Tomás Méndez, el operador de C5N que difunde fake news antisemitas

¿Qué puede decirse sobre C5N que no se haya dicho aún? Superó todas las marcas respecto de lo que es el anti periodismo. Todas...
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No se trata ya de defender los intereses de sus dueños, uno de los cuales es Cristóbal López, otrora testaferro del kirchnerismo y mafioso de alta laya. Ciertamente, hay pocos dueños de medios que superen el filtro de la honestidad.

Sin embargo, nadie se atreve a lo que se atreve C5N. Ya no es cuestión de informar de manera sesgada, sino de mentir, clara y sencillamente. Como cuando se dio por ganador a Daniel Scioli por sobre Mauricio Macri, en las elecciones generales de 2015.

A ello debe agregarse la extorsión lisa y llana a través de la pantalla del mismo canal y las operaciones de prensa basadas en dudosas -o nulas- fuentes de información. Es que, sin pudor, C5N es capaz de mostrar los correos electrónicos privados de un político de la oposición. O sus conversaciones de Whatsapp, desconociendo que ello es un delito penal.

En pos de defender a los Kirchner, ese canal tapa todos los chanchullos, incluso los evidentes, como los bolsos de José López. De la misma manera, sobregira la información contra los opositores al régimen K. De una gota, saben hacer un mar.

¿O acaso se acabó de un día para otro el problema del dólar, el riesgo país, el desempleo y la pobreza? Realmente son unos verdaderos caraduras. No sólo Cristóbal, sino también los periodistas que trabajan para él. Complicidad que le dicen.

Ahora, como si fuera poco todo lo antedicho, apareció el componente antisemita, de la mano de uno de los cronistas más oscuros que tiene ese canal: Tomás Méndez, quien ya fue expuesto en su Córdoba natal por sus berretas operaciones mediáticas, muchas de las cuales fueron registradas en puntuales cámaras ocultas.

Este personaje -para ser benevolente- aseguró que se puso a “investigar” los orígenes del coronavirus y que ello le permitió concluir que fue creado por los israelíes junto a empresarios de Estados Unidos y Europa. “Aquellos ricos que nacieron en Israel son los dueños de tu vida”, dijo al respecto.

Amén de que la información es falsa, provocó una ola de repudios de diversa índole, no solo por parte de la colectividad judía, sino también por referentes del periodismo y los Derechos Humanos.

Resta saber qué hará C5N respecto de la figura de Méndez. ¿Lo sostendrá a pesar de todo? ¿Lo despedirá? ¿Lo suspenderá al menos?

Todo indica que nada ocurrirá con este irresponsable, porque nada jamás sucede con los periodistas que “patinan” en ese canal. Los pifies parecen la regla, jamás la excepción.

Por lo pronto, desde este mismo portal, vaya el repudio más elocuente contra esa runfla de delincuentes. Por este hecho y por todo lo demás a lo que nos tienen acostumbrados… y lo que vendrá.

*Fuente: Periódico Tribuna de Periodistas – Christian Sanz


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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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