Ley para salvar Europa | Una iniciativa contra la inmigración ilegal reunió más de 300 mil firmas

Impulsada por referentes de la derecha europea y respaldada por el primer ministro húngaro Viktor Orbán, la propuesta busca una moratoria migratoria, retornos masivos y mayor control fronterizo, aunque todavía debe completar su registro oficial para tener validez legal en la UE.
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La Save Europe Act (“Ley para Salvar a Europa”) es una idea de ley política lanzada a fines de mayo de 2026 que busca recolectar firmas de ciudadanos europeos para obligar a la Comisión Europea a debatir y legislar sobre inmigración. Según los organizadores, se superó las 200.000 firmas en su primera semana, y en los días siguientes siguió creciendo hasta las 320.000 reportadas.

“Juntos vamos a salvar Europa, vamos a asegurar estas fronteras y los vamos a enviar de vuelta. Ese es el plan, nuestras demandas son simples y no podíamos hacerlo sin ustedes. Buen trabajo, y vamos a mantener ese número creciendo”, afirma la comentarista conservadora Eva Vlaardingerbroek, celebrando el numero de 250 mil firmas obtenidas.

Aquí está la clave para entender qué peso real tiene esta campaña. La Iniciativa Ciudadana Europea (ICE) es un instrumento de democracia participativa de la Unión Europea (UE) que permite a los ciudadanos proponer legislación. El objetivo declarado es llegar al total de respaldo para activar un mecanismo legal de la UE llamado ICE.

Para que adquiera validez jurídica, la iniciativa debe reunir al menos un millón de firmas verificadas de ciudadanos de la UE, distribuidas en no menos de siete Estados miembros y recolectadas dentro de un plazo de doce meses a partir de su registro oficial.

Si se alcanzan estas condiciones, la Comisión Europea está obligada a reunirse con los promotores de la medida y emitir una respuesta formal, aunque no está obligada a adoptar la legislación propuesta. Es decir, el millón de firmas no crea ninguna ley automáticamente, solo fuerza un debate institucional y una respuesta pública de Bruselas.

La iniciativa fue presentada originalmente a fines de mayo de 2026 durante el Remigration Summit realizado en la ciudad de Porto, Portugal, y es impulsada por una coalición de referentes de la derecha radical europea. Su principal rostro público es Eva Vlaardingerbroek, abogada graduada en la Universidad de Utrecht, que cuenta con una amplia influencia en las redes sociales.

Entre los principales ideólogos también se encuentra Martin Michael Sellner, activista austríaco y cofundador del Movimiento Identitario de Austria en 2012. Considerado una de las figuras más influyentes del pensamiento identitario europeo, en 2024 generó una fuerte controversia al presentar a dirigentes de la Alternative für Deutschland (AfD) alemana un proyecto de “remigración” masiva hacia un supuesto “Estado modelo” en el norte de África.

— Martin Sellner, también conocido como el “hipster” de la extrema derecha en Europa

La propuesta recibió además el respaldo de Viktor Orbán, quien apoyó públicamente la campaña después de que esta superara las 150.000 firmas. Otro de los primeros respaldos políticos llegó desde el Reino Unido, donde el diputado Rupert Lowe, líder del partido Restore Britain, fue el primer legislador en adherir públicamente a la iniciativa.

El proyecto también cosechó apoyos de otros dirigentes de la AfD, entre ellos Alice Weidel, Tino Chrupalla y Björn Höcke, así como de referentes de la derecha nacionalista en Francia, Italia y España, entre ellos Jordan Bardella, Matteo Salvini y dirigentes de Vox.

— Viktor Orbán es un jurista y político húngaro. Ejerció como primer ministro de Hungría desde 1998 a 2002 y de 2010 a 2026

Esta iniciativa no surge de la nada. La UE lleva años endureciendo su política migratoria desde el centro político. En diciembre de 2025, los países miembros aprobaron la creación de “centros de retorno” fuera del bloque para solicitantes de asilo rechazados, y en marzo de 2026 el Parlamento Europeo ratificó el nuevo reglamento de retornos con apoyo de los bloques conservador y ultraderechista.

¿Qué pide concretamente?

