El Gobierno decretó que los salones de fiestas dejen de pagarle a SADAIC por pasar música en eventos privados

La realidad actual generó la necesidad de actualizar el marco legal para garantizar una protección efectiva de los derechos de los autores.
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El gobierno nacional introdujo importantes modificaciones en la normativa que regula la propiedad intelectual en Argentina, adaptándola a las necesidades y realidades del siglo XXI. A través del Decreto 765/2024, el cual actualiza y redefine varios aspectos clave sobre la ejecución pública de obras artísticas, basándose en la Ley N° 11.723, que es la base legal del derecho de autor en el país.

La Ley N° 11.723, sancionada en 1933, establece el régimen legal de la propiedad intelectual en Argentina, protegiendo el derecho de autor sobre diversas expresiones artísticas y culturales. Esta ley asegura que los autores de obras literarias, musicales, dramáticas y cinematográficas, entre otras, tengan el control sobre la utilización de sus creaciones, permitiéndoles autorizar o prohibir la reproducción, distribución y ejecución pública de las mismas.

Sin embargo, con el paso de los años, la evolución de las tecnologías y las nuevas formas de consumir contenido hicieron que algunas de las definiciones y regulaciones de la ley queden obsoletas. Este desajuste entre la normativa vigente y la realidad actual generó la necesidad de actualizar el marco legal para garantizar una protección efectiva de los derechos de los autores.


Uno de los puntos centrales que plantea la norma es la redefinición del concepto de “ejecución pública”. Hasta ahora, la última modificación significativa en esta área se había realizado en 1945, cuando se ajustó el Decreto N° 41.223/34. No obstante, la definición de ejecución pública en ese momento respondía a una realidad muy distinta a la que enfrentamos hoy en día, donde el acceso a obras artísticas y culturales se democratizó y diversificó considerablemente gracias a las tecnologías digitales.

El objetivo de esta actualización es proporcionar una definición más clara y actualizada del término “ejecución pública” que refleje mejor la realidad del siglo XXI. Esto implica reconocer los nuevos medios a través de los cuales las obras pueden ser compartidas y consumidas por el público, como el streaming en Internet y otras plataformas digitales, así como garantizar que los derechos de los autores sean respetados y adecuadamente compensados.


Modificaciones claves en dos artículos fundamentales del Decreto N° 41.223/34, que reglamenta la Ley N° 11.723.

1- Redefinición de la ejecución pública

El nuevo artículo 33 establece que la ejecución pública se refiere a cualquier representación de una obra en un espacio de acceso público, dirigida a una pluralidad de personas, independientemente de los fines que persiga dicha representación. Esta definición amplia incluye tanto las ejecuciones realizadas en vivo por artistas, como aquellas que se realizan a través de medios mecánicos, electrónicos o digitales, como es el caso de las transmisiones por radio, televisión, altavoces e Internet.

Lo que resulta novedoso es la exclusión explícita de las representaciones o ejecuciones que se realicen en ámbitos privados. Es decir, si una obra es interpretada en un lugar de acceso restringido y no está abierta al público general, no se considerará una ejecución pública bajo esta normativa. Esto busca aclarar situaciones donde, por ejemplo, una obra es compartida en reuniones familiares o eventos privados.

2 – Derechos de los autores en la era digital

El artículo 35 también fue revisado para adaptarse a las nuevas realidades tecnológicas. Según esta modificación, las obras musicales, cinematográficas y los fonogramas no pueden ser objeto de ejecución pública sin la autorización expresa de los titulares de los derechos. Esta autorización puede ser gestionada directamente por los autores o a través de sociedades de gestión colectiva que los representen.

Además, se establece que cualquier persona que obtenga un beneficio económico, ya sea directo o indirecto, a través de la ejecución pública de una obra, debe proporcionar una compensación justa a los titulares de los derechos. Esto incluye a quienes utilizan la obra de manera ocasional o permanente en actividades comerciales, como bares, restaurantes, gimnasios y otros establecimientos similares.

