Rusia suspendió hasta fin de año los derechos de exportación sobre sus principales cereales. El gobierno de Vladimir Putin fijó en 0 rublos por tonelada el tributo que pagan el trigo y el meslin (mezcla de diferentes tipos de granos, tradicionalmente trigo y centeno), la cebada y el maíz en los embarques con destino a países que no integran la Unión Económica Euroasiática (UEE), con el propósito de evitar una descapitalización profunda de los productores, golpeados por la caída de los precios internos y por las dificultades para colocar la cosecha en el exterior.
La medida quedó formalizada a través de la Resolución N.º 1194 del Gobierno de la Federación Rusa, firmada el 19 de septiembre por el primer ministro Mijaíl Mishustin. La norma comenzó a regir días después, aunque su texto establece de manera expresa que las disposiciones alcanzan a las operaciones realizadas desde el 1° de este mes. Con ese efecto retroactivo, la retención cero cubrirá cuatro meses completos, hasta el 31 de diciembre de 2026.
Las autoridades de Moscú justificaron la decisión en la “necesidad de reestructurar la logística” de las exportaciones. Detrás de esa fórmula oficial aparece un cuadro más crudo, que describió en diálogo con el diario La Nación (Belkis Martínez) Alexander Belov, productor de la región de Moscú. “Esto se dio debido al derrumbe de precios internos y problemas logísticos para las exportaciones. En el transcurso del año 2026 el trigo ha perdido un tercio de su valor y el girasol más de 40% internamente. Año muy difícil a pesar de una buena cosecha”, explicó.

El trigo, principal producto de exportación del agro ruso, es el gran destinatario del alivio.
La decisión no tomó por sorpresa al sector. Dos semanas antes de la firma, la subcomisión de regulación aduanera, arancelaria y no arancelaria de la comisión gubernamental de Desarrollo Económico e Integración había aprobado una iniciativa conjunta de los ministerios de Desarrollo Económico y de Agricultura para suspender en forma temporal el llamado mecanismo de amortiguación, conocido como “damper”, que determina el derecho móvil sobre las exportaciones de granos. Según informaron entonces los medios rusos, el proyecto iba a ser elevado luego al Gobierno para su formalización, paso que se concretó con el decreto antes mencionado.
Rusia no desarmó el esquema de derechos móviles que aplica a los granos, sino que introdujo una excepción temporal que deja sin efecto, durante esos cuatro meses, el monto que surgiría del cálculo habitual. Ese monto nunca fue fijo: el Ministerio de Agricultura publicaba periódicamente la tasa resultante del mecanismo, y los registros oficiales de 2026 muestran sus oscilaciones. Para la semana correspondiente a comienzos de septiembre, por ejemplo, la cartera informó una tasa de 787,5 rublos (US$9,34) por tonelada para el trigo y de 406,5 rublos (US$4,82) para el maíz, mientras que la cebada ya tributaba cero. En su punto más alto del año, el derecho calculado para el trigo llegó a superar los 1100 rublos (US$13) por tonelada.
Con esos números sobre la mesa, Belov valoró la eliminación como un respiro modesto. “Para el productor es un poco de aire fresco, pero no mucho. Algo es algo”, describió. El productor también cuestionó los tiempos del Gobierno, ya que la medida llegó cuando buena parte de la cosecha había avanzado en el circuito comercial. “Para mí es tardío. Habría que hacerlo a partir de julio con la nueva cosecha. El trigo básicamente ya está en acopio. Queda algo de trigo de verano en cosecha en la zona de Siberia, muy poco”, agregó.
El telón de fondo de la crisis es el “apagón logístico” que afecta al Mar Negro, la salida natural de los granos rusos y ucranianos. Desde su inicio, los precios FOB (el valor de la mercadería ya cargada en el barco) de los productos agroindustriales de ambos países cayeron de manera significativa: es la única forma de compensar los elevados costos de exportar por rutas alternativas menos eficientes. Esa baja se trasladó en forma directa a los productores rusos y ucranianos, que reciben valores dramáticamente más bajos por su mercadería y, además, enfrentan dificultades para comercializar los cereales que cosechan en estos días.

Las cifras de embarques confirman el golpe. La consultora rusa SovEcon prevé que los envíos conjuntos de trigo de Rusia y Ucrania entre julio y septiembre de este año sumen unos 8,0 millones de toneladas, el volumen más bajo para el primer trimestre de una campaña desde la temporada 2010/11. En el mismo período de 2025, ambos países habían exportado 16,2 millones de toneladas, y el promedio de los últimos cinco años se ubica en 18,2 millones de toneladas. Lo que se traduce en que los despachos cayeron a menos de la mitad.
Para los derivados del girasol la historia fue distinta. El decreto también los alcanza, pero en lugar de suspender sus derechos de exportación, el Gobierno les puso un techo hasta fin de año. En el caso del aceite se aplicará el menor valor entre el monto que arroje la fórmula vigente y un máximo de 7748 rublos (US$91,91) por tonelada. Para la harina o torta de girasol, el tope quedó en 312 rublos (US$3,70) por tonelada, con el mismo criterio de comparación.
El productor sumó otro frente de preocupación para las empresas agrícolas rusas, el financiero. “La carga crediticia pesa muchísimo también. Es otro punto que hay que renegociar para evitar quiebras masivas”, advirtió.

La relación de Rusia con las retenciones a los granos está por cumplir dos décadas. En 2007 el Gobierno fijó de manera temporal un arancel del 10% para el trigo y el meslin y del 30% para la cebada, con el objetivo de contener los precios internos. A comienzos de 2008, el derecho sobre el trigo trepó al 40% y se mantuvo en ese nivel hasta fines de junio de ese año.
“El mecanismo vigente —recordó Belov— rige a partir de 2021, coincidiendo con el auge exportador del trigo ruso”. Desde el 2 de junio de ese año, Rusia aplicó un derecho móvil a las exportaciones de trigo, cebada y maíz, calculado cada semana a partir de la comparación entre precios indicativos y precios base. En su diseño original, el tributo para el trigo equivalía al 70% de la diferencia entre ambos valores una vez que el precio indicativo superaba el umbral. Para 2026, el Ministerio de Agricultura trabajó con precios base de 18.000 rublos (US$213,52) por tonelada para el trigo y de 17.875 rublos (US$212,04) para la cebada y el maíz, y sobre esa estructura calculó las tasas que publicaba periódicamente.

Mientras tanto, la guerra continúa sobre la misma geografía que asfixia al comercio de granos. El Ministerio de Defensa ruso informó que durante la última noche sus fuerzas alcanzaron tres centros logísticos en la ciudad portuaria de Odesa, “utilizados para almacenar y distribuir carga militar y de doble uso destinada a las fuerzas armadas ucranianas”. Las tropas rusas también atacaron un almacén de componentes para drones en la localidad de Mirnoye y un buque de carga “que transportaba suministros militares con destino al puerto de Odesa”.
Del otro lado, el Ministerio de Defensa de Ucrania indicó que su ejército golpeó dos refinerías de petróleo rusas, una en Bashkortostán y otra en la región de Samara, y reportó además ataques en el Mar Negro. “Estamos llevando la guerra de vuelta a donde vino. Estamos acercando la paz para Ucrania“, sostuvo la cartera en un comunicado.

























