THE END | El “Superman Gay” de DC Cómics terminó siendo un fracaso y cancelan su producción
La serie que inició el año pasado, presentó al hijo bisexual de Clark Kent y fue convertido en un "héroe-activista". Sus pésimas ventas hicieron que DC tome la decisión de cancelarla.
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Tras escasos dieciocho números, DC Comics tomo la decisión de cancelar la serie de “Superman: Son of Kal-El”, la tira centrada en Jon Kent, el hijo bisexual de Clark Kent y Lois Lane, quien en vez de combatir el crimen se dedicaba a ayudar a inmigrantes ilegales, a tener relaciones sexuales con su mejor amigo y marchar con Black Lives Matter.
Desde DC Comics aseguraron que el personaje tendrá el final de su historia en una miniserie de 6 ediciones que se llamará “Adventures of Superman: Jon Kent”, que cerrará al menos por el momento su rol en el universo DC.
Esta nueva versión de Superman fue la serie más corta en la historia del personaje
Recordemos que esta serie fue lanzada en julio del año pasado, y la edición número 18 saldrá este diciembre dando final a la serie y marcando una de las más cortas de un personaje relacionado con Superman.
En cuanto a ventas, el primer número de Superman solo vendió 68.800 copias. Para septiembre de este año, las ventas se habían reducido a tan solo 34.000. De hecho, la primera entrega, se ubicó en el puesto 17° en las ventas del mes y cayó aún para la cuarta edición, cuando solo se vendieron unas 37.500 copias, ubicándose en el puesto 55 en las ventas de octubre de 2021, convirtiéndose en el primer comic de Superman que no entró en el Top 50 de ventas en un mes.
El dibujante Gabe Eltaeb decidió renuncinar por lo progresistas de la historia
La historia de este nuevo Superman activista, abordó varios problemas sociales en Estados Unidos, pero en el quinto número de la serie, Jon Kent comenzó una relación sexual explícita con su amigo y ‘hacktivista’ Jay Nakamura, un refugiado ilegal en la tierra. Esta historia extremadamente progresista, hizo que Gabe Eltaeb, uno de los dibujantes de DC Comics, renunciara a su trabajo en protesta.
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Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.
El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.
Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.
Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.
La oficina de Facebook y el refugio ideológico
Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.
Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.
Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.
El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza
La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas” para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.
Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.
Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.
La foto del olvido
La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).
Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.
Un informe de Zuban Córdoba reveló que el 72,7% de la población está en contra de un conflicto armado entre esos países. El estudio también muestra diferencias marcadas según el voto en el balotaje.
La investigación permitió vincular al sospechoso con otros golpes a trabajadores cometidos con un patrón similar en distintos puntos de la ciudad santafesina.
Pax menemista. Silvia Mercado dice que Mario Montoto le contó que ya leyó el libro "y lo voy a leer nuevamente". La fuente clave que cuenta cómo fue el acuerdo de los ex montoneros con Menem por los indultos a unos y otros. https://t.co/Sye268RCR6