Las películas argentinas y españolas que relatan lo sucedido durante las dictaduras: “Argentina 1985” y “Modelo 77”

Llegaron a los cines las nuevas películas que relatan la historia de las últimas dictaduras en Argentina y España.
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Al igual que en Netflix son furor actualmente las series documentales de asesinos en serie como John Wayne Gacy, Jeffrey Dahmer o incluso el famoso homicida Ted Bundy, en las carteleras españolas y argentinas resuenan en este momento producciones que relatan la historia de las últimas dictaduras ocurridas en dichos países, hechos tan aterradores como los anteriormente mencionados.

Las portadas de ambas películas disponibles en cines.

“Argentina 1985” es una producción de Ricardo Darín (Kenya Films) y distribuida por Amazon Prime Video. Productor y actor, Darín protagoniza esta nueva película de la mano de Peter Lanzani, el primero interpreta a el fiscal que llevó a cabo el conocido “Juicio contra las Juntas”, Julio Strassera, en contra de los militares que estuvieron en el poder durante la última dictadura entre 1976 y 1983. Por otro lado, Lanzani imita a Luis Moreno Ocampo, el primer Fiscal Jefe de la Corte Penal Internacional durante este período. Si bien las opiniones le dan al filme un buen puntaje, personas como Sergio Sánchez de el “Diario La Razón”, creen que que a pesar de ser Darín un director “tan dotado para revisar los clichés políticos (…) ha sucumbido a una cierta telefilmización de su tema” y admite que “echa de menos algo de complejidad”.

Ricardo Darín y Peter Lanzani en “Argentina 1985”

En España nos encontramos con una reciente película llamada “Modelo 77” interpretada por Miguel Herrán, conocido popularmente por su papel de Río en “La Casa de Papel”, y Javier Gutiérrez, el reconocido actor español que también protagonizó “La Isla Mínima”. La productora es “Atípica Films” y publicó lo siguiente en su página sobre el estreno: “Recientemente hemos coproducido con Movistar+ la última película de Alberto Rodríguez: «Modelo 77», que ha sido elegida para inaugurar la 70ª Edición del Festival Internacional de Cine de San Sebastián y se estrenará en salas el 23 de septiembre de 2022”.

Miguel Herrán y Javier Gutiérrez en “Modelo 77”.

Modelo 77 relata lo sucedido durante “La Transición”, nombre por el cual se conoce el proceso ocurrido en España luego de la dictadura encabezada por Francisco Franco para lograr instaurar la democracia. Sin embargo, su enfoque se basa en lo que transcurría en ese momento dentro de la conocida como Cárcel Modelo ubicada en la ciudad de Barcelona. La crítica ha aclamado mayormente a la película, aunque algunos críticos, como Oskar Belategui de “El Correo”, dijeron que es “un filme que lo tiene todo para deslumbrar y que, sin embargo, no lo consigue”.

Ambas películas se encuentran ahora mismo en carteleras para ser vistas, la producción argentina podrá verse también a través de Amazon este próximo viernes 21 de octubre. Por su parte, el filme español estará disponible exclusivamente en la aplicación de “Movistar+”.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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