El rugby no tiene nada que ver en todo esto

El rugby, no. El rugby no tiene nada que ver en todo esto. El rugby no le pertenece a los delincuentes...
rafaela-biazi-470405-unsplash.jpg
10 Years Experiences

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

El rugby, no. El rugby no tiene nada que ver en todo esto. El rugby no le pertenece a los delincuentes. El rugby no es de los asesinos, ni de los patoteros. Sólo aquellos que no saben nada de rugby le echan la culpa al rugby y es lógico. Escriben y hablan de lo que pide la hora y llena espacios en los medios. Caerle al rugby es la más fácil. Por supuesto que el rugby alberga imbéciles. El rugby no es una burbuja impoluta, pero el rugby no tiene la culpa. Nunca la tuvo. Ni la va a tener.

Estos asesinos y los que hicieron y hacen desmanes e imbecilidades no le pertenecen a un deporte en particular. No son inherentes a él. Pertenecen a esta sociedad argentina que está podrida. Los que piden “educación” o “cursos” para los “rugbiers” no la piden para todos lo que se pelean en las canchas de fútbol, de básquet o a la salida de los colegios o en los sindicatos.

“Once rugbiers” dicen las crónicas. No dicen once adolescentes, once estudiantes, empleados u obreros. El “rugbiers” ayuda a ponerle un condimento extra. Es curioso también que una sociedad que pide a gritos no estigmatizar, en este caso en particular hace bandera de ello y los medios son los primeros en enarbolarla.

Que se le caiga encima al rugby y lo haga responsable -al deporte- de un crimen, es tan deliberadamente artero como profundamente ignorante. La desinformación y la falta de interés para indagar sobre todo lo inmensamente bueno que genera el rugby en todo el país y todo lo increíblemente solidario que es, no importa. El periodismo que le pega y denosta al rugby es el mismo que se hace el distraído con la delincuencia que rodea al fútbol (entre otros) y el entorno que lo protege. Por eso, el periodismo y la justicia -que para muchos ofician como sinónimos- están siempre sospechados de connivencia con los delincuentes que manejan los clubes de fútbol desde sus entrañas. De esos delincuentes no todos hablan, no todos escriben, no todos investigan. Es más, les hacen notas. De los delincuentes a los que les endilgan ser “rugbiers”, sí se ocupan todos.

Sin embargo, cuando se habla de “Espartanos” y del rugby que se practica en las cárceles por presos que nunca en su vida jugaron al rugby -y cuando son ellos mismos los que lo aseguran- que este deporte les cambió, devolvió o salvó la vida y que la tasa de reincidencia de los que han pasado por “Espartanos” es de menos del 5%, ahí se deberían acabar los estigmas, pero ni así. ¿Llamar a Coco Oderigo? ¿Para qué? ¿Para qué averiguar por el chico de Villa Ojo de Agua en Santiago del Estero que estudia, cuida y se ocupa de tres hermanos discapacitados mientras sus padres trabajan en el campo y hace todo eso además de ir a entrenarse? ¿Para qué averiguar lo que representa el rugby en San Jaime de la Frontera, en Entre Ríos o en Guanacos de Río Turbio?

Por otro lado… estos delincuentes que asesinaron a un joven a piñas no hacen otra cosa que copiar, imitar y encarnar lo que hacen los barras bravas, los patoteros de cancha, los sindicalistas y muchos otros delincuentes que tanto se enaltecen hasta en series de televisión y desde ahí, se masifica, eso no se condena. Eso no es de violentos. Violento es el que juega al rugby…

En este país, el delincuente que no tiene la etiqueta de “rugbier” es el prestigioso. Ese es el que tiene lo que quiere, el que zafa. Entonces, desde la punta de la pirámide para abajo, en los tres poderes del estado y de ahí, a la base de la sociedad, el delincuente de toda estopa que no juega al rugby pareciera ser el modelo a seguir. Pero si juega al rugby, entonces la culpa es del rugby.

En un país cloacal como este, los delincuentes son delincuentes, no importa la actividad que hagan. Si fuera por eso, no habría lugar para abogados.

Y los que afirman con soltura que la UAR no hace ni hizo nada para abordar este tema tan siniestro y bajo, no es cierto. Desinforman o mienten de forma cruenta. “Rugby Seguro” es un grupo de trabajo dentro de la UAR que sí se preocupa y ha preocupado por estos y por muchísimos otros temas que parecen ser tabú (drogadicción, alcoholismo, abuso de menores) y lo hace desde 2016. Lo que no ha tenido Rugby Seguro es todo el apoyo y difusión necesarios.

