nacional y porteño avanzaron con muros y cercos perimetrales —uno de hasta tres metros de altura sobre las vías del ferrocarril San Martín— para delimitar físicamente el barrio y frenar su expansión. Sin embargo, el crecimiento en altura continúa, con edificios que ya alcanzaban los seis pisos.

En 2016 comenzó un proceso de urbanización más sistemático, con obras de infraestructura, escuelas y centros de salud, y en 2018 se sancionó la Ley 6.129, que amplió y reglamentó la urbanización del barrio. Esta ley dispone la reurbanización, zonificación e integración del Barrio Padre Carlos Mugica a la ciudad formal. No obstante, como señalan investigadores y legisladores de la oposición, la ley también eliminó ciertas protecciones para los vecinos, como la restricción de que las hipotecas sólo podían venderse con fines comunitarios.

¿Frenar el crecimiento o abandonar la urbanización?

La principal crítica que formulan organizaciones sociales y legisladores opositores es que el plan de “ordenamiento” llega en un contexto de claro abandono de la política de urbanización. El propio Jorge Macri anunció que el Instituto de Vivienda de la Ciudad (IVC) dejaría de destinar recursos a la urbanización de barrios populares. A su vez, en la Legislatura porteña, el bloque de La Libertad Avanza (LLA) presentó en marzo de 2026 un proyecto de ley para directamente eliminar el IVC, que emplea a alrededor de 1.300 trabajadores estatales.

La legisladora Claudia Neira respondió a Macri señalando que su gestión “hoy no ponés nada en vivienda para las villas y tampoco ponés nada para la vivienda de la clase media”. El Observatorio del Derecho a la Ciudad argumenta que la narrativa del “orden” encubre una política de “urbanismo de mercado” que abandona el rol del Estado como garante del derecho a la vivienda.

La historia muestra que la restricción de materiales sola no detiene el crecimiento. En 2009, cuando se aplicó una medida similar con retenes en los cinco accesos, la población igualmente creció un 48% en los cuatro años siguientes. Como señala el portal 9deJulio TV, “el efecto inmediato fue el encarecimiento del cemento, arena y piedras, pero las construcciones siguieron”. El “contrabando hormiga” —personas que ingresan materiales a pie o en carretilla— demostró ser difícil de controlar.

Un dato revelador es que ninguno de los más de 1.500 comercios del Barrio Mugica cumple con la normativa vigente en materia de seguridad, higiene y ordenamiento. Aún así, los vecinos señalan que esto no se debe a una decisión de evadir las reglas, sino a que la falta de urbanización completa hace imposible cumplirlas. Sin títulos de propiedad formales, sin conexiones legales a servicios públicos, no hay forma de obtener las habilitaciones requeridas.

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Ocho de cada diez argentinos se oponen a que extranjeros compren tierras

Una encuesta nacional de la consultora Zuban Córdoba, realizada sobre 1.400 casos (margen con 95% de confianza), preguntó a los argentinos si había que limitar la compra de tierras por parte de extranjeros.

El resultado fue contundente, con un 77% respondiendo que sí hay que limitarla, un 16.7% dijo estar en desacuerdo con esas restricciones, y un 6.3% no tenía una posición definida sobre el tema. Es decir, prácticamente ocho de cada diez argentinos rechazan la idea de “extranjerizar” la tierra, más allá de las diferencias ideológicas que suelen dividir a la opinión pública en otros temas.

Este dato es relevante porque se conoció justo antes de la votación clave en el Senado, y funciona como una señal política que la oposición y las organizaciones sociales usan para presionar a los legisladores indecisos.

La encuesta se enmarca en el debate por la “Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada”, un proyecto que el Gobierno del presidente Javier Milei envió al Congreso en marzo de 2026, como parte del paquete de reformas anunciado en la Asamblea Legislativa del 1° de marzo.

No se trata de una ley exclusivamente sobre tierras, sino de una iniciativa que reúne varios capítulos. En materia de expropiaciones, establece criterios más estrictos para definir la “utilidad pública” y garantiza una indemnización plena al expropiado, calculada sobre la base de la valuación previa al anuncio de la medida.

En cuanto a los desalojos, incorpora un mecanismo sumarísimo para expulsar usurpadores, aunque, tras la negociación con la oposición dialoguista, se resolvió ampliar a diez días los plazos para los inquilinos en mora, dejando la entrega inmediata solo para los casos de usurpación. Además, modifica la Ley de Manejo del Fuego y deroga artículos de la norma sancionada en 2020, durante el impulso de Máximo Kirchner, que prohibía por 60 años la venta de bosques nativos, humedales y áreas protegidas afectadas por incendios. El capítulo más polémico, sin embargo, es el referido a la Ley de Tierras Rurales, que introduce cambios sobre la ley 26.737, vigente desde 2011.

