El debate entre Harris y Trump | Un momento decisivo en la carrera presidencial de Estados Unidos

Mañana martes, Kamala Harris, vicepresidenta y candidata demócrata a la Casa Blanca, y Donald Trump, expresidente y candidato republicano, se enfrentarán en un crucial debate presidencial en Filadelfia.
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El encuentro, que tendrá lugar en el National Constitution Center a partir de las próximo martes a las 22:00 (hora de Argentina), promete ser un momento clave en la carrera hacia las elecciones presidenciales del 5 de noviembre, donde ambos aspirantes intentarán captar el voto de los indecisos en un escenario de empate técnico.

Este será el primer cara a cara entre Harris y Trump desde que la actual vicepresidenta asumió la candidatura demócrata —reemplazando al presidente Joe Biden, quien decidió no postularse a la reelección tras un desempeño errático en el primer debate del 27 de junio—. En ese evento, Trump criticó duramente al mandatario, lo que contribuyó a la retirada de Biden de la contienda.

La cita de este martes no solo es importante por ser el primer enfrentamiento entre Harris y Trump, sino también por el delicado clima político que envuelve a ambos candidatos. Harris, quien busca consolidar su imagen frente a los votantes indecisos, debe probar que está lista para asumir la presidencia. Por su parte, Trump llega tras una campaña marcada por tensiones, incluyendo un intento de asesinato en Pensilvania, mientras busca regresar a la Casa Blanca tras su mandato entre 2017 y 2021.

Con un empate técnico en las encuestas, ambos candidatos se encuentran en un punto de inflexión en la campaña. Según una encuesta del New York Times, Trump cuenta con un 48% de intención de voto frente al 47% de Harris, con un margen de error del 3%. Sin embargo, Harris lidera en estados clave como Wisconsin, Míchigan y Pensilvania, donde los márgenes son estrechos, lo que resalta la importancia de conquistar al electorado indeciso. Este segmento será decisivo en noviembre.

En este sentido, Harris debe centrarse en aumentar su reconocimiento público. Aproximadamente un 25% de los votantes indecisos no están familiarizados con sus ideas, mientras que Trump tiene un porcentaje significativamente menor de desconocimiento. La vicepresidenta planea presentar una agenda que combina la preservación de derechos como el aborto con el discurso económico de prosperidad en un intento por distanciarse de las críticas hacia la administración Biden.

Trump, por su parte, centrará su estrategia en atacar la gestión económica de Biden, un tema que utilizó con éxito en sus campañas anteriores. Según encuestas internas del equipo de campaña republicano, el expresidente supera a Harris en un 15% en cuestiones relacionadas con la economía, la inflación y el empleo. Además, Trump pondrá énfasis en la política exterior, criticando la retirada de Afganistán y la gestión demócrata en la guerra de Ucrania, temas que considera puntos débiles de la administración actual.

Para Harris, este es su primer gran debate presidencial. Enfrenta, sin embargo, a un oponente con experiencia tanto en debates políticos como en la televisión, lo que añade presión a su actuación. Según expertos, Trump se siente cómodo frente a las cámaras y no dudará en utilizar tácticas disruptivas para desestabilizar a Harris, aprovechando temas controvertidos como su género, etnia y religión.

Este enfrentamiento, además, se presenta en un momento en el que la política estadounidense está profundamente polarizada, y la inquina personal entre ambos candidatos es evidente. A diferencia de otros debates presidenciales, no se espera que haya un gesto de cordialidad inicial, como el habitual apretón de manos, lo que refleja las tensiones que definirán este evento.

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Trump pidió eliminar el comité de la ONU que cada año respalda el reclamo por las Islas Malvinas

El gobierno de Donald Trump pidió eliminar el Comité Especial de Descolonización de las Naciones Unidas, el foro donde la Argentina sostiene cada año su reclamo de soberanía sobre las Islas Malvinas. El planteo llegó el pasado jueves 15, durante una sesión de la Cuarta Comisión de la Asamblea General en Nueva York. Allí, la representante estadounidense Tammy Bruce solicitó la finalización del mandato del organismo y calificó parte de su actividad como un despilfarro de recursos.

Desde el principal aliado internacional de la Casa Rosada llegó así una iniciativa que beneficia al Reino Unido y perjudica a los intereses argentinos. Ocurrió en plena ofensiva del Gobierno por el archipiélago y contra la explotación petrolera en sus aguas.

