La Bersuit le envió una carta documento a Javier Milei para que deje de usar sus canciones
Se trata de la canción "Se viene" donde la banda que lideraba Gustavo Cordera, La Bersuit, hace mención al estallido social generado por la política en los años 90.
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La banda de rock nacional La Bersuit envió una carta documento a la sede de La Libertad Avanza para que el diputado nacional y precandidato a presidente Javier Milei deje de usar sus canciones en sus presentaciones públicas. Según denunciaron los integrantes de la banda, “El León” no realizó los pedidos legales correspondientes para hacer uso de la canción “Se viene”.
Cabe destacar que la icónica canción hace referencia al contexto social y político en Argentina de los años 90, donde el pésimo desempeño de los funcionarios públicos generaron un estallido social, situación que realmente ocurrió tres años después de lanzarse la obra.
En ese contexto, la banda que supo liderar Gustavo Cordera se suma a la batalla legal con La Renga en contra de Javier Gerardo Milei y exigió que dejen de hacer uso de sus canciones.
QUÉ DICE LA CARTA
“Solicito por este medio que a partir de la recibida presente carta documento, cese inmediatamente el uso indebido de mi composición musical “Se viene”, interpretada por la banda musical denominada Bersuit Vergarabat o por cualquier otro artista, en relación a la promoción, difusión o cualquier otro uso partidario y/o político sin la debida autorización escrita y expresa, autorización que no han solicitado, y que me genera un agravio personal y su consecuente daño económico”, detalla el primer párrafo del escrito.
La carta enviada a la sede de La Libertad Avanza
Y sigue: “Le hago saber que ya se han iniciado los trámites, tanto por mi parte como por parte de la editorial que administra mi obra artística, a los fines de que SADAIC emita una prohibición expresa del uso de la composición en cuestión sin la debida autorización“.
“Es irónico que un espacio político cuyas caras más visibles se llenan las bocas de la palabra “Libertad” y la utilizan como un latiguillo vacío, desvirtuando su profundo significo, pisoteen la libertad de otros, en este caso la mía, de no permitir ni autorizar el uso político de mi obra artística, y pasen por encima de la propiedad privada que tanto declaman defender. Lo que queda claro es que muestran una incongruencia absoluta entre su discurso público y sus actos, incongruencia preocupante para quien quiere dirigir los destinos de este país y sus habitantes”, concluye.
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Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.
El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.
Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.
Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.
La oficina de Facebook y el refugio ideológico
Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.
Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.
Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.
El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza
La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas” para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.
Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.
Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.
La foto del olvido
La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).
Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.
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Pax menemista. Silvia Mercado dice que Mario Montoto le contó que ya leyó el libro "y lo voy a leer nuevamente". La fuente clave que cuenta cómo fue el acuerdo de los ex montoneros con Menem por los indultos a unos y otros. https://t.co/Sye268RCR6