Las reflexiones de Sebreli sobre la pandemia

El destacado ensayista habló desde el encierro con el equipo de "Pensándolo bien" sobre su situación particular y el complejo escenario mundial.
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10 Years Experiences

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“Me siento encarcelado y prisionero pero la mayor parte de las cosas que más me gusta hacer las hago en mi casa. Leer, escribir, escuchar radio, ver películas y y oír música. Siento mucho no poder callejear, no poder caminar por las calles y sentarme en un café”, contó en Radio Mitre.

En cuanto a la mirada global, Sebreli señaló que “con esa especie de muerte colectiva que es la pandemia, uno puede vivir la experiencia de algo completamente inédito en la historia de la humanidad”.

“Las pestes históricas siempre han sido locales. No hay dónde escaparse. Cuando nadie se acuerde del gobierno kirchnerista, esta pandemia va a seguir recordándose”, ironizó.

A su juicio, los grandes problemas que afronta la humanidad son globales y, por ende “no se pueden enfrentar con un estado nacional porque es impotente: pierde siempre”. “Si la solución no es global, no hay posibilidad alguna. Eso es lo que está sucediendo con la pandemia de coronavirus. La alternativa nacionalista que plantea que hay que cerrarse y hacer frontera porque la enfermedad vino de afuera, y la tendencia de entender que no se puede luchar a nivel nacional. La cura no puede ser nunca el problema de un estado”, expresó.

En esa línea, Juan José Sebreli vaticinó que el fin del virus que tiene en vilo al mundo abrirá una encrucijada política y económica entre dos modelos antagónicos.

Al mismo tiempo, Sebreli auguró que “nos espera una profunda crisis económica y a la Argentina más que a ningún otro país” debido a que “estos cierres del movimiento económico se traducen en millones de desocupados”.

A propósito de la dicotomía planteada entre salud o economía, el filósofo consideró que ambas son escindibles ya que “no se puede tener salud si no funciona la economía en un país y estamos ante un dilema que nos fuerza a elegir entre dos males”.

“En Argentina todo es doble. Es una situación de un gobierno bifronte que no existe en el mundo. Antes de la pandemia, iba andando. Pero ahora la cosa se puso muy grave. Todos los días empiezan a salir problemas gravísimos”, advirtió a modo de cierre.


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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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