Ruggeri PULVERIZÓ a Sylvestre | “Maleducado, irrespetuoso, imbécil, tarado”

El “Cabezón” destrozó en Fox Sports al operador K Gustavo Sylvestre por sus repudiables dichos sobre los héroes de Malvinas.
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Oscar “El Cabezón” Ruggeri criticó duramente al operador Gustavo Sylvestre por sus dichos sobre la guerra de Malvinas que generaron una gran polémica.

“Vieron que el otro día justo estábamos haciendo la entrevista con Gary Lineker, inglés, y hablamos de las Malvinas”, comenzó su alocución el integrante de 90 Minutos de Fútbol.

“Yo tengo un grupo que es la clase 62′, que me ingresaron en el grupo. Es la sexta división, que yo estaba en Boca en el año 79′, de los cuales hay dos chicos, Dolar y Suárez, que fueron a las Malvinas. Les tocó ir a la guerra”, siguió el Cabezón.

Luego, agregó: “Realmente, le quiero contestar a (Gustavo) Sylvestre yo. A ese maleducado, irrespetuoso, imbécil, tarado, todas las que le puedan entrar, de C5N, periodista. bah, dice que es periodista, para mí no sé qué es. Le quiero contestar porque les dijo cobardes a todos los de las Malvinas, porque perdieron la guerra por cobardes”, dijo.

“Es una locura lo que hiciste, Sylvestre. No puedo creer que nadie dijo nada. No puedo creer que en silencio, todos. A todos los de Malvinas, mis respetos por siempre”, agregó.

Además, dijo que no puede creer “que una persona que dice ser argentino, que agarra los papeles así, y se hace el que camina, con moral… qué impresentable sos, Sylvestre, qué impresentable que sos”.

“Yo creo que todos tenemos alguna persona conocida que habrá ido a las Malvinas. Yo tengo a estos dos chicos. Nunca nos contaron nada de ahí. Solamente, sí esta semana, que estaban muy tristes por lo que habían escuchado de este periodista. Muy dolidos. Ni los derechos humanos, ni las Madres de Plaza de Mayo, ni a usted, presidente: no tuvieron la delicadeza de salir a contestar. Usted, presidente, que le contesta a mucha gente. Me extraña de usted que no le salga a contestar. No sé si es por las caras de los clientes, según de dónde son, le contesta o no”.

Finalmente, manifestó su agradecimiento a los soldados argentinos que intervinieron en la guerra: “A todos los que les tocó ir a las Malvinas; todos los argentinos, tenemos el respeto mayor, van a ser héroes para siempre, y no le tienen que hacer caso a dos o tres estúpidos que siempre tenemos acá, que no merecen ser escuchados. Y esperando, por supuesto, la respuesta de todos los que nombré. Que siempre cuando alguien dice algo, salen a responder inmediatamente. A mí me gustaría escucharlos a todos. A usted, presidente, me encantaría escucharlo decir algo. De los chicos que han muerto allá, familias destruidas enteras acá, que le han dado un poquito de ropa, le han dado un rifle, y lo han mandado a combatir con tipos que eran profesionales, que tenían ropa térmica, y armas con las que podían ver a los soldados argentinos”, cerró.


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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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