La izquierda argentina, una paradoja en bucle

Los usuarios de las redes no pasaron por alto que el militante de izquierda llevaba una chomba puesta cuyo logo es uno de los "emblemas" de aquello que quieren destruir
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Manifestantes del Partido Obrero se concentraron frente a la Embajada de Australia para protestar por los incendios que azotaron al país y para remarcar la “responsabilidad” de las empresas y empresarios en los efectos mundiales del cambio climático.

Uno de los manifestantes fue protagonista de numerosos comentarios en redes sociales por la contradicción entre la marca de su ropa y las ideas anticapitalistas que muestra en su discurso.

Inicia el video Tatiana Fernández Martí (la Presidente del Centro de Estudiantes del Nacional de Buenos Aires), denunciando la dramática situación de Australia tras los incendios y critica que “los negociados capitalistas”, sobre todo los de la industria del carbono, se antepongan a las vidas humanas, a las tierras y a los animales.

Luego, otro militante expresa que “Los especialistas en Australia advierten que lo peor no llegó. Los incendios muestran la incompatibilidad de un régimen capitalista, que viene de fracasar en la reducción de carbono producto del rechazo de las grandes potencias imperialistas. Entendemos que si el capitalismo quiere destruir al planeta nosotros tenemos que destruir al capitalismo“.

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Los usuarios de redes sociales no pasaron por alto que el manifestante llevaba puesta una chomba de color negro con el logo de una conocida firma de moda de origen francés y que está relacionada al concepto de capitalismo… presentando así una contradicción enorme, que lejos de ser algo aislado es algo que se da continuamente en los militantes de la vetusta izquierda argentina: mirando las redes de cualquier adepto se podrá encontrar el Twitter for iPhone (dirección web que expresa que quien publica lo hace a través del costoso celular de Apple), o uno de los casos más extremos es la vida en lujosas mansiones (Pablo Iglesias en España, por ejemplo). Entre esos polos se dan millones de situaciones paradójicas del estilo: ver izquierdistas consumiendo lo que combaten.

Tratando de “remediar” la situación, el protagonista del video lanzó este post en su cuenta de Twitter. Los usuarios retrucaron nuevamente argumentando con su propia lógica: si es trucha, no aportó con sus impuestos y le hizo el juego al mercado negro y al trabajo precarizado.

Santiago on Twitter: “En una hora recibí todo tipo de insultos por la chomba que use. Mas alla que es trucha, lo que les duele a este ejercito de trolls reaccionarios es ver una juventud comprometida en la defensa ambiental que entiende que el problema es el régimen capitalista. Que sigan ladrando! https://t.co/JBKNN4Uu2e / Twitter”

En una hora recibí todo tipo de insultos por la chomba que use. Mas alla que es trucha, lo que les duele a este ejercito de trolls reaccionarios es ver una juventud comprometida en la defensa ambiental que entiende que el problema es el régimen capitalista. Que sigan ladrando! https://t.co/JBKNN4Uu2e

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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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