El texto de la Save Europe Act se estructura en torno a cuatro ejes principales. El documento propone una moratoria migratoria que suspendería nuevas vías de inmigración extraeuropea, incluidas las vinculadas a la reunificación familiar, los estudios y determinadas solicitudes de asilo. A su vez plantea incorporar al derecho de la UE una protección explícita de la denominada “identidad etnocultural” de los pueblos europeos.

Otro de sus puntos centrales es la “remigración”, concepto bajo el cual se busca crear un marco europeo para facilitar el retorno, tanto incentivado como involuntario, de inmigrantes en situación irregular, solicitantes de asilo rechazados y personas que sus impulsores consideran una carga cultural o económica. A ello se suma una propuesta de soberanía fronteriza orientada a devolver a los Estados nacionales el control pleno de sus fronteras, en reemplazo del actual sistema de gestión compartida dentro de la UE.

— Una manifestación de 500 personas a favor de la remigración organizada por Martin Sellner en Viena en julio de 2023

El concepto central que moviliza a los firmantes es la llamada “Teoría del Gran Reemplazo”, acuñada por el escritor francés Renaud Camus en 2011. Esta teoría sostiene que la población blanca nativa de Europa estaría siendo reemplazada de manera deliberada por inmigrantes procedentes principalmente de África y de países de mayoría musulmana. De acuerdo sus defensores, detrás de este proceso existiría una supuesta “élite globalista judeomasónica” que impulsaría los flujos migratorios con el objetivo de transformar la composición demográfica del continente y conformar una población más fácil de controlar.

Los demógrafos y politólogos refutan este postulado como pseudociencia. El demógrafo francés Hervé Le Bras demostró que incluso en los escenarios con mayor migración, la población inmigrante y sus hijos nunca superaría el 50% de ningún país europeo. El politólogo neerlandés Cas Mudde la califica de “racista”, basada en la premisa falsa de que la “población no blanca es inferior”. La hipótesis, además, ha servido de inspiración directa para ataques terroristas, como el de Christchurch (2019, 51 muertos) y el de Buffalo (2022, 10 muertos), cuyos perpetradores publicaron manifiestos explícitamente fundamentados en ella.

Lo que los analistas independientes señalan es que la teoría toma datos demográficos reales (bajas tasas de natalidad en Europa, presión migratoria) y los descontextualiza, añadiéndoles una narrativa conspirativa sobre intencionalidad y coordinación que no tiene respaldo empírico.

Diversos académicos han señalado una serie de contradicciones y obstáculos jurídicos que podrían dificultar el avance de la Save Europe Act. Uno de los principales cuestionamientos radica en que invoca como fundamento legal la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, aunque varias de sus propuestas, especialmente las vinculadas a la denominada “remigración” basada en criterios étnicos o culturales, entrarían en conflicto con el principio de no discriminación consagrado tanto en esa Carta como en la Convención Europea de Derechos Humanos.

A ello se suma que, al momento de su lanzamiento, la campaña todavía no había completado el registro oficial como ICE ante la Comisión Europea. En consecuencia, las adhesiones recolectadas a través de la página web de los organizadores carecen de validez legal hasta que se habilite formalmente el procedimiento correspondiente.

Además, la Comisión Europea conserva la facultad de rechazar la propuesta antes de que avance en su tramitación si considera que el contenido de la iniciativa no se encuentra dentro de las competencias sobre las que el organismo tiene capacidad para legislar o actuar.

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Trump pidió eliminar el comité de la ONU que cada año respalda el reclamo por las Islas Malvinas

El gobierno de Donald Trump pidió eliminar el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, el foro donde la Argentina sostiene cada año su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. El planteo llegó el pasado jueves 15, durante una sesión de la Cuarta Comisión de la Asamblea General en Nueva York. Allí, la representante estadounidense Tammy Bruce solicitó la finalización del mandato del organismo y calificó parte de su actividad como un despilfarro de recursos.

Desde el principal aliado internacional de la Casa Rosada llegó así una iniciativa que beneficia al Reino Unido y perjudica a los intereses argentinos. Ocurrió en plena ofensiva del Gobierno por el archipiélago y contra la explotación petrolera en sus aguas.

