La ultrafeminista Miss Bolivia fue repudiada en Uruguay por oponerse al proyecto “Vivir sin miedo”

La feminista se opuso a un proyecto que propone aumentar la seguridad para evitar la delincuencia en Uruguay.
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La feminista se opuso a un proyecto que propone aumentar la seguridad para evitar la delincuencia en Uruguay.

La cantante Miss Bolivia protagonizó una fuerte polémica durante un show que brindó en la ciudad uruguaya de Minas, en el marco de la Semana de Lavalleja.

Durante su acto, la artista realizó un duro discurso contra el proyecto “Vivir sin miedo”, cuya votación se llevará a cabo el 27 de octubre y cuyo objetivo es atacar la inseguridad. El problema es que la intendenta que la invitó pertenece al espacio del senador que presentó el proyecto y las palabras de Miss Bolivia no le cayeron para nada bien.

En el espectáculo, María Paz Ferreyra, como se llama la cantante verdaderamente, se tomó unos minutos para manifestar su postura en contra de “Vivir sin miedo”. “Quería un pañuelo rosa -distintivo utilizado por quienes están en contra de la iniciativa- que dijese ‘no a la reforma’, pero me lo olvidé en mi casa, porque tuve que salir rápido. Y esta canción se la voy a dedicar a todos los milicos y a toda la fucking policía que abusa del poder”, dijo la cantante, tal como se puede escuchar en el video, antes de entonar una versión modficada del tema “Bien warrior”, con mensajes alusivos a la reforma constitucional.

Luego, alguien le hizo llegar el pañuelo. Ella lo extendió, lo mostró al público y señaló: “Todo llega. Lo pedís, lo tenés. ¿Qué pedimos? No a la reforma. Como vecina lo digo”.

Las declaraciones de Miss Bolivia tuvieron mucha repercusión, tanto a favor como en contra, en el lugar del espectáculo y también en las redes sociales. Adriana Peña, por su parte, se retiró del lugar y, entrevistada en Canal 12 del país vecino, contó: “La rabia que me hizo agarrar esa mujer ustedes no se imaginan. Me levanté y me fui. Ser argentina y venirse a meter en los temas internos y hacer política habla de la forma de ser”.

“Fueron los peores cinco mil dólares gastados en mi vida”, aseguró. Y agregó: “Nunca jamás pensamos que era una mujer que no tenía códigos en la vida. Me parece bien que se hable de la no violencia contra la familia, los hijos, de la no violencia contra la sociedad, pero esta mujer incita a la violencia, ese es el problema”.

Por su parte, el senador Larrañaga calificó de “lamentable” lo sucedido en el “escenario de un espectáculo público”, en diálogo con El Observador. En ese sentido, dijo: “Hay que respetar esos ámbitos donde van ciudadanos de todos los pensamientos. Evidentemente le tiraron el verso de la militarización y lo mandó. Obviamente no tiene conocimiento de la realidad uruguaya. Pero marca un ejemplo de cómo se busca homogeneizar el pensamiento y el discurso de lo políticamente correcto desde una pretendida hegemonía cultural”.

¿SOBRE QUÉ TRATA EL PROYECTO?

VIVIR SIN MIEDO FINAL

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“Vivir sin miedo” es la reforma propuesta por el senador Jorge Larrañaga. Propone cumplimiento de penas, allanamientos nocturnos, reclusión permanente y guardia nacional con militares son los cuatro ejes que plantea. Básicamente consiste en iniciativas sólidas para asegurar el bienestar social y combatir efectivamente la delincuencia en general.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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