Suecia prohibió la música generada por IA en sus listas oficiales

El ranking sueco dejó afuera a una canción que superó las cinco millones de reproducciones y llegó a ubicarse entre lo más escuchado en Spotify.
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Suecia vetó de su lista oficial de éxitos a la canción “I Know, You’re Not Mine” (Jag vet, du är inte min) luego de confirmarse que se produjo con asistencia de inteligencia artificial. El tema, atribuido al artista Jacub, acumuló más de cinco millones de reproducciones desde su lanzamiento y se posicionó entre los más escuchados del país en Spotify, pero quedó fuera del ranking oficial por no cumplir con los criterios de elegibilidad.

La identidad de Jacub llamó la atención en la industria porque no existió un historial claro del supuesto artista: no contó con presencia significativa en redes sociales, entrevistas ni presentaciones en vivo. Esa ausencia de antecedentes llevó a periodistas a profundizar en el caso.

El periodista Emanuel Karlsten investigó el origen del tema y encontró que los derechos se registraron a nombre de varios ejecutivos vinculados a Stellar Music, una compañía danesa de publicación y marketing musical. Dos de esas personas integraron el área o división de inteligencia artificial de la empresa.

Jag vet, du är inte min

Provided to YouTube by Amuseio AB Jag vet, du är inte min · Jacub Jag vet, du är inte min ℗ Jacub Released on: 2025-11-25 Producer: Jacub Programming: Jacob Berg Percussion: Jacob Berg Guitar: Jacob Berg Drums: Jacob Berg Cello: Jacob Berg Bass: Jacob Berg Mixing Engineer: Jacob Berg Composer: Jacob Berg Lyricist: Jacob Berg Auto-generated by YouTube.

Tras la investigación, los responsables del proyecto, productores que operaron bajo el nombre “Team Jacub”, enviaron un extenso correo o comunicado a Karlsten y afirmaron que su método de creación se interpretó de forma incorrecta, según informó la BBC. En su mensaje, el equipo sostuvo que Jacub no fue el resultado de un sistema automatizado ni de una empresa tecnológica impersonal, sino un proyecto artístico liderado por músicos, compositores y productores con experiencia, que dijeron haber invertido tiempo, sensibilidad artística y recursos en la canción.

Según esa defensa, la inteligencia artificial se utilizó únicamente como una herramienta de apoyo dentro de un proceso creativo guiado por humanos, comparable a un instrumento o a un software de producción. También argumentaron que las más de cinco millones de reproducciones en Spotify respaldaron el valor artístico y la conexión emocional del tema con el público. Sobre la identidad de Jacub, ofrecieron una definición abierta: “Jacub es un proyecto artístico desarrollado y llevado a cabo por un equipo de compositores, productores y creadores humanos. Los sentimientos, historias y experiencias en la música son reales, porque vienen de personas reales”, explicaron los productores.

Pese a esas aclaraciones, IFPI (Federación Internacional de la Industria Fonográfica), la organización que representó a las discográficas y a la industria musical grabada en Suecia, dejó claro que su criterio se basó en el nivel de participación de la inteligencia artificial: si una canción se generó principalmente con IA, entonces no pudo aparecer en la lista oficial, aunque sumara millones de escuchas. Como resultado, el tema siguió siendo popular en servicios de streaming, pero no se reflejó en las listas oficiales de éxitos del país.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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