—El comunicado oficial de la ONU que da cuenta del pedido de Estados Unidos para terminar con el mandato del Comité Especial de Descolonización

De acuerdo con el comunicado de prensa GA/SPD/841 que difundió la ONU, la funcionaria afirmó que el comité “dejó de cumplir su propósito original”. Recordó que más de 80 antiguas colonias ya se incorporaron como Estados miembros, mientras el organismo “opera como si nada hubiera cambiado” y revisa los mismos textos cada año. También apuntó contra “los viajes anuales a centros turísticos del Caribe y el Pacífico Sur”, que consideró una pérdida de tiempo y de dinero para la organización.

Como ejemplo eligió a Puerto Rico. La Asamblea General quitó a la isla de la lista de territorios no autónomos en 1953, pero el comité celebra audiencias sobre ella todos los años. “Los habitantes de los territorios restantes merecen algo mejor que ser considerados meros instrumentos” en campañas políticas, remató. Su intervención no mencionó a las Malvinas.

El C-24, como se lo conoce en la jerga diplomática, nació en 1961 como órgano subsidiario de la Asamblea General para impulsar el fin del colonialismo. Lo integran 29 Estados y examina 17 territorios no autónomos, diez de ellos bajo administración británica, Malvinas incluida. Desde 1983 aprueba cada año una resolución que insta a Buenos Aires y Londres a negociar la soberanía, en línea con la resolución 2065 de la Asamblea General, de 1965. Estados Unidos abandonó el comité en 1971, con el argumento de que no le permitía cumplir un rol constructivo.

En esa misma sesión, la Cuarta Comisión aprobó más de 20 proyectos de resolución y una decisión, muchos surgidos de recomendaciones del C-24. Estados Unidos, el Reino Unido e Israel fueron los únicos votos en contra del texto sobre difusión de información sobre descolonización, que reunió 164 apoyos. La delegación británica, por su parte, reclamó que el comité reconozca la “modernización” de su vínculo con los territorios de ultramar.

Para Javier Milei, la jugada abrió la primera diferencia geopolítica con Trump. El Presidente comparte con el republicano la desconfianza hacia la eficacia de la ONU, pero considera al C-24 uno de los pocos escenarios multilaterales disponibles para el reclamo. 

Se espera que el canciller Pablo Quirno anuncie el rechazo argentino ante el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, y el subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, que llegan esta semana a Buenos Aires para promover una iniciativa de infraestructura con inversión estadounidense. El viernes, Milei habló por teléfono con el secretario de Estado, Marco Rubio. Ambos “reafirmaron la solidez de la asociación”, aunque no trascendió si conversaron sobre las islas.

Para cerrar el comité hace falta la aprobación de la Asamblea General. Allí Estados Unidos no tiene poder de veto, y el C-24 cuenta con el aval de una amplia mayoría de países.

La postura de Washington choca con el discurso de Milei en la última Asamblea General. “Malvinas es para nosotros una causa nacional, repito, Malvinas es para nosotros una causa nacional”, dijo el Presidente desde el atril neoyorquino, donde acusó a la ONU de “inútil” y de “mirar hacia otro lado con la causa”. Recordó que hace 50 años la resolución 31/49 pidió a las partes abstenerse de introducir modificaciones unilaterales y se preguntó “de qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario”.

Los tres cancilleres de Milei defendieron el reclamo ante el C-24. Diana Mondino recordó en 2024 los 191 años de ocupación británica. Un año después, Gerardo Werthein la definió como “un acto colonial, contrario al derecho internacional”. En junio pasado, Quirno denunció la “militarización” del archipiélago y rechazó el argumento británico de la libre determinación: “Existe una población británica implantada por la potencia ocupante luego de la expulsión de las autoridades y de los legítimos pobladores argentinos”.

El pedido de Washington coincidió con el momento de mayor tensión con Londres. La Argentina solicitó al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, medidas para frenar el proyecto petrolero Sea Lion, y el Reino Unido respaldó de manera explícita a las empresas involucradas. Compañías estadounidenses también expresaron su preocupación por las sanciones que prevé la Ley de Soberanía.

Trump había alentado la estrategia oficial cuando evaluó revisar la neutralidad histórica de su país sobre el archipiélago y se ofreció como mediador. Sin embargo, después de reunirse el 22 de septiembre con el primer ministro británico, Andy Burnham, descartó esa mediación.

