CAMPO EN AGONÍA | De cada $100 que produce la soja el Estado se lleva $74,2

Lo señaló un informe que la FADA hizo para ACSOJA, que presentará una propuesta para bajar las retenciones al 20%, de manera escalonada.
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Una tonelada de soja que a junio de 2019 valía 365 dólares al ser exportada tributaba el 41% de impuestos, unos 150 dólares por tonelada, que era cinco veces más que las utilidades de toda la cadena productiva, que promediaron el 9% (unos 33 dólares) sumando a productores, acopios y a la industria aceitera. El resto del precio, el 50%, se consumía en los costos de producción y comerciales. Dicho de otro modo, el Estado en todas sus formas (municipios, provincias y Nación) se llevaba el año pasado 5 dólares por casa 1 que regresaba al sector productivo.

Los datos surgen de un estudio que la cadena de la soja, ACSOJA, encomendó a la Fundación FADA. Sus economistas, David Miazzo y Nicole Pisani Claro, calcularon ese nivel de presión impositiva, que es mucho más elevado si los 150 dólares que van a la recaudación se comparan contra el margen bruto (en ese caso la presión fiscal llega al 68%) y contra el valor agregado (59%) obtenido por esa cadena productiva, que es por lejos la de mayor envergadura de la economía argentina.

La incidencia de los impuestos fue calculada para junio de 2019, en el inicio de la campaña agrícola 2019/20, pues se trató de tomar una fotografía contando con todos los datos, eslabón por eslabón. Pero también fue necesario actualizar los porcentajes, porque el precio de la soja bajó bastante y el principal impuesto que paga la cadena sojera, que son las retenciones, pasó del 27% que tenía hace un año al actual 33%. En ese caso, con la foto actual, el Estado recauda ahora 165 dólares por tonelada, lo que equivale al 45% del valor de mercado del producto.

Cuánto le roba el Estado al campo
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“Este trabajo, que llevo mucho meses elaborarlo. surgió como una idea de ACSOJA para atacar el problema”, remarcó Luis Zubizarreta, que proviene del sector industrial y preside esa entidad. El problema, según su definición, es que la producción argentina de soja está estancada e incluso en retroceso (este año se cosecharán 49 millones de toneladas, desde el récord de 2015 que fue de 61 millones). Pero sobre todo el problema es que el potencial de producción podría ser bastante mayor. La definición implícita es que la alta carga impositiva que pesa sobre el sector está operando como un ancla. Que la frena.

Del trabajo de la riocuartense FADA surge cuáles son los impuestos que pesan sobre los diferentes eslabones de la cadena: primario, comercial e industrial. De lejos descollan las retenciones como la gran bestia a vencer, ya que representan solitas el 66% de la presión fiscal sobre el sector, mientras que el restante 34% se divide entre impuesto a las Ganancias, el impuesto a los Cheques, Ingresos Brutos, el Inmobiliario Rural y las tasas municipales. Por la importancia de los derechos de exportación (DEx) resulta también que el Estado nacional se lleva el 93% del dinero recaudado de la soja, mientras que provincias y municipios se reparten un mínimo 7%.

En base a esta descripción de situación, ACSOJA se animó a hacer una propuesta ambiciosa al gobierno, aunque el propio Zubizarreta se mostró muy cauto sobre la posibilidad de que les pueden llegar a llevar el apunte. “Tenemos la llave y la salida está clarita. Reducir impuestos para permitir que crezca la producción y se expanda la frontera agrícola es el camino para que la Argentina salga adelante. Nosotros lo sabemos como sector y estamos cansados de repetirlo. Ahora tenemos que ver cómo convencer a quienes toman las decisiones. No es una tarea fácil”, admitió.

La propuesta de ACSOJA al gobierno de Alberto Fernández es, de algún modo, recuperar el sendero a la baja de las retenciones que había iniciado el gobierno de Mauricio Macri, pero que a partir de 2018 se discontinuó. Según los números de FADA, si se redujera el peso del tributo aduanero del 33% actual a un 20% en 2027 (es decir cerca de 2 puntos por año), la producción de soja podría crecer a 68,5 millones de toneladas en estos siete años.

Esto, lejos de achicar la recaudación del fisco, la incrementaría en 500 millones de dólares, desde los valores actuales que rondan los 7.000 millones anuales. Por supuesto, es un ejercicio teórico que dependerá de los precios y de que se cumplan los pronósticos de una mayor cosecha. En ese punto, Zubizarreta prefirió no atar la baja de retenciones a una suba de la producción, en tanto esta depende de muchos otros factores que no pueden manejarse, como el clima. Pero en este esbozo hay otras ganancias, como medio millón de fletes de más y unos 4.500 millones de dólares adicionales como ingreso de divisas.

