RESENTIMIENTO | El presidente del INCAA quiere ponerle impuestos a Netflix para “fomentar el cine argentino”

Luis Puenzo promoverá un "impuesto razonable, simple y justo, destinado a fomentar la actividad en el mediano plazo".
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Puenzo, aseguró este martes que el organismo está trabajando en un impuesto a Netflix para financiar el cine argentino. Por más ridículo que parezca, es real.

“Hay muchas cosas para revisar, pero en que las plataformas tributen estamos todos de acuerdo, como en su momento pagaron los videoclubes”, señaló Puenzo en diálogo con portal ultrakirchnerista El Destape Radio.

Hoy, al impuesto que se cobra por cada entrada “el INCAA lo recibe mal y con una ambigüedad enorme en los números una ley de cine que es un Frankenstein. Hay un giro en la manera de ver cine que es el streaming y las plataformas. Y ahora generó mucha demanda”.

Respecto de la crisis que vive el sector, que sufre por el cierre de los cines por tiempo indefinido, el funcionario dijo que están trabajando en programas de asistencia para la industria audiovisual. “Estamos trabajando sobre tres medidas. Ya tomamos dos. Una son dos ayudas para los dos sindicatos fuertes del cine, los de técnicos y los de actores. También acordamos una ayuda a las obras sociales de los sindicatos de técnicos y actores de 6 millones para cada uno“.

“Vamos a tomar una medida para directores, guionistas, productores, arte, etc.., son una serie de concursos para poder inyectar dinero en todo el abanico de la industria, señaló el funcionario.

Pensando específicamente en el streaming, el presidente del INCAA fue más allá. Le dijo a Página 12 en aquéllos días iniciales de gestión, a mediados de diciembre pasado, que en el caso de las plataformas “habría que ponerle impuesto al consumo, como se hizo con el cine. Habría que ponerle un impuesto al abonado “. Y explicó por qué: “Cuando usted va al cine, el impuesto lo paga usted, no la compañía por,que a ésta no habría cómo cobrarle”.

El debate reapareció a mediados de abril, cuando la emergencia por el coronavirus dejó a la actividad cinematográfica local en un escenario de parálisis total que todavía se mantiene. En ese momento, la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC) volvió a apuntar a las plataformas. En este caso reclamó la urgente reglamentación de un impuesto que ya se aplica y se cobra. Es el 21% en concepto de IVA que las plataformas aportan al fisco desde la reforma impositiva de 2017.

“Esa carga impositiva recaudada por la AFIP debería ser derivada en un 50 por ciento al Fondo de Fomento Cinematográfico. Pero no existe aún la reglamentación que indique cómo instrumentar esa derivación”, argumenta la CAIC, entidad que agrupa a las productoras de cine más importantes de la Argentina.


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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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