También hay esfuerzos individuales muy grandes, como el de Lalo Galán -a la sazón, miembros de Rugby Seguro- que ha editado un libro sobre los valores del rugby, que ha dado innumerables presentaciones, charlas y disertaciones por todo el país y que lucha a diario para que el espíritu noble de nuestro deporte se fortalezca y para que todos tomen conciencia de la responsabilidad que conlleva jugar y ser representante de un deporte que es observado con lupa cuando de hechos negativos se trata.

A los medios no se les va a caer ninguna pauta publicitaria por caerle encima al rugby, ni van a haber pintadas en las casas de los que escriben, ni amenazas de barras, ni habrá lobby atrás para que esos artículos o no se publiquen o se manden al fondo. Los que hablan y escriben pueden poner o decir cualquier barbaridad de un deporte del que desconocen y al que detestan porque no va a haber represalias. Por eso escriben, porque tienen la más absoluta libertad de hacerlo, la que con otros personajes o deportes, no.

De vuelta: El rugby no engendra delincuentes. El rugby no es de asesinos, ni de patoteros. Delincuentes, asesinos y patoteros hay en todos los estratos de la Argentina. El rugby no tira debajo de la alfombra sus problemas ni mira para otro lado. El rugby se hace cargo, se hace carne. Ojalá todos pudieran decir lo mismo.

Fuente: Hablemos de Rugby – Eugenio Astesiano

Search

Unite a nuestro grupo de Telegram, donde te compartimos las noticias más importantes.

Casielles estrenó “Proyecto C”, un late night argentino contra la soberbia del poder

Eugenio Casielles eligió la noche del domingo y un terreno ajeno a la televisión tradicional para lanzar su nuevo proyecto. A las 22, el diputado de la Ciudad estrenó “Proyecto C”, un programa con formato de late night a la argentina que en su primera emisión apuntó sin rodeos contra Javier Milei y su círculo más cercano.

La soberbia fue el hilo conductor del debut, abordada como un rasgo personal del Presidente y también por el impacto que tiene sobre la política. Para desarmar el tema, Casielles convocó a los comunicadores e influencers El Presto y Álvaro Zicarelli, además de Kevin Grunbaum, analista en comunicación que se ocupó de medir el nivel de soberbia que atraviesa hoy a la dirigencia.

El conductor abrió el programa con definiciones duras sobre la actitud del jefe de Estado y la falta de credibilidad de sus anuncios. Junto a sus invitados repasó la reciente comunicación del Gobierno sobre Malvinas, y la mesa llegó a una conclusión categórica: “A Milei no le importa la soberanía del país”.

La soberbia: ¿siempre tenemos razón? | Proyecto C #01

La soberbia se sienta a la mesa. Eugenio Casielles presenta el primer capítulo de Proyecto C con El Presto, Álvaro Zicarelli y Kevin Grunbaum. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que podemos estar equivocados? ¿Escuchamos para entender o solamente para tener razón?

Sobre esa línea, Casielles planteó si un admirador de Margaret Thatcher está en condiciones de defender los intereses nacionales en el Atlántico Sur. Para sostener la pregunta recordó actos de campaña en los que Milei no quería que se cantara el himno ni que se exhibieran banderas de las islas, y remató con una frase que dejó flotando sobre el estudio: “no es el primer presidente que trata de prostituir una causa para ganar las elecciones”.

Entre las secciones fijas del ciclo sobresale la “Carta al presidente”, un espacio en el que el legislador le habla directamente a Milei. En la primera entrega, el mensaje fue claro: “Recordá que no sos la Argentina. No sos la República. Sos un empleado al que ‘contratamos’ durante un tiempo para una responsabilidad enorme”.

Casielles se permitió además un pasaje de tono irreverente, en el que colocó al mandatario frente al paso del tiempo y a figuras centrales de la historia nacional: “Javier, no sos indispensable, este país vio pasar a hombres como Sarmiento, Roca, Rosas… Todos pasaron. La única que siguió en pie fue la Argentina”.

La propuesta de “Proyecto C” se apoya en la idea de hablar sin filtros e incomodar cuando haga falta. Con un formato que se aparta del molde de los programas de actualidad, el ciclo promete sumar en cada edición una rotación de invitados picantes que alimenten la discusión.

Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

LO MÁS IMPORTANTE

TWEET DEL DÍA

Tevero liberavisse
comprehensam nec.

Copyright 2023 © Data 24 - Todos los derechos reservados
Data 24.com.ar © Copyright 2025

Subscribe Now