FASCISMO | Grupos LGBT se ofenden por una historieta, PIDEN CENSURA y escrachan al autor

La ONG misionera "Somos Diverses" pide que se censure a un caricaturista gráfico porque "banaliza, burla y violenta la autopercepción de las personas trans, travestis y no binarias".
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Organizaciones de izquierda ligadas a la comunidad LGBTIQ lanzaron un comunicado en el que piden censurar al historietista misionero, Antonio Latreccino, quien se desempeña publicando en el diario El Territorio.

Anticiparon que presentarán una denuncia ante el ente que preside Victoria Donda. “Banaliza, burla y violenta la autopercepción de las personas trans, travestis y no binarias establecidas en la Ley de Identidad de Género 26.743 sancionada en por el país en el año 2012 y adherida en el año 2017 por la provincia de Misiones”.

La polemiquísima obra del caricaturista publicada en El Territorio (pág 23)

El pasado miércoles, el segmento del diario destinado a los dibujos de Latreccino, publicó la tradicional historieta de “El yasi-tereré”, donde uno de sus personajes pregunta “¿Qué hace así Yasí, está enloqueciendo?”, ante lo que la figura principal responde: “Me ‘autopercibo’ árbol”.

El presidente de “Somos Diverses”, Yan López, señaló que “este es un caso lamentable, sobre todo en este contexto cultural presente, en el que hay un montón de marcos normativos y legislaciones vigentes. Creo que este tipo de publicaciones ya no pueden seguir existiendo ni circulando por los medios de comunicación. Ya no es chiste, esto tiene un nombre y es discriminación, violencia simbólica y mediática”.

El panfleto que acompañó al comunicado de las organizaciones del colectivo LGBTIQ+

Conjunto con la anterior mencionada, también se expidió la agrupación “Tupac Amaru Diverse”. Desde allí explicaron que “Se va a hacer la denuncia porque, más allá de que nosotres podamos realizar un comunicado solicitando la baja de la publicación o creando conciencia acerca de esto, también es importante que haya una institucionalización de esta situación“.

“Estamos cansadxs de la liviandad de algunos periodistas que hacen chistes con nuestras identidades. Siempre están queriendo desacreditar nuestras vivencias con burlas” argumentó desde las cómodas y burocráticas oficinas del área de Diversidad, la titular de la provincia, Nazarena Fleitas, quien fue más allá de la polémica que generaron, ya de por sí, las ridículas críticas de la comunidad hacia los dibujos, y disparó: “Tenemos un país donde hay leyes de vanguardia que son manoseadas por la libertad de expresión”.

“El espíritu siempre es humor, si no te gusta, sos un pichado”

En una última entrevista con motivo de los 40 años de la revista, el dibujante fue consultado sobre cuestiones referidas al humor y aseguró que “veo revistas viejas donde digo. ‘llego a hacer este dibujo hoy y me van a decir loco’. Cambió todo, con muchas cosas estoy de acuerdo y muchas no. Creo que el humor es una forma de alegrar a la gente, tuve seis juicios y los gané todos porque no eran injurias, era humor. Entonces, el espíritu siempre es humor, si no te gusta, sos un pichado”.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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