La Ley de Tierras Rurales, sancionada en 2011 durante el segundo mandato de la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, fijó una serie de restricciones a la propiedad extranjera sobre tierras rurales que hoy están en el centro del debate. La norma estableció un límite del 15% de tierras rurales en manos de extranjeros a nivel nacional, provincial y municipal, dispuso que una misma nacionalidad no pudiera concentrar más del 30% de ese porcentaje, impidió que un mismo titular extranjero adquiriera más de 1.000 hectáreas en la zona núcleo —o su equivalente en otras regiones— y prohibió la compra de inmuebles que contengan o sean lindantes con cuerpos de agua permanentes, una disposición que cobró notoriedad por el caso de Lago Escondido, propiedad del empresario británico Joseph Lewis

El proyecto de Milei, redactado por el ministro de Desregulación Federico Sturzenegger, buscaba eliminar directamente esos topes porcentuales para las adquisiciones privadas y reemplazarlos por un sistema de autorizaciones administrativas y avales provinciales. Según cálculos oficiales, esto podría triplicar la superficie en manos extranjeras, que hoy asciende a 13.2 millones de hectáreas, concentradas principalmente en ciudadanos de Estados Unidos, Italia y España.

Lago Escondido | Un acuerdo secreto archivó la demanda para recuperar 12 mil hectáreas en manos de Joe Lewis

Entre los puntos más sensibles que señalan especialistas y organizaciones ambientales está la posible derogación del artículo que prohíbe comprar tierras ribereñas de lagos y ríos permanentes, lo que habilitaría, por ejemplo, la venta de lagos patagónicos de agua dulce, bosques nativos, zonas de cordillera con minerales críticos y acuíferos que abastecen a millones de personas. También se modificaría el régimen de tierras en zonas de frontera, algo que genera preocupación por posibles efectos sobre el contrabando y el narcotráfico si se habilita la extranjerización de áreas limítrofes.

Quién gana y quién se opone

Entre los interesados en la eliminación del límite del 15%, se encuentran el Grupo Benetton —ya uno de los mayores productores de lana de oveja del país— y fondos soberanos de países árabes. Del otro lado, el rechazo social es amplio: se movilizan la Central de Trabajadores de la Argentina (CTA) bajo la consigna "por la tierra y el agua", la Confederación General del Trabajo de la República Argentina (CGT, con el lema "nuestro suelo es soberanía, no mercancía"), organizaciones campesinas e indígenas, sectores eclesiásticos y ambientalistas, y referentes de la oposición como la diputada peronista Cecilia Moreau, quien llamó a "salir a las calles" el 6 de agosto.

Curiosamente, incluso la Sociedad Rural —tradicionalmente alineada con el Gobierno— apoya mantener ciertas restricciones, lo que muestra que el rechazo no es solo de sectores kirchneristas o progresistas, sino que atraviesa a actores del propio universo agropecuario.

— Cecilia Moreau

El proyecto tuvo un trámite accidentado desde el comienzo. En mayo de 2026 obtuvo dictamen en comisiones tras varias modificaciones, donde se eliminó por completo el capítulo que afectaba el programa de regularización de tierras en villas (RENABAP), a pedido de la Iglesia Católica, y se moderó el mecanismo de desalojo sumarísimo.

Pese a esos cambios, el oficialismo intentó llevarlo al recinto en julio y fracasó cuatro veces consecutivas por falta de quórum o de votos suficientes, lo que llevó a Milei a calificar a los opositores como "enemigos del progreso”.

Tras ese cuarto fracaso, la senadora nacional y jefa del bloque oficialista Patricia Bullrich, junto a Sturzenegger negociaron una nueva versión (el dictamen número 15) que introduce cambios para intentar destrabar la votación. La medida deja a cada provincia la jurisdicción plena sobre su territorio, prohíbe la compra de tierras rurales por parte de Estados extranjeros o empresas con participación estatal extranjera —salvo autorización provincial y del Poder Ejecutivo— y elimina el artículo de "silencio administrativo" que daba por autorizada una venta si el Estado no se pronunciaba en seis meses.

— Patricia Bullrich y Federico Sturzenegger

El Senado tiene previsto retomar el debate y votar el proyecto el jueves 6 de agosto de 2026. Bullrich aseguró que el bloque oficialista ya cuenta con los votos necesarios gracias al respaldo de gobernadores dialoguistas, pero la incertidumbre persiste, especialmente por la postura de los senadores misioneros Carlos Arce y Sonia Rojas Decut, presionados en su provincia para votar en contra del capítulo de tierras.

