Infobae anunció una “primicia mundial” pero ya había sido publicada por el NYT hace una semana

El sitio web inició su campaña con una suerte de cuenta regresiva que agregaba expectativa, pero sólo publicó una nueva nota sobre un informe que ya había sido tomado como fuente por el New York Times.
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La maniobra del sitio fue precisa y efectiva. Pocos minutos después, la frase “Primicia mundial” se transformó en tendencia en Twitter y no eran pocos los que contaban los minutos para enterarse lo que Infobae había descubierto. “En dos horas, primicia mundial en Infobae”, se publicó entonces. La adrenalina creció aún más y desde los comentarios la gente debatía en torno a la exclusiva que sacudiría al mundo.

https://twitter.com/infobae/status/1552473926940479488

“En una hora, primicia mundial en Infobae”, indicó la placa que apareció a las 23.00 de anoche en las redes sociales del medio de comunicación. La estrategia era clara: crear expectativa, construirla, verla crecer y lanzar la famosa noticia finalmente a las 00.00 de hoy. La Argentina amanecería, por primera vez en mucho tiempo, con una primicia periodística que sacudiría al mundo.

Entonces, apareció. Y no fue primicia.

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Casi como un bleff o una broma de mal gusto para sus lectores, Infobae anunció una primicia mundial, pero sólo publicó una nueva nota sobre un informe que ya había sido tomado como fuente por el New York Times hace una semana atrás.

En efecto, mientras Infobae aseguraba haber accedido “en forma exclusiva” a un dossier “top secret” de la inteligencia israelí en el que se describe cómo se organizó y ejecutó el atentado a la embajada de Israel en Argentina, el New York Times ya había accedido al mismo documento, lo había analizado y había publicado extensos pasajes del material hace casi una semana atrás, el 22 de julio.

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La nota original, publicada por el periodista Ronen Bergman, detalló haber accedido al mismo documento que Infobae asegura tener “en forma exclusiva”. No sólo ello, sino que vuelca un artículo periodístico más completo, con detalles más íntimos del funcionamiento de la célula terrorista en Buenos Aires. En el mismo, a diferencia de Infobae, Bergman sostiene que el análisis del dossier lleva a la conclusión de que el régimen iraní no habría financiado, entrenado ni provisto de materiales a los integrantes de la célula que protagonizó el atentado. A pesar de tratarse del mismo documento, el medio argentino llegó a distintas conclusiones.

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El artículo original del NYT fue basado en el mismo dossier, que el periodista Bergman aseguró haber sido entregado al prestigioso medio de comunicación norteamericano por integrantes del Mossad, e identifica los mismos puntos básicos que atraviesan a la nota de Infobae: el atentado fue planeado y perpetrado por agentes de Hezbollá en venganza por las operaciones israelíes contra la milicia chiita en Líbano, no participaron ciudadanos argentinos y fue planeado a partir del año 1988.

El documento detalla el armado de las células terroristas y la precaria infraestructura mediante la cual fueron preparando los atentados. Iraníes ataviados con documentos falsos, desperdigados por Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Panamá y Venezuela, fueron recolectando inteligencia, identificando blancos, reclutando suicidas, abriendo empresas de coberturas, comprando las camionetas e ingresando al país, poco a poco, botellas de champú y cajas de chocolate llenas de material explosivo. La conclusión, una y otra vez, es la misma: no hubo conexión local.

A pesar de lo relevante de la información brindada por el New York Times referente a uno de los momentos más dolorosos de la historia contemporánea argentina, el medio de comunicación Infobae marcó un curioso hito, en lo que se configuró como uno de los engaños más llamativos de la historia periodística nacional.

Infobae aseguró que el informe del Mossad, que fue elaborado tras tres décadas de investigación y contiene 43 páginas, fue revelado por primera vez por un medio de comunicación. Construyó anticipación. Creó expectativas. Sin embargo, no era la primera vez, ni siquiera era una primicia, y tampoco era exclusiva. El contenido del mismo informe ya había sido revelado por el New York Times tan sólo seis días atrás. Otro engaño de poca monta para una sociedad sedienta de respuestas.

*Fuente: REALPOLITIK

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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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