La ofensiva contra el C-24 forma parte de los recortes que Washington impulsa en la ONU como su principal contribuyente. Esos recortes coinciden con la carrera para suceder a António Guterres, en la que compite el argentino Rafael Grossi con el apoyo de Milei.

Argentina quedó excluida de una cumbre donde flotas extranjeras debatieron la explotación del calamar argentino

Durante tres días, del 30 de septiembre al 2 de octubre, científicos de Brasil, Uruguay, España, China y Corea del Sur se sentaron en Vigo junto a representantes del gobierno de ocupación de las Islas Malvinas para evaluar el estado del calamar Illex argentinus. La Argentina, principal país ribereño de esa pesquería, quedó afuera del IV Taller Científico Internacional sobre la especie, que sostiene el mayor volumen de desembarques del Atlántico Sur y que lleva en su nombre científico al país ausente.

La reacción más dura llegó desde Panamá. Allí, en la Conferencia de Pesca de la Federación Internacional de los Trabajadores del Transporte (ITF), tres gremios marítimos argentinos presentaron una nota formal contra el encuentro: el Centro de Patrones y Oficiales Fluviales, de Pesca y de Cabotaje Marítimo, el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU) y el Sindicato de Conductores Navales de la República Argentina (SICONARA). “Se está discutiendo el futuro de un recurso argentino sin la Argentina, sin su ciencia y sin sus trabajadores, y con una administración colonial sentada a la mesa. No lo vamos a aceptar”, señalaron los dirigentes durante su exposición.

— El comunicado de la organización de armadores gallegos que convocó al encuentro de Vigo: en la lista de invitados figuran las Islas Malvinas y la Argentina no aparece

El taller fue organizado y financiado por la Organización de Productores de Buques Congeladores de Merlúcidos, Cefalópodos y Especies Varias (OPPC-3), la entidad que agrupa a buena parte de la flota congeladora gallega, con el apoyo facilitador de Sustainable Fisheries Partnership (SFP), una organización que promueve mejoras en las pesquerías y que en este caso colaboró en la coordinación y en la búsqueda de recursos. En el comunicado que difundió el 25 de septiembre, la OPPC-3 explicó que el objetivo era avanzar en una base de datos regional y en la evaluación de la abundancia, la productividad y el estado de explotación del calamar, con información de las flotas que lo capturan desde el sur de Brasil hasta la Patagonia y en aguas internacionales. También asistieron expertos independientes que acompañan el proceso desde su origen.

Sobre el motivo de la silla vacía circulan dos versiones. Los gremios hablaron de exclusión y pusieron el acento en que sí fueron convocadas las autoridades que administran de hecho las islas. Fuentes del ámbito científico consultadas por Revista Puerto atribuyeron la ausencia a una posición de principio: “Argentina no participa porque no reconoce el derecho del pretendido e ilegítimo gobierno de las Islas sobre el manejo del recurso calamar del Atlántico Sudoccidental”. Los trascendidos desembocan en el mismo punto, porque mientras el gobierno de ocupación integre estos talleres la Argentina no tendrá lugar en ellos, y el diseño de la convocatoria garantiza de antemano ese resultado.

Una silla para la administración colonial; ninguna para el dueño del recurso

Para los sindicatos, ninguna evaluación del Illex puede considerarse válida sin la Argentina y sin el Instituto Nacional de Investigación y Desarrollo Pesquero (INIDEP), el organismo que reúne la serie científica más completa sobre la especie. El planteo se apoyó en la Ley N° 24.922, que regula la pesca en el país, y en la posición argentina sobre los recursos del Atlántico Sur. Los gremios recordaron además que la Convención de las Naciones Unidas sobre el Derecho del Mar reconoce los derechos del Estado ribereño sobre las poblaciones que se extienden más allá de su zona económica exclusiva.

El rechazo a la presencia isleña sumó otros fundamentos: la Disposición Transitoria Primera de la Constitución Nacional y las Resoluciones 2065 (XX) y 31/49 de la Asamblea General de las Naciones Unidas. La advertencia de fondo fue que incorporar a esas autoridades a una instancia internacional sobre la gestión del calamar puede contribuir a legitimar un sistema de licencias de pesca otorgado de manera unilateral.

