“El Islam es la peor peste que le ha ocurrido a la humanidad” | La advertencia del jesuita que unió ciencia y fe para denunciar la decadencia de Occidente

El sacerdote y astrofísico Manuel María Carreira, miembro del Observatorio Vaticano y colaborador de la NASA, advirtió hace casi una década sobre el vacío espiritual de Europa y el avance del islam como amenaza cultural.
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El sacerdote jesuita Manuel María Carreira fue un hombre de ciencia, pero también un provocador en el mejor sentido de la palabra. Doctor en Astrofísica por la Universidad de Georgetown, miembro durante quince años del Observatorio Vaticano y asesor de la NASA, dedicó su vida a demostrar que fe y razón no eran caminos opuestos. 

En una entrevista concedida en 2016 al diario El Español, sus palabras sacudieron al mundo religioso y académico: “El Islam es la peor peste que le ha ocurrido a la humanidad en los últimos dos mil años”.

Lo decía sin cálculo ni deseo de escándalo. Su tono era el de quien reflexiona más que el de quien acusa. En esa conversación explicó que su juicio nacía de la observación histórica y cultural: El islam “es totalmente incapaz de establecerse dentro del mundo con respeto a los derechos humanos. O acepta uno su modo de pensar o es un infiel y hay que asesinarlo. Eso es lo que se traduce del modo de actuar, como mínimo, de una porción importante de quienes aceptan el islam.” 

Su crítica, más que religiosa, era civilizatoria. Apuntaba a la imposibilidad de integrar una cosmovisión teocrática con las libertades individuales que Occidente había conquistado tras siglos de conflictos y revoluciones.

– Manuel María Carreira, “el científico con sotana”

Carreira hablaba como filósofo y científico, pero también como hombre de fe que veía con alarma el proceso de secularización europea: “Nuestra ética es de base cristiana y el Estado debe tener en cuenta esos principios. Hoy se están borrando las raíces espirituales que dieron sentido a la civilización occidental”. No era una defensa clerical de la Iglesia, sino una advertencia sobre el vaciamiento moral que acompaña a las sociedades sin referencias trascendentes.

Ese diagnóstico se volvió profético. Casi una década después, Europa vive una crisis de identidad que Carreira anticipó con claridad. Según el informe TE-SAT 2024 de Europol, en 2023 se registraron 120 incidentes terroristas dentro de la Unión Europea, de los cuales 98 fueron ataques completados, 9 fracasaron y 13 fueron abortados. Francia, Bélgica y Alemania se mantienen entre los países más afectados por intentos de radicalización yihadista. En paralelo, las tensiones por la inmigración, el debate sobre los límites de la libertad religiosa y la creciente polarización política han erosionado el consenso sobre qué valores sostienen a Europa.

Carreira consideraba que esa pérdida de convicciones era más peligrosa que cualquier fanatismo. “No podemos convertir la fe en elemento político —decía—, pero tampoco pretender que la moral pública flote en el aire, sin raíces. Cuando una civilización deja de creer en algo, deja de defenderse”. Su visión coincidía con la de Benedicto XVI, quien había advertido que “una razón desvinculada de la fe termina devorándose a sí misma”.

Su pensamiento incomodó tanto a progresistas como a conservadores. Defendía la secularización “en la medida en que el Estado no imponga una creencia”, pero rechazaba el laicismo militante que reduce la religión a superstición. Sostenía que “la tradición española —y europea— es cristiana, y negarlo es negar la historia”. También se mostraba crítico con ciertas prácticas islámicas cuando contradecían la igualdad ante la ley: “Si un musulmán quiere tener varias esposas, el Estado debe intervenir, porque tendría consecuencias sociales no aceptables.”

Para Carreira, el islam no era una religión en el sentido teológico que él comprendía desde la filosofía cristiana. “Nació como un cristianismo descafeinado”, explicó en la entrevista. “Quitaban lo que no entendían: la Trinidad, la Encarnación. Hicieron un cristianismo reducido a lo mínimo, pero siempre con el deseo de apartar la idolatría. No tienen una teología propia, sino un modo de pensar elemental que les sirve para andar por casa.” No había en sus palabras odio, sino la convicción —discutible, pero intelectualmente honesta— de que el islam no había producido un modelo de sociedad compatible con la libertad moderna.

Su análisis resuena hoy no solo en Europa. En la Argentina, aun sin conflictos religiosos de aquella magnitud, la secularización avanza de modo sostenido. Según la Segunda Encuesta Nacional sobre Creencias y Actitudes Religiosas en Argentina (CONICET–UNC, 2023), la proporción de personas que se declara “sin religión” pasó del 11,3% en 2008 al 21,8% en 2023, prácticamente el doble en quince años. Más que un dato demográfico, ese desplazamiento expresa un vaciamiento simbólico: la pérdida de referencias morales compartidas, la sustitución de la trascendencia por el consumo y el debilitamiento del vínculo con las instituciones tradicionales

Carreira veía en ese vacío una amenaza mayor que cualquier enemigo externo. Decía que “una sociedad sin sentido trascendente se vuelve incapaz de distinguir el bien del mal”. No se trataba de imponer dogmas, sino de preservar la conciencia de que la libertad necesita un fundamento ético. Su crítica al islam, en el fondo, era una advertencia sobre nosotros mismos: sobre lo que ocurre cuando una cultura deja de creer en algo y entrega su destino al relativismo.

