PRIORIDADES | Tinelli acudió a la Rosada para pedir por la vuelta de Showmatch

El showman fue con Suar y se reunió con Cafiero, Puenzo y Ginés para que le aprueben el protocolo sanitario para su programa.
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Marcelo Tinelli fue a la Casa Rosada con el objetivo de que el Gobierno apruebe la vuelta a su programa Bailando por un Sueño.

El conductor de Showmatch acudió a junto a Adrián Suar y se reunió con el jefe de gabinete, Santiago Cafiero, el ministro de Salud, Ginés González García y el titular del Incaa, Luis Puenzo. También estuvieron el subsecretario general de la Presidencia, Miguel Cuberos, y Cecilia Todesca, la vicejefa de Gabinete.

Según dijeron a La Política Online fuentes oficiales, se empezaron conversaciones para evaluar posibilidades de retomar algunas actividades de la industria audiovisual. “No hay fecha”, dijeron las fuentes, pero aclararon que se empezaron a definir los protocolos sanitarios para habilitar la vuelta del espectáculo.

La semana pasada, durante una visita a las instalaciones de San Lorenzo, el club que preside, Tinelli se había quejado delante de funcionarios y dirigentes porque no le dejaban arrancar el programa pese a tener el protocolo. Su idea de lanzar el programa el 29 de abril se había sepultado.

“Está el protocolo, aún así, no se puede”, dijo Tinelli, en su primer cortocircuito con el gobierno de Alberto Fernández, al que incluso soporta a través de la mesa contra el hambre.

“Vos ponés cuatro actores, les ponés una peluca… No se puede. Bueno, entonces listo… vamos con los periodistas… se puede… Es rarísimo”, se quejó entonces, según anticipó el periodista Ángel de Brito, que trabaja en el mismo canal en el que se emite el Bailando.

Suar, por su parte, había tenido que sacar de la grilla del 13 a la ficción Separadas, integrada por un elenco de estrellas como Celeste Cid y Gimena Accardi.

Luego de la reunión con los funcionarios nacionales, Tinelli hizo un vivo en Instagram y se mostró confiado en que vuelva el Bailando: “Tenemos todo el protocolo preparado” y anticipó que en junio podría darse el retorno que conduce desde 2006.

*Fuente: La Política Online


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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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