Una política exterior para los argentinos

Argentina necesita construir vínculos globales que respondan a sus propios intereses. Las lealtades o gustos personales van en detrimento de los argentinos.
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10 Years Experiences

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*Por: Eugenio Casielles |

A la política exterior se la solía llamar “alta política”, por estar por encima de las coyunturas y, principalmente, de los gustos y preferencias de los gobernantes de turno. Eso que le decimos y eso que le mostramos al mundo, no puede quedar al arbitrio de emociones o sesgos de cualquier líder que esté necesariamente de paso, sino servir a los intereses de mediano y largo plazo de nuestro país.

El alineamiento automático con países o bloques específicos es una estrategia que ya no funciona. De hecho, en la práctica, no ha funcionado nunca.

Aunque el Presidente ha expresado su preferencia por Estados Unidos e Israel y ha tomado distancia de los BRICS, Argentina no puede ignorar que China es nuestro segundo mayor socio comercial y que Brasil es fundamental para el comercio y la integración regional. Mantener estas relaciones no es una cuestión de ideología, sino de sentido práctico.

El G20 es el escenario ideal para actuar con flexibilidad y pragmatismo. Este foro, donde Argentina tiene un asiento propio, reúne a economías desarrolladas y emergentes y crea oportunidades para trabajar en soluciones comunes en temas como comercio, energía y desarrollo sostenible. Participar activamente en el G20 es una forma de conectar con todos los actores relevantes sin depender exclusivamente de uno.

La reciente tendencia de votar en soledad en foros internacionales, especialmente en temas de derechos de las mujeres o cambio climático, no ayuda. El mundo avanza hacia una transición energética y una mayor igualdad, y alejarse de esos debates deja a Argentina aislada. Por eso, no se trata de aceptar todo sin cuestionar, sino de encontrar puntos de acuerdo que beneficien al país sin cerrar puertas.

La diplomacia internacional debe incluir temas emergentes como la ciberdiplomacia, esencial en un mundo cada vez más digitalizado en el que las relaciones exteriores han dejado de ser únicamente comerciales o políticas para abarcar acuerdos sobre ciberseguridad, gobernanza de internet y tecnología. Estos asuntos afectan tanto la economía como la seguridad nacional y Argentina necesita colaborar con otros países a nivel regional y global para enfrentar desafíos como los ciberataques y la regulación de datos. Con una estrategia pragmática y moderna podremos asumir un liderazgo regional y convertirnos en un actor relevante en el escenario global, siguiendo el ejemplo de Estonia, una nación pequeña que ha sabido posicionarse estratégicamente en el ámbito digital.

Una política digital bien diseñada también puede ser una herramienta para diversificar nuestras relaciones internacionales. Vincularse con economías avanzadas en tecnología no significa abandonar a los socios tradicionales; al contrario, fortalece la posición de Argentina como un país adaptado a los desafíos del siglo XXI.

El camino no es elegir bandos, sino construir relaciones útiles. Dialogar con Estados Unidos no implica romper con China; colaborar con Israel no significa distanciarse de los BRICS. La prioridad debe ser siempre Argentina, y los argentinos, aprovechando cada foro, cada reunión y cada oportunidad para avanzar en nuestros propios intereses. Con todos, pero con uno mismo. Esa es la mejor forma de crecer sin perder de vista lo que realmente importa.

*Diputado de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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CHRIS RUDDY EN LA EMBAJADA DE EE.UU.: Cumbre con Emmanuel Danann y Eduardo Verástegui en Buenos Aires

La Embajada de los Estados Unidos fue el escenario de una validación política de alto impacto. Christopher Ruddy, el hombre que rompió el monopolio mediático en su país para darle voz a Donald Trump, encabezó una recepción que funcionó como el reconocimiento definitivo a la estrategia de la batalla cultural. En el centro de la escena de esta recepción, la presencia de Emmanuel Danann y Eduardo Verástegui subrayó el peso de los referentes independientes de la comunicación que hoy marcan la agenda fuera de las estructuras estatales.

Como parte del recibimiento y por tratarse del día del cumpleaños de Ruddy, al evento le siguió una cena entre varios de los invitados, entre ellos Lamelas, Rinaldi, Danann y Verástegui.

