Falleció el iraní que inspiró la película “La Terminal”

Mehran Karimi Nasseri tenía 76 años y perdió la vida en la terminal de Paris, el mismo lugar que le dio techo por casi dos décadas.
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Una triste historia es la que llega desde el viejo continente, donde se informa que falleció el refugiado iraní que inspiró la película “La Terminal” protagonizada por Tom Hanks y Catherine Zeta-Jones.

Mehran Karimi Nasseri tenía 76 años de edad y perdió la vida en la terminal de Paris, el mismo lugar que lo albergó por casi dos décadas. Karimi vivió entre 1988 y 2006 en la zona de salidas de la terminal 1 del aeropuerto Charles de Gaulle de la capital francesa.

De acuerdo a lo informado por una autoridad del lugar a la agencia AFP, el hombre habría regresado a vivir allí hacía pocas semanas y murió por causas naturales y según informaron las autoridades aeroportuarias, al momento de su muerte, Nasseri poseía varios miles de euros consigo.

Año tras año, durmió en un banco de plástico rojo, se hizo amigo de los trabajadores del aeropuerto, se duchaba en las instalaciones del personal, escribía en su diario, leía revistas y miraba pasar a los viajeros. Mehran Karimi Nasseri volvió a la terminal en el mes de octubre y al parecer murió donde quería, rodeado de los trabajadores a los que consideraba su familia.

Mehran Karimi Nasseri junto al póster de la película “La Terminal”

Mehran Karimi Nasseri nació en 1945 en Juzestán, una provincia de Irán, y en el año de 1988 comenzó su travesía de vivir en dicho aeropuerto de Francia. Nasseri buscaba ir a Europa para encontrar a su madre. Vivió varios años en Bélgica y lo expulsaron de países como el Reino Unido, Países Bajos y Alemania luego de perder sus documentos migratorios en el camino.

Debido a la falta de documentos se tuvo que quedar en Francia él no podía salir del aeropuerto ni entrar a otra nación. Fue entonces que Karimi Nasseri se “apropió” de un espacio en la Terminal 2F del aeropuerto parisino, lugar que se convirtió en su casa durante casi dos décadas: ahí se le solía ver en un banquito junto a carritos del aeropuerto donde organizaba las cosas que había traído con él y otras más que obtuvo a través de los 18 años en los que vivió ahí.

Tras dejar el hospital, Karimi Nasseri vivió en un refugio para adultos mayores con ayuda del dinero que ganó por la película

Si bien Mehran Karimi Nasseri era conocido por los viajeros y la tripulación, su nombre se hizo conocido en 2004 luego del estreno de ‘La Terminal’, la cinta protagonizada por Tom Hanks, Catherine Zeta-Jones y Diego Luna.

En el año 2006, Nasseri fue trasladado al hospital y dejó el aeropuerto a pesar de que en el año de 1999 se le concedió el estatuto de refugiado y el derecho a permanecer en Francia.

Tras dejar el hospital, Karimi Nasseri vivió en un refugio para adultos mayores con ayuda del dinero que ganó por la película. Sin embargo, a mediados del mes de octubre regresó a la Terminal 2F del Roissy Charles de Gaulle, donde falleció.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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