Para ese mismo día, organizaciones sociales, ambientales, eclesiásticas, sindicales y de la oposición —agrupadas bajo consignas como "por la tierra y el agua" y "Argentina no se vende"— convocaron a una movilización frente al Congreso, con el hashtag #lasoberanianosenegocia. La semana previa ya se realizaron talleres, radios abiertas y banderazos preparatorios. La apuesta de estos sectores es que la presión, sumada al fuerte rechazo social que muestra la encuesta de Zuban Córdoba, termine de inclinar a los senadores todavía indecisos.

El consumo de carne vacuna cayó más de 11% en el primer semestre y marcó su menor nivel en 30 años

El consumo interno de carne vacuna cerró la primera mitad de 2026 con su registro más flojo en tres décadas. El dato se desprende del informe económico mensual de la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (Ciccra), la entidad que agrupa a los frigoríficos y comercializadores del sector. El abastecimiento del mercado doméstico cayó 11,5% interanual entre enero y junio. En números concretos, el consumo aparente se ubicó en 1.019.430 toneladas res con hueso: casi 132 mil toneladas menos que en el mismo período de 2025.

El promedio de los últimos doce meses del consumo por habitante quedó en 47 kilos al año, 8,2% por debajo del nivel de un año atrás. En la práctica, cada argentino comió 4,2 kilos menos de carne vacuna que en junio de 2025.

Para la cámara la explicación central estuvo en el bolsillo. La caída del 11,5% es “producto del menor poder de compra de los hogares, explicado por el aumento que registró el precio relativo de la carne vacuna en el último año”, señaló Ciccra.

Los datos que releva el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) y que Ciccra recopila mostraron por qué. En doce meses, el rubro carnes y derivados aumentó 45%, muy por encima del 33,4% que acumuló el índice general de precios al consumidor en el mismo lapso. Dentro de ese rubro, los cortes vacunos treparon 53,6% anual, mientras que el pollo entero —su principal competidor en la góndola— subió apenas 29,9%. Esa brecha empujó a muchas familias a comprar menos kilos o a inclinarse por el pollo.

El golpe se sintió con fuerza en los cortes más populares. En la comparación interanual a junio, la carne picada común encabezó las subas con 56,2%, seguida por el asado, con 54,3%. Detrás quedaron la paleta (53,6%), el cuadril (53,2%) y la nalga (50,9%). La caja de hamburguesas congeladas aumentó 58,7%.

A la presión de los precios se sumó la dinámica de la oferta. En el primer semestre se faenaron 6,02 millones de cabezas de ganado vacuno, casi 9% menos que un año atrás, en un contexto de menor disponibilidad de hacienda que la industria arrastra desde hace tiempo. Esa menor faena derivó en una producción de 1,428 millones de toneladas res con hueso, con una baja de 6,2% interanual.

Ese cuello de botella tuvo un origen preciso. El informe de mayo de la propia cámara lo atribuyó a una fase de tres años de intensa liquidación de existencias, en la que los productores enviaron a faena más hembras de lo habitual, como respuesta a una sucesión de eventos climáticos adversos que golpearon al campo desde 2022 y se extendieron hasta mediados del año pasado.

La producción, sin embargo, no cayó al ritmo del consumo, porque las exportaciones tomaron el camino inverso. En los primeros seis meses del año, los envíos al exterior sumaron 408,6 mil toneladas res con hueso, 10,2% más que en 2025. Así, una porción mayor de la carne producida en el país viajó a los mercados externos y quedó menos disponible para las carnicerías locales: la proporción destinada a exportación pasó de 24,4% a 28,6% entre un semestre y otro, mientras que la volcada al mercado interno bajó de 75,6% a 71,4%.

EL PISO DE TRES DÉCADAS

Al mirar la serie histórica, que arranca a mediados de los años noventa, el primer semestre de 2026 apareció como el más bajo en materia de consumo interno. Ni los años más duros de las últimas tres décadas, marcados por crisis económicas o por procesos de liquidación de hacienda, habían mostrado un abastecimiento doméstico tan magro. La cámara aclaró que, como actualiza y corrige la serie con el tiempo, los valores más antiguos pueden sufrir ajustes menores en informes futuros.

El deterioro se profundizó mes a mes. En el acumulado de enero a mayo, el consumo aparente ya mostraba una caída de 11,1% interanual, con un per cápita de 47,5 kilos; al sumar junio, el retroceso se estiró hasta 11,5% y el promedio por habitante bajó a 47 kilos.

El resultado llegó, además, en un momento bisagra para el sector. Ciccra viene marcando que la ganadería argentina podría estar cerrando esa fase de liquidación de tres años y entrando en una etapa de recomposición del rodeo. En los últimos meses, la participación de las hembras en la faena total se ubicó en 45,3% en junio, apenas por encima del rango que la industria considera necesario para sostener el stock, y un nivel que no se veía desde junio de 2021. Por ahora, esa transición todavía no se reflejó en el consumo, que siguió en baja.

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