Chris Ruddy es una pieza fundamental para entender el ascenso de la nueva derecha en Occidente. Graduado en la London School of Economics, inició su carrera como periodista de investigación en el New York Post y el Pittsburgh Tribune-Review, donde se destacó por su rigor al exponer los secretos del poder de Washington durante los años ‘90. En 1998, con una inversión inicial mínima, fundó Newsmax, plataforma que bajo su dirección se transformó en un gigante multimedia con más de 50 millones de lectores y una señal de cable que llega a 35 millones de hogares.

Ruddy fue el aliado estratégico que el establishment no vio venir: mientras las grandes cadenas cancelaban a Donald Trump, Newsmax le brindó el espacio necesario para consolidar su base, demostrando que la batalla cultural se gana con medios capaces de enfrentar la narrativa oficial.

Quiénes asistieron y quiénes son

La lista de invitados combinó el poder real del círculo rojo con la vanguardia ideológica de la nueva derecha:

  • Christopher Ruddy: CEO de Newsmax y estratega pionero en el apoyo a Trump frente al cerco del establishment.
  • Emmanuel Danann: Fuerte exponente de la batalla cultural en Argentina, reconocido por su defensa de las ideas de la libertad y su actual distancia crítica con el oficialismo.
  • Eduardo Verástegui: Importante referente conservador mexicano y figura clave de la CPAC en la región.
  • Peter Lamelas: Embajador de los Estados Unidos en Argentina y anfitrión del evento.
  • Lou Rinaldi: Embajador de los Estados Unidos en Uruguay.
  • Paolo Rocca: Titular del Grupo Techint, recientemente enemistado con Milei.
  • Facundo Gómez Minujín: Presidente de J.P. Morgan Argentina.
  • Robert Urban: Empresario, abogado y figura del sector corporativo internacional.
  • Federico Pinedo: Exsenador nacional del Pro y representante del sector diplomático.
  • Fabián Perechodnik: Diputado y exsecretario general de la provincia de Buenos Aires.
  • Enrique Duhau: Referente agroindustrial de alto perfil, presidente de AE Duhau S.A.
  • Mario Montoto: fundador de Codesur S.A. y exmontonero.
  • Mariana Schoua: CEO de Aconcagua Energía Generación y presidente de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina.
  • Georgie Neuss: Empresario vinculado al sector de bebidas, servicios y energía.
  • Doris Capurro: Fundadora y CEO de LUFT Energía S.A.
  • Heidi Gómez Rápalo: Vicejefa de Misión de la embajada de los Estados Unidos en Argentina.
  • Daniel Hadad y Viviana Zocco: Propietarios de Infobae y referentes del sector mediático.

Distancia crítica y el patrón de la purga

A pesar de la validación internacional que significó este encuentro en la Embajada, la realidad puertas adentro del armado oficialista argentino es opuesta. La presencia de Danann y Verástegui expone una contradicción sistémica: mientras el mundo diplomático reconoce su rol como cuadros ideológicos, el entorno de Javier Milei ha ejecutado una purga contra ellos por mantener su independencia.

Danann se alejó de La Libertad Avanza tras cuestionar los acuerdos del partido mileísta con el massismo, el kirchnerismo, el larretismo y figuras como Ricardo Bussi, sellando su ruptura definitiva en enero de 2025 al negarse a entregar su amistad con El Presto por orden presidencial. Por su parte, Verástegui sufrió el hostigamiento del oficialismo tras críticas a la gestión, llegando Milei a exigirle a la CPAC de EE.UU. que le quitara su franquicia en México. Este mecanismo de censura interna repite el patrón revelado por Data 24 con el audio de Nicolás Márquez, quien admitió haber apartado a Cristian Iturralde bajo presión oficial, confirmando que la batalla cultural que Ruddy representa en EE.UU. enfrenta hoy en Argentina un proceso de verticalismo y exclusión.



*Autor: Augusto Grinner

Jeffrey Epstein y Joe Lewis: Los correos que conectan a Bariloche con el círculo del financista

Una serie de correos electrónicos incorporados a documentación judicial en Estados Unidos vuelve a proyectar la sombra de Jeffrey Epstein sobre figuras del poder económico y político internacional. Entre los nombres que aparecen mencionados surge uno con fuerte impacto en la Argentina: el del empresario británico Joe Lewis, propietario de extensas tierras en la Patagonia y figura central de la controversia por el acceso a Lago Escondido.