—El comunicado oficial de la ONU que da cuenta del pedido de Estados Unidos para terminar con el mandato del Comité Especial de Descolonización

De acuerdo con el comunicado de prensa GA/SPD/841 que difundió la ONU, la funcionaria afirmó que el comité “dejó de cumplir su propósito original”. Recordó que más de 80 antiguas colonias ya se incorporaron como Estados miembros, mientras el organismo “opera como si nada hubiera cambiado” y revisa los mismos textos cada año. También apuntó contra “los viajes anuales a centros turísticos del Caribe y el Pacífico Sur”, que consideró una pérdida de tiempo y de dinero para la organización.

Como ejemplo eligió a Puerto Rico. La Asamblea General quitó a la isla de la lista de territorios no autónomos en 1953, pero el comité celebra audiencias sobre ella todos los años. “Los habitantes de los territorios restantes merecen algo mejor que ser considerados meros instrumentos” en campañas políticas, remató. Su intervención no mencionó a las Malvinas.

El C-24, como se lo conoce en la jerga diplomática, nació en 1961 como órgano subsidiario de la Asamblea General para impulsar el fin del colonialismo. Lo integran 29 Estados y examina 17 territorios no autónomos, diez de ellos bajo administración británica, Malvinas incluida. Desde 1983 aprueba cada año una resolución que insta a Buenos Aires y Londres a negociar la soberanía, en línea con la resolución 2065 de la Asamblea General, de 1965. Estados Unidos abandonó el comité en 1971, con el argumento de que no le permitía cumplir un rol constructivo.

En esa misma sesión, la Cuarta Comisión aprobó más de 20 proyectos de resolución y una decisión, muchos surgidos de recomendaciones del C-24. Estados Unidos, el Reino Unido e Israel fueron los únicos votos en contra del texto sobre difusión de información sobre descolonización, que reunió 164 apoyos. La delegación británica, por su parte, reclamó que el comité reconozca la “modernización” de su vínculo con los territorios de ultramar.

Para Javier Milei, la jugada abrió la primera diferencia geopolítica con Trump. El Presidente comparte con el republicano la desconfianza hacia la eficacia de la ONU, pero considera al C-24 uno de los pocos escenarios multilaterales disponibles para el reclamo. 

Se espera que el canciller Pablo Quirno anuncie el rechazo argentino ante el vicesecretario de Estado, Christopher Landau, y el subsecretario para Asuntos del Hemisferio Occidental, Juan Pablo Segura, que llegan esta semana a Buenos Aires para promover una iniciativa de infraestructura con inversión estadounidense. El viernes, Milei habló por teléfono con el secretario de Estado, Marco Rubio. Ambos “reafirmaron la solidez de la asociación”, aunque no trascendió si conversaron sobre las islas.

Para cerrar el comité hace falta la aprobación de la Asamblea General. Allí Estados Unidos no tiene poder de veto, y el C-24 cuenta con el aval de una amplia mayoría de países.

La postura de Washington choca con el discurso de Milei en la última Asamblea General. “Malvinas es para nosotros una causa nacional, repito, Malvinas es para nosotros una causa nacional”, dijo el Presidente desde el atril neoyorquino, donde acusó a la ONU de “inútil” y de “mirar hacia otro lado con la causa”. Recordó que hace 50 años la resolución 31/49 pidió a las partes abstenerse de introducir modificaciones unilaterales y se preguntó “de qué sirve una resolución si durante décadas la contraparte puede actuar en sentido contrario”.

Los tres cancilleres de Milei defendieron el reclamo ante el C-24. Diana Mondino recordó en 2024 los 191 años de ocupación británica. Un año después, Gerardo Werthein la definió como “un acto colonial, contrario al derecho internacional”. En junio pasado, Quirno denunció la “militarización” del archipiélago y rechazó el argumento británico de la libre determinación: “Existe una población británica implantada por la potencia ocupante luego de la expulsión de las autoridades y de los legítimos pobladores argentinos”.

El pedido de Washington coincidió con el momento de mayor tensión con Londres. La Argentina solicitó al Tribunal Internacional del Derecho del Mar, con sede en Hamburgo, medidas para frenar el proyecto petrolero Sea Lion, y el Reino Unido respaldó de manera explícita a las empresas involucradas. Compañías estadounidenses también expresaron su preocupación por las sanciones que prevé la Ley de Soberanía.

Trump había alentado la estrategia oficial cuando evaluó revisar la neutralidad histórica de su país sobre el archipiélago y se ofreció como mediador. Sin embargo, después de reunirse el 22 de septiembre con el primer ministro británico, Andy Burnham, descartó esa mediación.

La ofensiva contra el C-24 forma parte de los recortes que Washington impulsa en la ONU como su principal contribuyente. Esos recortes coinciden con la carrera para suceder a António Guterres, en la que compite el argentino Rafael Grossi con el apoyo de Milei.

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