Por la catarata de insultos y burlas, Alberto Fernández bloqueó los comentarios en su Instagram

"Sos un fracaso"; "el dólar a $400" y "gracias a Dios te queda poco", son algunos de los comentarios que el Presidente recibió antes de limitar permanentemente los comentarios de su cuenta de Instagram.
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Los últimos meses del mandato del presidente Alberto Fernández se están dificultando. No solo por la escalada inflacionaria, la inseguridad o la pérdida del poder adquisitivo, sino también por el tenso clima social. A pesar de que la portavoz gubernamental, Gabriela Cerruti, niega la crisis, el Jefe de Estado siente en carne propia lo que su propia gestión ha generado.

En relación a los escraches y la golpiza que ha recibido el ministro de Seguridad bonaerense Sergio Berni, por motivos de inseguridad, Alberto Fernández ha optado por cancelar sus eventos en Provincia de Buenos Aires. Así como también, valla fuertemente sus actos en todo el territorio nacional, dado que ya ha sido víctima de recriminaciones públicas.

La reacción de Alberto Fernández al ser increpado en medio de un acto

El presidente Alberto Fernández encabezó un acto en la localidad de Exaltación de la Cruz, en el que tuvo que atravesar un momento incómodo por los reclamos de un militante que le gritó palabras ofensivas en el inicio de su alocución. Leé la nota en https://infob.ae/3Zs0ZvI

Ahora, el Primer Mandatario ha decidido sumarse al grupo de Victoria Donda y Gabriela Cerruti y limitó los comentarios en su cuenta de Instagram para evitar insultos, cuestionamientos y burlas. Puntualmente, las críticas apuntan a la suba de precios y a las menciones constantes que Fernández hace del gobierno anterior, en un claro intento de desligarse de culpas y responsabilidades.

“Te voté y me defraudaste, no te creo más nada. Por el bien de todos ni te presentes a elecciones, tu imagen es muy mala. Hiciste todo mal”, se lamentó @emasesma, un usuario que votó al dúo Fernández-Fernández. Otros, en tanto, lanzan constantes chicanas al Presidente, incluso lo acusan de “borracho” y consumir estupefacientes antes de salir a dar sus discursos.

Captura de la cuenta del Presidente (Instagram)

“Alberto, ¿Ahora vas chupado (sic) a los actos? Si no es eso no logro entender las burradas que decís. Quiero pensar que estás bajo los efectos de algo porque sino te tenés que ir directo al borda“; “Sos 100% ineficiente, hermano. 100% títere“; “¿Por qué no te llamas al silencio lo poco que te queda? Ya nos hundiste”, son algunos de los comentarios que recibió antes de cerrar su caja de comentarios de manera permanente.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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