Falleció Christopher Tolkien, hijo del creador del Señor de los Anillos

Christopher Tolkien, cobró un importante papel en la literatura por editar y publicar las obras de su padre J. R. R. Tolkien
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El aclamado hijo del creador del Señor de los Anillos, Christopher Tolkien, fallece a los 95 años. 

Christopher Tolkien, famoso por editar y publicar las obras de su padre, el creador del Señor de los Anillos, J. R. R. Tolkien, fallece a los 95 años de edad. La noticia fue confirmada por la Sociedad Tolkien.

Tolkien Society on Twitter: “Christopher Tolkien has died at the age of 95. The Tolkien Society sends its deepest condolences to Baillie, Simon, Adam, Rachel and the whole Tolkien family. pic.twitter.com/X83PTx4b7x / Twitter”

Christopher Tolkien has died at the age of 95. The Tolkien Society sends its deepest condolences to Baillie, Simon, Adam, Rachel and the whole Tolkien family. pic.twitter.com/X83PTx4b7x

El legado de Christopher Tolkien

Christopher Tolkien fue conocido internacionalmente por publicar el Señor de los Anillos, obra de su padre, sin embargo, éste también se encargó de editar y terminar las obras inconclusas de J. R. R. Tolkien, quien falleció en 1973 y anteriormente había dado a conocer dichos deseos por publicar sus escritos.

Gracias a que Christopher fue el albacea literario de su padre, debido al gran interés que éste tenía hacia las obras literarias de J. R. R. Tolkien, los fieles seguidores del Señor de los Anillos pudieron disfrutar de obras como Silmarillion y El Hobbit.

De acuerdo al mismo Christopher Tolkien, ésto no fue tarea fácil, pues en muchas ocasiones las ideas de su padre se encontraban plasmadas en manuscritos ilegibles y llegó a encontrar bocetos sobre bocetos, por lo que confesó que muchas veces tuvo que ‘adivinar’ lo que su padre quería para las obras.

Tolkien poseía todos los derechos de las cintas del Señor de los Anillos, así mismo, fue el encargado de autorizar la próxima serie de Amazon sobre la novela de fantasía. Tras su fallecimiento, dichos derechos pasarán a manos de Baille Tolkien, viuda y madre de sus hijos.

“Por extraño que parezca, yo crecí en el mundo que él creó. Para mí, las ciudades de ‘El Silmarillion’ son más reales que Babilonia”

-Christopher Tolkien-

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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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