Jeffrey Dahmer: El asesino en serie estadounidense que hoy sacude Netflix

Llegaron a Netflix las dos series que engloban la historia de uno de los mayores asesinos de la historia estadounidense.
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10 Years Experiences

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Jeff Dahmer, interpretado por Evan Peters, es conocido como El Caníbal de Milwaukee, cuya historia resultó traumática para sus 16 víctimas, sus familias, vecinos y el pueblo que habitaba. Dahmer nació en la década de los 60 en el estado de Wisconsin y desarrolló una infancia muy poco normal, tal como nos narra la nueva serie estrenada en Netflix titulada “DAHMER”. La misma cuenta con 10 capítulos de aproximadamente una hora cada uno en los cuales se resume la vida de este joven asesino. Aunque también, cabe destacar, que la producción fue duramente criticada por no basarse en los hechos reales, sino que se “inspiraron” en ellos.

Se nos presentan varias escenas, desde el momento en el que seducía a sus víctimas (hombres jóvenes, negros y homosexuales en su mayoría), un repaso de como comenzó su afición por el desmembramiento en la infancia, hasta los momentos en donde declara públicamente en el juicio donde admite su culpabilidad. También vemos su trágico final en 1994 a la corta edad de 34 años durante su estadía en prisión, ya que fue condenado a varias cadenas perpetuas por todos sus crímenes cometidos: violaciones y asesinatos.

Portada de la serie “DAHMER” protagonizada por Evan Peters

A pesar de haber sido diagnosticado con distintas enfermedades y trastornos psicológicos, como el trastorno límite de la personalidad o el psicótico, se comprobó que estaba totalmente cuerdo a la hora de realizar los homicidios, por eso mismo recibió las más duras penas. No pudo recibir la pena de muerte, como si lo hicieron asesinos similares como Ted Bundy, porque no estaba vigente en ese entonces para este estado.


Para adentrarnos aún más en su cabeza, la plataforma digital estrenó recientemente “Conversaciones con asesinos: La cintas de Jeffrey Dahmer”. Una miniserie de 3 capítulos, también de una hora cada uno, en los que podemos oír al responsable hablar de sus crímenes, similar a otra versión de esta dinámica propuesta por Netflix de conversar con asesinos como la de John Wayne Gacy. La primera serie mencionada, una producción de Ryan Murphy, el mismo director de American Horror Story, cuenta con más de 196,2 millones de horas de visualización superando así a series como “Inventando a Anna” y “You”.

Jeffrey Dahmer junto a sus victimas

“Comencé a leer biografías, pude leer el informe policial y su confesión” comentó en una entrevista con Netflix el actor que interpreta a Dahmer cuando hablaba de lo que tuvo que hacer para entrar en personaje. “Honestamente estaba muy asustado por todas las cosas que hizo. Sumergirme y tratar de comprometerme con eso fue absolutamente una de las cosas más difíciles que he tenido que hacer en mi vida” admitió Evan Peters y agregó: “teníamos una regla para esto, de Ryan (Murphy), era que nunca se contaría desde el punto de vista de Dahmer”

Evan Peters habla de su papel como Jeffrey Dahmer | Netflix

El actor que interpreta a uno de los asesinos más infames de la historia, habló sobre su caracterización para el papel. ‘Monstruo: la historia de Jeffrey Dahmer’ ya está disponible en Netflix. SUSCRÍBETE: https://bit.ly/2W85El8 Acerca de Netflix: Netflix es el principal servicio de entretenimiento por streaming en el mundo.

Evan Peters relata como fue su experiencia al interpretar a Jeffrey Dahmer.
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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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