SABINA SE ARREPIENTE DE SU APOYO A LOS GOBIERNOS DE IZQUIERDA: “Tengo ojos, oídos y cabeza para entender lo que está pasando”

Durante la presentación de su documental, el cantante causó revuelo con sus declaraciones respecto a su decepción y distanciamiento de la izquierda, que ya había iniciado en 2011.
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El cantante español, Joaquín Sabina causó revuelo tras hacer pública su decepción y distanciamiento de la izquierda durante la presentación de su documental llamado “Sintiéndolo mucho”, ya que nunca ocultó su simpatía por Cuba y su admiración por Fidel Castro y su régimen.

“Ya no soy tan de izquierda porque tengo ojos, oído y cabeza para ver lo que está pasando, y es muy triste”, señaló el famoso cantautor español.

Asimismo, aseguró que “todas las revoluciones del siglo XX fracasaron estrepitosamente. Las únicas que avanzan en el siglo XXI son el feminismo y el LGTBI. El fracaso del comunismo ha sido feroz, la deriva de la izquierda latinoamericana me rompe el corazón justamente por haber sido tan de izquierdas”.

A pesar de su apoyo a esta corriente ideológica, desde hace varios años que viene expresando críticas al régimen cubano y también aceptó que el buen trato que siempre recibió en sus visitas era diferente a la vida que en ese entonces podían gozar quienes vivían allí.

El cantautor aceptó que el buen trato que siempre recibió en la isla era diferente a la vida que vivían sus habitantes.

En 2011, había declarado al diario El Nuevo Herald: “Yo amo mucho la isla y vivo todas las contradicciones que vive, que últimamente está siendo algo muy parecido a un tremendo fracaso histórico”. Esto sucedió previo a iniciar una gira por territorio estadounidense que sabía que sería motivo de pancartas y manifestaciones de cubanos.

En ese entonces, aceptó que tenía tiempo sin viajar a Cuba, pero aseguró que conocía la situación económica que atravesaba. “Leo los periódicos, hablo con la gente y sé lo que está pasando y sé que el país está en bancarrota”, dijo al mismo medio.

El periodista Lázaro Yuri Valler Roca siendo detenido durante una protesta. Finalmente, el régimen lo sentenció a 5 años de prisión.

Un año después reiteró ese señalamiento al considerar que el movimiento había “envejecido”. Sin embargo, declaró para el medio argentino La garganta poderosa que: “Mi corazón sigue siendo muy cubano y estoy seguro de que aquel fuego que encendió la revolución cubana renacerá y ya jamás se apagará”.

Recientemente, en una entrevista para el diario El Mundo, Sabina dijo estar “muy cabreado” por el resultado de las revoluciones del siglo XX e incluyó a Cuba en esa manifestación de molestia.

“Fui amigo de la revolución cubana y de Fidel Castro. Pero ya no lo soy, no puedo serlo”- Joaquín Sabina.

“Fui amigo de la revolución cubana y de Fidel Castro. Pero ya no lo soy, no puedo serlo”, expresó el cantante que iniciará su gira internacional “Contra todo pronóstico” el próximo año.

“Ahora estoy del lado de los que se manifiestan y de los que se exilian de la isla. Los que hemos sido de izquierdas tenemos la responsabilidad de decir la verdad ante algunos desastres de la izquierda, agregó el autor de “Postal de la Habana”, canción de 1996 que retrata la ciudad desde la mirada de un enamorado de la isla.

Sabina aseguró ahora estar del lado de los que se manifiestan y los que se exilian de la isla.

Dicha entrevista, generó reacciones diversas. Por un lado, una usuaria de redes señaló: “Perderemos a Joaquín Sabina, su música y la amistad con Cuba pero lo que no podremos perder es la dignidad. Otro más que se cambia de bando”, escribió una usuaria en las redes.

Contrario a esa postura, otra le agradeció: “Gracias maestro por estas palabras, como cubana y como su fan, hoy le doy las gracias por apoyar a mi pueblo que huye en estampidas de sus propias tierras, dejando mi Cuba vacía y sumergida en el dolor de los que quedamos solos y oprimidos”.

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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

HUMOR por Argüelles​

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