Los representantes argentinos remarcaron que las decisiones sobre el calamar impactan de forma directa en los trabajadores del sector y formularon cuatro pedidos. A la conducción de la ITF le solicitaron un pronunciamiento en rechazo al taller y que lo comunique a todas sus organizaciones afiliadas. Reclamaron que las conclusiones de Vigo no se presenten como un consenso científico regional y que las autoridades de las Islas Malvinas no sean convocadas en futuras instancias. Exigieron, por último, que cualquier ámbito internacional sobre la gestión del recurso incluya a la República Argentina, a su ciencia y a los representantes de sus trabajadores.

La milla 201, el borde donde las vedas argentinas dejan de valer

El Illex es un recurso migratorio y su distribución excede los límites jurisdiccionales. Nuestro país administra la pesquería con planes de manejo, avanza en un proceso de certificación y aplica un sistema de alerta temprana orientado a garantizar el escape de reproductores. En la milla 201, la franja de aguas internacionales que empieza donde termina la Zona Económica Exclusiva y donde opera la flota potera extranjera, esos cierres no rigen. La presión pesquera en ese sector diezma los esfuerzos de conservación que se hacen puertas adentro.

Esa falta de reglas en alta mar ya tuvo costo. Durante la feria Conxemar 2025 se advirtió que el calamar sigue sin consenso científico regional y sin medidas de gestión internacionales, lo que complica su certificación pese a la buena administración de los stocks en aguas argentinas.

Los promotores presentaron el taller como una respuesta a ese vacío. Edelmiro Ulloa, director gerente de la OPPC-3, planteó que ante la ausencia de un marco regional de gobernanza plenamente operativo la cooperación entre las propias flotas puede contribuir a construir una base común de conocimiento, mediante el intercambio de información agregada y con las garantías de confidencialidad que acuerden las partes. “Reducir la incertidumbre beneficia a todos”, sostuvo, en una idea que también expuso ante el medio español Industrias Pesqueras, y agregó que la colaboración científica “no debe entenderse como una amenaza para ninguna flota”.

— El afiche oficial del taller de Vigo: seis banderas para debatir el calamar argentino, entre ellas la del gobierno de ocupación de las Islas Malvinas, y ninguna de la Argentina

La conducción científica estuvo a cargo de Rubén Roa-Ureta, experto en modelización estadística y evaluación de poblaciones pesqueras, quien se definió como un científico independiente “que no pertenece ni representa a ninguna de las naciones que participan en esta pesquería”. A su juicio, la responsabilidad de generar el mejor conocimiento posible sobre el calamar “debe mantenerse al margen de los conflictos políticos o jurisdiccionales que puedan existir entre los países que comparten el ecosistema”. El grupo que presidió se propuso consolidar una base técnica común para futuras evaluaciones, comprender mejor la dinámica de la población e identificar las principales incertidumbres pendientes.

Desde SFP, su director de Gobernanza Pesquera y Medios de Vida, Pedro Ferreiro, valoró que la iniciativa “no pretende sustituir a los Estados ni interferir en sus competencias, responsabilidades o derechos conforme al marco jurídico internacional”, y admitió que cualquier avance hacia una gestión regional “deberá contar con la participación y el respaldo de los Estados”. Los organizadores convocaron además a armadores, empresas transformadoras y comercializadoras, trabajadores y demás actores de la cadena de valor, que abarca actividades portuarias, logísticas e industriales, a involucrarse de forma activa y continuada.

La de Vigo fue la cuarta reunión de un proceso que empezó con talleres en Chile y Panamá y siguió en Bangkok. Aun no trascendieron documentos, resultados ni conclusiones de ninguna de esas ediciones. Tampoco se identificaron medidas de manejo que den continuidad a las normas que aplica la Argentina para cuidar la especie.

Los propios organizadores definieron la meta como “convertir el conocimiento científico compartido en un punto de encuentro entre flotas que compiten por el mismo recurso” y “garantizar la conservación de Illex argentinus y la continuidad económica y social de una de las principales pesquerías del Atlántico Sur”. 

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