El nadador transexual Lia Thomas es nominado a Mujer del Año

Lia Thomas el primer nadador trans que batió records tras declararse transexual y competir con otras mujeres, vuelve a generar polémica.
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La Asociación Nacional de Atletas Universitarios (NCAA) nominó al nadador transgénero Lia Thomas al premio Mujer del Año para este 2022, según lo anunciado por la propia entidad deportiva. El ganador será nombrado en la Convención de la NCAA en enero en San Antonio y se espera que vuelva a causar polémica el reconocimiento de un hombre biológico en una competencia femenina. 

A principios de este año, Thomas había causado revuelo al convertirse en el primer campeón transgénero de la NCAA en la historia de la Primer División tras ganar el estilo libre de 500 yardas femenino en marzo, dejando en ridículo al resto de las nadadoras mujeres sacando una diferencia significativa.

Lo llamativo de la situación fue que Lia, de nombre original William, compitió previamente en el equipo masculino con resultados mediocres quedando en el puesto 462, pero luego de hacer la transición y empezar a competir en el equipo femenino, arrasó y rompió todos los récords de tiempo, velocidad y duración consiguiendo la medalla de oro.

Respecto a esto, Thomas declaró: “Lo que la gente no entiende es que no nos sometemos al proceso de transición para competir, lo hacemos para ser felices, auténticos, para ser nosotros mismos. Tener ventajas deportivas no es algo que afecta nuestra decisión”. Y aseguró que las mujeres trans no son “una amenaza para el deporte femenino”.

El nadador pasó de conseguir resultados mediocres en el equipo masculino a arrasar con todos los récords del equipo femenino.

Sin embargo, en la competencia de marzo, Thomas terminó 1,75 segundos antes que el segundo lugar Emma Weyant, medallista olímpica y considerada la mejor nadadora femenina de Estados Unidos del momento.

Weyant, que tiene 20 años y compite para la Universidad de Virginia, representó a EE.UU. en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, consiguiendo la medalla de plata en los 400 metros combinados individuales.

Emma Weyant, medallista olímpica, fue superada por el nadador trans Lia Thomas, quien antes de la transición ocupaba el puesto 462 en el ranking masculino.

Este año, los resultados indicaban que Thomas sería quien representaría a su país en los próximos Juegos Olímpicos, pero FINA, organismo rector de la natación, votó en junio para restringir la participación de atletas transgénero en competencias femeninas internacionales.

Por lo general, quien recibe el reconocimiento a Mujer del Año suele ser un indicativo de quién encabezará el equipo para los JJ.OO., pero en esta ocasión lo esperable es que lo gane Thomas mientras que Weyant sería la delegada en París 2024.

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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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