Ramón Carrillo, el médico nazi que estaría en el billete de $5.000

En Twitter se volcaron las quejas sobre la decisión y el "plan sanitario nacional" impulsado por el neurólogo elegido por Juan Domingo Perón para convertirse en el primer ministro de Salud.
rafaela-biazi-470405-unsplash.jpg
10 Years Experiences

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

Ante la inminente producción del nuevo billete de $5000 aparecieron las primeras imágenes de cómo sería el papel y las figuras elegidas para colocar en el frente desataron la polémica en redes sociales, que repudiaron a los personajes seleccionados.

Los nombres de las figuras elegidas empezaron a resonar en las redes que volvieron a la palabra “Nazi” una tendencia a nivel nacional por las quejas de usuarios sobre la decisión de ubicar al neurólogo Ramón Carrillo al frente del billete junto a la médica argentina Cecilia Grierson.

Carrillo fue designado en 1946 por Juan Domingo Perón y se convirtió en el primer ministro de Salud en Argentina. El neurólogo y neurocirujano llevó adelante un “plan sanitario” destinado a “erradicar” la homosexualidad en Argentina y a una “pureza” racial.

“El doctor Carrillo, llevó adelante un plan sanitario nacional alimentado por el propósito de dar vida a una generación de ‘perfectos’ adeptos al régimen”, escribió en su cuenta el autor Gabriel Levinas.

El neurocirujano santiagueño se graduó con medalla de oro en la Universidad Buenos Aires, trabajó en los laboratorios que desarrollaron anfetaminas para el ejército nazi

Quién fue Ramón Carrillo

*Por Federico Piccionari Aimar – La Voz

En algunas de sus publicaciones, Carrillo ya mostraba inclinaciones hacia la eugenesia, una disciplina a mitad de camino entre la biología y la política que promueve el mejoramiento de razas impulsando la reproducción de los “más aptos” y restringiendo la de los “menos aptos”. Carrillo apuntaba la la creación de un “tipo argentino ideal”.

En 1930 gana una beca de la Universidad de Buenos Aires y se marcha a Europa. Desembarca en Hamburgo, puerto del Elba de la convulsionada República de Weimar. En total, viaja 3 años por el Viejo Continente, estudiando, investigando y aprendiendo neurociencias en Amsterdam, Berlín y París.

En una carta dirigida a Perón del 31 de julio de 1954, Carrillo escribe:

(…) “yo estuve en Holanda y Alemania, los cinco años anteriores a la última guerra y me di cuenta, antes de volver a Argentina, que se estaba preparando la guerra de los ‘laboratorios’ donde yo trabajaba sobre fatiga y sobre drogas contra la fatiga, que luego utilizaron las fuerzas blindadas para hacer marchas de cinco y seis días sin dar descanso a la tropa” (…)

Durante la Segunda Guerra Mundial, Carrillo se manifiesta abiertamente neutral. Algunas fuentes afirman que admiraba a Hitler: el médico habría presenciado por casualidad un acto del führer cuando estaba en Alemania y quedó impresionado con la oratoria de uno de los máximos responsables del desastre europeo.

Su gestión a cargo de la cartera de salud dura 8 años. Desarrolla una arquitectura del sistema sanitario y una “medicina social”. Esta última, según palabras de Carrillo:

(…) “es abarcadora y superior (…) y eminentemente preventiva, cumpliendo así con uno de los más claros objetivos del gobierno nacional de la época: mejorar la raza y producir una población sana y fuerte para la Nación”. (…)

Por esta época, llega como refugiado a la Argentina Carl Peter Værnet, un mayor de las SS danés que trabajó en el campo de concentración de Buchenwald, en línea directa con Himmler. Værnet dedicó su vida a experimentar con hormonas intentando “curar” la homosexualidad, con tratamientos que incluían castraciones y altas dosis de testosterona. Al menos 13 personas murieron en las semanas sucesivas con estos tratamientos en Buchenwald. En Argentina no se oculta, y comienza a trabajar en el Ministerio de Salud e investigando con pacientes. Se cree que 4 mil personas pasaron por su consultorio en Buenos Aires. Murió en 1965, sin ser juzgado.

Las inclinaciones eugenésicas también se reflejan en Carrillo en declaraciones como las siguientes:

(…) “no puede decirse que lo tendencia a la prostitución sea hereditaria, pero es evidente que ciertas enfermedades o anormalidades que se presentan con frecuencia entre las prostitutas son hereditarias, como la deficiencia mental y las psicopatías. Sin duda alguna, estos hechos hereditarios juegan un gran rol entre las causas de la prostitución” (…)


Search

Unite a nuestro grupo de Telegram, donde te compartimos las noticias más importantes.

Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

LO MÁS IMPORTANTE

TWEET DEL DÍA

Tevero liberavisse
comprehensam nec.

Copyright 2023 © Data 24 - Todos los derechos reservados
Data 24.com.ar © Copyright 2025

Subscribe Now