RESENTIMIENTO | El presidente del INCAA quiere ponerle impuestos a Netflix para “fomentar el cine argentino”

Luis Puenzo promoverá un "impuesto razonable, simple y justo, destinado a fomentar la actividad en el mediano plazo".
rafaela-biazi-470405-unsplash.jpg
10 Years Experiences

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

Puenzo, aseguró este martes que el organismo está trabajando en un impuesto a Netflix para financiar el cine argentino. Por más ridículo que parezca, es real.

“Hay muchas cosas para revisar, pero en que las plataformas tributen estamos todos de acuerdo, como en su momento pagaron los videoclubes”, señaló Puenzo en diálogo con portal ultrakirchnerista El Destape Radio.

Hoy, al impuesto que se cobra por cada entrada “el INCAA lo recibe mal y con una ambigüedad enorme en los números una ley de cine que es un Frankenstein. Hay un giro en la manera de ver cine que es el streaming y las plataformas. Y ahora generó mucha demanda”.

Respecto de la crisis que vive el sector, que sufre por el cierre de los cines por tiempo indefinido, el funcionario dijo que están trabajando en programas de asistencia para la industria audiovisual. “Estamos trabajando sobre tres medidas. Ya tomamos dos. Una son dos ayudas para los dos sindicatos fuertes del cine, los de técnicos y los de actores. También acordamos una ayuda a las obras sociales de los sindicatos de técnicos y actores de 6 millones para cada uno“.

“Vamos a tomar una medida para directores, guionistas, productores, arte, etc.., son una serie de concursos para poder inyectar dinero en todo el abanico de la industria, señaló el funcionario.

Pensando específicamente en el streaming, el presidente del INCAA fue más allá. Le dijo a Página 12 en aquéllos días iniciales de gestión, a mediados de diciembre pasado, que en el caso de las plataformas “habría que ponerle impuesto al consumo, como se hizo con el cine. Habría que ponerle un impuesto al abonado “. Y explicó por qué: “Cuando usted va al cine, el impuesto lo paga usted, no la compañía por,que a ésta no habría cómo cobrarle”.

El debate reapareció a mediados de abril, cuando la emergencia por el coronavirus dejó a la actividad cinematográfica local en un escenario de parálisis total que todavía se mantiene. En ese momento, la Cámara Argentina de la Industria Cinematográfica (CAIC) volvió a apuntar a las plataformas. En este caso reclamó la urgente reglamentación de un impuesto que ya se aplica y se cobra. Es el 21% en concepto de IVA que las plataformas aportan al fisco desde la reforma impositiva de 2017.

“Esa carga impositiva recaudada por la AFIP debería ser derivada en un 50 por ciento al Fondo de Fomento Cinematográfico. Pero no existe aún la reglamentación que indique cómo instrumentar esa derivación”, argumenta la CAIC, entidad que agrupa a las productoras de cine más importantes de la Argentina.


Search

Unite a nuestro grupo de Telegram, donde te compartimos las noticias más importantes.

Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

LO MÁS IMPORTANTE

TWEET DEL DÍA

Tevero liberavisse
comprehensam nec.

Copyright 2023 © Data 24 - Todos los derechos reservados
Data 24.com.ar © Copyright 2025

Subscribe Now