“La cadena de la soja considera que los DEx son un impuesto distorsivo y pide su eliminación. Pero esta propuesta intenta plantear una salida posible en términos de impactos económicos y fiscales. Un sendero de baja de retenciones como este genera dos efectos al mismo tiempo. Por un lado cumple el rol de sostener parte de los ingresos fiscales, pero al mismo tiempo genera expectativas positiva para la cadena, sobre un crecimiento de la producción y de la industrialización, con más mano de obra y mayor generación de divisas”, sintetizó Miazzo.


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Las ventas de los comercios de barrio volvieron a caer en agosto y ya acumulan un rojo del 2,4% en el año

Las ventas de los comercios minoristas pyme cerraron agosto con una caída del 0,2% frente al mismo mes de 2025. El número parece inofensivo pero descansa sobre una base ya deprimida: el índice quedó en 82,7 puntos, más de diecisiete por debajo de los 100 que marcó diciembre de 2022, mes que citada entidad toma como referencia.

La comparación contra julio es más dura. En la medición desestacionalizada, que descuenta el peso propio de cada mes del calendario, la actividad retrocedió 2,7%. Con ese arrastre, el acumulado del año trepó a -2,4% y agosto se convirtió en la segunda baja interanual consecutiva. 

De los ocho meses y contando solo junio dio positivo, con un magro 0,9% que quedó sepultado en julio por un derrumbe del 3,8%.

Cuatro rubros en verde y un índice en rojo

Cuatro de los siete sectores relevados terminaron agosto por encima del año pasado, y aun así el promedio general cayó. La explicación está en qué rubros crecieron y por qué.

El salto lo dio Perfumería, con un alza interanual del 12,8%. Los comerciantes atribuyen el movimiento al Día del Niño, que ubican entre las tres o cuatro jornadas de mayor facturación del año para el sector, y a la irrupción formal de dos categorías que traccionaron con fuerza durante el mes: la perfumería árabe y las líneas de cuidado facial coreanas. Textil e indumentaria avanzó 6,4%, empujado por ropa infantil y deportiva, mientras la vestimenta formal siguió planchada. Calzado y marroquinería subió 1,2% con zapatillas urbanas, calzado escolar y carteras económicas; los zapatos de vestir y las líneas de cuero para adultos quedaron paralizados, limitados a la reposición por desgaste. Ferretería, materiales eléctricos y de la construcción arañó un 0,3% a fuerza de reparaciones domésticas menores y tickets de bajo valor unitario, con la obra nueva y las remodelaciones integrales postergadas.

Del otro lado del tablero está el rubro que más pesa en la góndola cotidiana. Alimentos y bebidas cayó 2,5% interanual y 3,6% contra julio, condicionado por la absorción del ingreso familiar en tarifas de servicios y por un endeudamiento de los hogares que no cede. El reinicio del ciclo lectivo y el Día del Niño empujaron panificados y repostería durante unos días, pero el volumen físico total se mantuvo pegado a la reposición de primera necesidad. Factores climáticos recortaron la disponibilidad de verduras de hoja y papa, con alzas que retrajeron el consumo de frescos, y la brecha de precios frente a las grandes superficies se llevó las compras de mayor escala fuera del barrio. Los almacenes respondieron con ofertas combinadas y fraccionamiento de productos básicos para mover inventario.

El peor desempeño del mes fue para Bazar, decoración, textiles de hogar y muebles, con una baja del 4,8% interanual que estira el acumulado anual a -9,7%. El gasto decorativo quedó postergado y la demanda se limitó a la reposición indispensable de vajilla y material de cocina, después de comparaciones de precios exhaustivas. Farmacia, en tanto, retrocedió 0,5% interanual y 4,5% contra julio, la caída mensual más pronunciada de la medición: la dispensa se concentró en tratamientos crónicos, la dermocosmética profundizó su contracción y los pacientes se volcaron de manera sistemática a genéricos, al fraccionamiento de tratamientos y a llevar únicamente lo que tiene cobertura total de obra social o PAMI.

El humor del mostrador: complicado

El balance cualitativo agrega la temperatura que los porcentajes esconden. El 46,5% de los dueños consultados dijo que su negocio está peor que hace un año, dos puntos por encima del 44,5% de julio. Otro 47,4% respondió que se mantuvo igual y apenas el 6,1% reportó una mejora en su desempeño operativo.

Hacia adelante, el 43,9% espera que su situación económica siga sin cambios y el 42,8% proyecta un escenario mejor dentro de doce meses, prácticamente lo mismo que en julio. El 13,3% restante anticipa un deterioro.

La pregunta que más define el momento es la de las decisiones de fondos: el 57,9% considera que no es momento de invertir en su firma, el 28,6% no fijó postura y solo el 13,5% respondió que sí.

Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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