Murió en 2020, convencido de que Europa había comenzado su decadencia espiritual. Sus palabras, reavivadas en redes sociales, vuelven a dividir aguas. Algunos lo consideran un pensador lúcido que vio venir el choque cultural entre Occidente y Oriente; otros, un polemista que traspasó la línea del respeto. Pero su diagnóstico persiste con inquietante actualidad: el conflicto no es solo entre religiones, sino entre una fe que se impone y otra que se disuelve.

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DELIRIO WOKE: Concejales veganos consiguieron prohibir la publicidad de carne en Ámsterdam

La capital de Países Bajos prohibió la publicidad de la carne y de otros productos considerados “de alto impacto climático” en espacios públicos a partir del 1° de mayo. La medida alcanzó a soportes como vallas publicitarias y marquesinas de colectivos, y apuntó a vetar la promoción en la calle de productos como la carne, los viajes aéreos y los automóviles motorizados con combustibles fósiles.

La decisión se originó tras la presentación de un proyecto de ley redactado por concejales del Partido por los Animales y el Partido Verde/Izquierda. El consejo municipal local aprobó la ordenanza con el respaldo de 27 de los 45 escaños.

Según lo informado, la prohibición no se aplicó a la comunicación comercial dentro de los establecimientos: los comercios pudieron seguir anunciando sus productos en el interior de sus propios locales. La ordenanza se enmarcó en una estrategia municipal ligada “al cambio climático y a la promoción de patrones de consumo con menor impacto ambiental”. 

La iniciativa fue valorada por el veganismo internacional, uno de los brazos fuertes del comunismo. Joey Cramer, director de ProVeg en Países Bajos, afirmó: “Sabemos que la mayoría de las emisiones de carbono en el sistema alimentario provienen de la producción de carne, por lo que tiene sentido que Ámsterdam restrinja la publicidad de la carne como parte de su estrategia para promover el cambio del sistema alimentario”.

Desde ProVeg España, su directora de comunicación, Verónica Larco, celebró la restricción ya que “sienta un buen precedente y un ejemplo a seguir, donde las medidas políticas respaldan los objetivos climáticos y de salud a corto y largo plazo”.

Además de la carne, la ordenanza de Ámsterdam incluyó la restricción de anuncios de combustibles fósiles, vuelos, cruceros y vehículos de gasolina, y consolidó en una normativa municipal limitaciones que hasta ese momento se habían aplicado mediante acuerdos voluntarios con anunciantes. 

Ronald Lauder, presidente del Congreso Judío Mundial, el principal interesado y promotor de la invasión de Trump a Groenlandia

Un capítulo más al caso Groenlandia. ¿Por qué EEUU está tan interesado en dicho territorio?, ¿de dónde viene ese interés?, ¿qué es lo que le motivó a Trump para ser tan incisivo con ese punto estratégico en geopolítica? Se van dando a conocer detalles de todo este proceso y la última revelación es sintomática. La de cómo Trump retomó la idea de hacerse en propiedad con Groenlandia fuera como fuera…

Ese interés histórico lo retomó EEUU en 2018 bajo el primer mandato de Donald Trump en la Casa Blanca. Y lo ha vuelto a hacer ahora en el segundo, pero ya adentrándose totalmente en el asunto en cuestión.

Según han revelado John Bolton, exasesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Donald Trump se vio influenciado por un amigo. El multimillonario heredero del imperio cosmético Estée Lauder y Presidente del Congreso Judío Mundial, Ronald Lauder, que le metió en la cabeza esa obsesión.

De hecho, las manifestaciones de Bolton a The Guardian han llamado la atención. Porque, según señala, un día le convocaron al Despacho Oval para hablar de una “nueva idea”. “Un conocido empresario había sugerido que EEUU comprara Groenlandia”, explicó. Ese era Ronald Lauder. Y todo bajo el concepto de tener el control estratégico, económico y político de Washington en una región clave.

Y Lauder añadió alternativas para reforzar la influencia estadounidense sin necesidad de comprar el territorio, como la firma de “un nuevo acuerdo trilateral con Groenlandia y Dinamarca para formalizar la cooperación en el Ártico”.

Así se empezó a trazar esta vía

Bolton indicó que llegó a discutir directamente con él la posibilidad de captar Groenlandia y que un equipo de la Casa Blanca empezó a explorar fórmulas para aumentar la influencia estadounidense en el territorio ártico bajo soberanía de Dinamarca. Incluso se plantearon cambiarlo por Puerto Rico.

Esta ambición de Trump se basa en la idea que le metió en la cabeza su amigo Ronald. “El concepto de Groenlandia de Trump nunca fue absurdo; fue estratégico”, llegó a escribir este último en un artículo de opinión en The New York Post hace un año.

Trump-Ronald Lauder: ¿de dónde viene ese vínculo?

Son amigos de toda la vida. Tanto Donald Trump como Ronald Lauder llevan haciendo migas desde hace más de seis décadas que se conocen y forjaron una gran amistad. Los dos cursaron estudios en la Wharton School of Business.

Pero es que además, Ronald ha estado siempre muy vinculado al ideario político de Trump. De hecho, ha sido un importante donante del Partido Republicano y también de causas conservadoras. Llegó a donar cinco millones de dólares a MAGA Inc., el comité de acción política que respalda a Trump.


*Fuente: The Guardian

HUMOR por Argüelles

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