Los intercambios no contienen acusaciones directas. Pero sí revelan contactos, referencias a encuentros en Bariloche y consultas sobre la reputación internacional del magnate, en diálogos que involucran a banqueros globales y a un dirigente clave del Partido Laborista británico.

“Pasé un día con Joe Lewis en Bariloche”

El 25 de diciembre de 2009, Epstein envió un mensaje breve al entonces alto ejecutivo bancario Jes Staley, conocido por haber sido director ejecutivo (CEO) de Barclays, uno de los mayores bancos del Reino Unido: “¿Dónde estás?”.

La respuesta llegó horas más tarde. Staley escribió que se encontraba “cerca de Salvador, Brasil”, pero agregó un dato significativo: “Pasé un día con Joe Lewis en Bariloche, Argentina. No sé qué pensar de él”.

La frase, escueta pero contundente, confirma que en diciembre de 2009 hubo un encuentro entre Staley y Lewis en la ciudad rionegrina. No se trata de un detalle menor: Bariloche y El Bolsón es el epicentro de la presencia territorial del magnate británico en la Argentina, donde controla miles de hectáreas alrededor del Lago Escondido.

Que el nombre de Lewis aparezca en una conversación privada entre Epstein y un banquero internacional coloca a la Patagonia dentro del radar de las redes sociales y financieras que orbitaban alrededor del financista estadounidense.

La consulta a Londres: “¿Reputación?”

Meses antes, el 9 de junio de 2009, Epstein había escrito a Peter Mandelson, figura central del laborismo británico y hombre fuerte del gobierno de Gordon Brown en ese momento.

El mensaje fue directo: “¿Conocés a Joe Lewis? Pasa la mayor parte del tiempo en Abu Dhabi — ¿reputación?”

La pregunta sugiere que Epstein buscaba referencias políticas sobre el empresario. La respuesta, enviada desde un BlackBerry al día siguiente, indica que Mandelson creía identificarlo como alguien cercano al Labour y a “Tony”, en aparente alusión a Tony Blair. “Parece ok. ¿Averiguo más?”, añadió.

El intercambio deja al descubierto que Epstein se movía con naturalidad consultando por empresarios ante figuras del más alto nivel político británico. Y que Joe Lewis formaba parte de esas conversaciones.

Patagonia, poder y redes globales

La figura de Joe Lewis no es ajena a la polémica en Argentina. Su nombre está asociado a disputas judiciales y políticas por el acceso público al Lago Escondido y a su influencia en la región andina. A nivel internacional, el empresario enfrentó en 2023 cargos en Estados Unidos por presunto uso de información privilegiada en operaciones bursátiles.

Los correos no prueban vínculos ilícitos entre Lewis y Epstein. Pero sí revelan que el magnate británico era mencionado en el círculo íntimo del financista, y que existieron encuentros en territorio argentino entre personas de máxima relevancia financiera global.

En el universo Epstein —caracterizado por la opacidad, el lobby y las conexiones transnacionales— cada referencia adquiere peso propio. Más aún cuando aparece asociada a enclaves estratégicos como la Patagonia argentina.

El dato político que incomoda

Hay un punto especialmente sensible: en otro intercambio, Epstein menciona que “a todos los efectos Peter Mandelson es ahora viceprimer ministro”. La conversación fluye en un tono de familiaridad que evidencia acceso directo a dirigentes de primer nivel.

La combinación de estos elementos —encuentros en Bariloche, consultas políticas en Londres y menciones en el entorno de Epstein— vuelve a poner bajo la lupa la trama de relaciones que conectan negocios, poder y territorio.

Para la Argentina, el impacto no es menor. Porque el nombre de Joe Lewis no remite solo a inversiones, sino a un debate abierto sobre soberanía, acceso a recursos naturales y vínculos entre empresarios extranjeros y la dirigencia política local.

Además, uno de los protagonistas del intercambio es Jes Staley, histórico ejecutivo de JPMorgan y ex CEO del banco británico Barclays, quien debió renunciar en 2021 tras una investigación regulatoria sobre cómo describió su vínculo con Jeffrey Epstein ante el directorio de la entidad. Staley reconoció haber mantenido contacto con el financista incluso después de su condena en 2008, y posteriormente fue sancionado e inhabilitado por el regulador financiero del Reino Unido, un antecedente que le da aún mayor relevancia a su mención sobre un encuentro con Joe Lewis en Bariloche.

*Fuente: REALPOLITIK (Luciano Barroso)

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