PARÁSITO | Juan Grabois festejó el aumento de las retenciones y fue duramente repudiado en Twitter

Se refirió al tema como una "medida absolutamente necesaria" y apuntó contra la "renta extraordinaria".
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Grabois volvió a apuntar al sector agropecuario al “festejar” la suba de retenciones para la soja que confirmó ayer el Gobierno.

“El aumento de las retenciones a los grandes exportadores es una medida absolutamente necesaria para combatir la pobreza y reducir la desigualdad distribuyendo la riqueza derivada de la renta extraordinaria que genera la naturaleza prodigiosa de nuestro país”, afirmó Grabois en su siempre común y tan característico delirio.

Juan Grabois on Twitter: “El aumento de las retenciones a los grandes exportadores es una medida absolutamente necesaria para combatir la pobreza y reducir la desigualdad distribuyendo la riqueza derivada de la renta extraordinaria que genera la naturaleza prodigiosa de nuestro país. / Twitter”

El aumento de las retenciones a los grandes exportadores es una medida absolutamente necesaria para combatir la pobreza y reducir la desigualdad distribuyendo la riqueza derivada de la renta extraordinaria que genera la naturaleza prodigiosa de nuestro país.

Esta suba estaría acompañada de una compensación para pequeños productores, que beneficiaría a 3 de cada 4 productores de soja. Aunque en volumen se estima que un 77% de la producción va a estar gravada con el 33%, ajustando los números de los planteos agrícolas.

Las respuestas desde el sector agropecuario no tardaron en llegar, sobre todo de productores y algunos ex funcionarios ligados al campo.

Pedro Vigneau, productor de Bolivar (Buenos Aires) y ex presidente de Aapresid, fue tajante: “MENTIRA. Juan necesita más planes para personas que no tienen trabajo porque no hay FORMA de generar trabajo con esta presión impositiva, que además es creciente. Probemos estimulando la creación de empleo genuino bajando la presión fiscal? VOS Te quedarías sin trabajo Juan…”.

Vigneau se refiere al hecho de que por una mayor presión impositiva a la soja se terminará produciendo menos en las próximas campañas, derivando en una menor recaudación.

Marcelo Nicoletta, asesor Ingeniero Agrónomo de la FAUBA respondió: “Hace 20 años que se están llevando la ‘renta extraordinaria’ para redistribuir la riqueza y bajar la pobreza, y lo único que pasó es que el pobre es cada vez más pobre, y se sumaron más. Lo que tendrías que hacer es explicar que hiciste con toda esa guita en planes que te llevas”.

El productor agropecuario y diputado de la Nación por la Provincia de Buenos Aires del PRO, Pablo Torello, comentó: “Juan, de tus palabras se desprende el desconocimiento que tenes del agro. No existe un manantial de soja o un maíz o trigo que sale de un surgente. Hay que preparar el suelo, sembrar, fertilizar, cuidar el cultivo de malezas, insectos y cosechar. Eso es inversión clima mediante”.

Torello prosiguió: “Luego hay que acondicionarlo, almacenarlo y comercializarlo. Eso se llama generar riqueza. Un ciclo por año. Y este gobierno en 80 días ya cambió las reglas de juego 2 veces. La pobreza se elimina con trabajo, no saqueando a los que producen”.

El economista Ivo Ordoñez publicó sobre la afirmación de Grabois: “Nada de todo esto es correcto. Lo más importante a corregir es que la riqueza que produce el campo se produce con el conocimiento y el trabajo de argentinos y argentinas. Nada saldría del campo sin ellos. Basta de buscarle justificación moral o económica a las retenciones”.


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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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