Un aspecto importante de este artículo es que no será necesario abonar una compensación cuando las obras se utilicen con fines didácticos en establecimientos educativos o durante conmemoraciones patrióticas en instituciones oficiales. Esta excepción reconoce el valor social y educativo de la difusión cultural, permitiendo un acceso más amplio a las obras artísticas en contextos que no buscan un beneficio económico.

IMPACTO EN EL SECTOR ARTÍSTICO Y CULTURAL

La idea de la actualización es equilibrar el derecho de los autores a ser remunerados por su trabajo con la necesidad de adaptarse a un entorno tecnológico en constante evolución. La clarificación del concepto de ejecución pública y la incorporación de las nuevas formas de consumo digital son pasos significativos hacia una protección más efectiva de la propiedad intelectual.

Para los artistas, músicos, cineastas y otros creadores, esta actualización representa un reconocimiento de la importancia de su trabajo y un esfuerzo por proteger sus derechos en un contexto donde la tecnología cambió las reglas del juego. Sin embargo, también plantea desafíos, especialmente en la implementación y monitoreo de estas normativas en el vasto y dinámico espacio digital.

Por otro lado, para los establecimientos que utilizan obras protegidas, como bares, restaurantes y gimnasios, el decreto subraya la importancia de contar con las licencias adecuadas para la ejecución pública de obras. De no hacerlo, se arriesgan a enfrentar sanciones por el uso no autorizado de material protegido por derechos de autor.


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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

Casielles estrenó “Proyecto C”, un late night argentino contra la soberbia del poder

Eugenio Casielles eligió la noche del domingo y un terreno ajeno a la televisión tradicional para lanzar su nuevo proyecto. A las 22, el diputado de la Ciudad estrenó “Proyecto C”, un programa con formato de late night a la argentina que en su primera emisión apuntó sin rodeos contra Javier Milei y su círculo más cercano.

La soberbia fue el hilo conductor del debut, abordada como un rasgo personal del Presidente y también por el impacto que tiene sobre la política. Para desarmar el tema, Casielles convocó a los comunicadores e influencers El Presto y Álvaro Zicarelli, además de Kevin Grunbaum, analista en comunicación que se ocupó de medir el nivel de soberbia que atraviesa hoy a la dirigencia.

El conductor abrió el programa con definiciones duras sobre la actitud del jefe de Estado y la falta de credibilidad de sus anuncios. Junto a sus invitados repasó la reciente comunicación del Gobierno sobre Malvinas, y la mesa llegó a una conclusión categórica: “A Milei no le importa la soberanía del país”.

La soberbia: ¿siempre tenemos razón? | Proyecto C #01

La soberbia se sienta a la mesa. Eugenio Casielles presenta el primer capítulo de Proyecto C con El Presto, Álvaro Zicarelli y Kevin Grunbaum. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que podemos estar equivocados? ¿Escuchamos para entender o solamente para tener razón?

Sobre esa línea, Casielles planteó si un admirador de Margaret Thatcher está en condiciones de defender los intereses nacionales en el Atlántico Sur. Para sostener la pregunta recordó actos de campaña en los que Milei no quería que se cantara el himno ni que se exhibieran banderas de las islas, y remató con una frase que dejó flotando sobre el estudio: “no es el primer presidente que trata de prostituir una causa para ganar las elecciones”.

Entre las secciones fijas del ciclo sobresale la “Carta al presidente”, un espacio en el que el legislador le habla directamente a Milei. En la primera entrega, el mensaje fue claro: “Recordá que no sos la Argentina. No sos la República. Sos un empleado al que ‘contratamos’ durante un tiempo para una responsabilidad enorme”.

Casielles se permitió además un pasaje de tono irreverente, en el que colocó al mandatario frente al paso del tiempo y a figuras centrales de la historia nacional: “Javier, no sos indispensable, este país vio pasar a hombres como Sarmiento, Roca, Rosas… Todos pasaron. La única que siguió en pie fue la Argentina”.

La propuesta de “Proyecto C” se apoya en la idea de hablar sin filtros e incomodar cuando haga falta. Con un formato que se aparta del molde de los programas de actualidad, el ciclo promete sumar en cada edición una rotación de invitados picantes que alimenten la discusión.

HUMOR por Argüelles​

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