Duro cruce de Feinmann con un padre que apoya la toma de escuelas: “Es un delito, léalo, los libros no muerden”

El periodista entrevistó al padre de una alumna que tomó un colegio y ambos protagonizaron un tenso momento: "Los chicos son menores de edad y son inimputables, están en su derecho", argumentó Daniel.
rafaela-biazi-470405-unsplash.jpg
10 Years Experiences

Lorem ipsum dolor sit amet, consectetur adipiscing elit. Ut elit tellus, luctus nec ullamcorper mattis, pulvinar dapibus leo.

La tensión por la toma de colegios en la Ciudad de Buenos Aires continúa. Si bien el instituto que inició los reclamos (Mariano Acosta) ya cesó con los mismos, otras escuelas continúan los reclamos contra el Gobierno porteño.

En ese sentido, varios padres de alumnos que tomaron escuelas salieron a cruzar a los periodistas que se hacen eco de este avallasamiento de libertades que impide que la mayoría de los jóvenes que no quieren adherirse a la toma, se vean de igual forma afectados y desplazados.

El picante cruce entre Eduardo Feinmann y un padre a favor de las tomas: “Está avalando un delito”

LN+ EN VIVO las 24 horas Suscribite a LA NACION: https://bit.ly/2GU7jVv Mirá más contenidos en: https://www.lanacion.com.ar/ln-t58215 Seguinos en: Facebook: https://facebook.com/lanacion Twitter: https://twitter.com/lanacion Instagram: https://instagram.com/lanacioncom Gracias por mirar. LN+, el canal de televisión de LA NACION.

Este lunes el periodista Eduardo Feinmann entrevistó a Daniel, el padre de una menor que permanece dentro de un colegio tomado:

Feinmann: ¿Por qué permite que su hija tome el colegio?
Daniel: No, yo no permito nada. Mi hija es un sujeto de derecho, un ser pensante. Los chicos que están tomando las escuelas, votan. Pueden elegir un Presidente, mire si no van a elegir qué tipo de educación quieren.
Feinmann: Estoy de acuerdo con elegir y pedir educación de calidad, pero tomar un colegio es un delito, Daniel. Y usted que es mayorcito lo debe saber.

https://data24.com.ar/mas-del-80-de-los-alumnos-no-apoya-la-toma-de-colegios-portenos/

Tras ese cuestionamiento y chicana, el padre de la menor, contestó: “No, Feinmann, eso no es un delito. No confunda a la población porque eso es desinformar”, a lo que el conductor radial y televisivo, insistió: “¿El delito de usurpación, no es un delito?“.

“Acá de lo que estamos hablando es que, la educación pública de la Ciudad, del Gobierno de Horacio Rodríguez Larreta, desatiende, desfinancia y maltrata a los alumnos dándoles de comer comida basura”, argumentó Daniel a pesar de que el último punto que describió no es un reclamo verídico, dado que, según la ministra de Educación Soledad Acuña, los alumnos de secundario no reciben viandas.

https://data24.com.ar/soledad-acuna-denuncio-a-los-padres-de-los-alumnos-que-tomaron-las-escuelas-y-los-obligara-a-pagar-los-danos/

A esta respuesta el periodista redobló su cuestionamiento y comentó: “Yo estoy de acuerdo con su reclamo, pero no con las formas. La forma (que actualmente están ejerciendo) es un delito”, le explicó Feinmann a Daniel. Sin embargo estas idas y venidas terminaron exponiendo aún más las diferencias: “¡Devuelva el titulo, Eduardo, usted no es abogado! ¿En qué universidad estudió?”, lanzó Daniel finalizando la entrevista. “El delito de usurpación, léalo Daniel. Los libros no muerden, le mando un abrazo”, cerró Feinmann.

Search

Unite a nuestro grupo de Telegram, donde te compartimos las noticias más importantes.

Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

LO MÁS IMPORTANTE

TWEET DEL DÍA

Tevero liberavisse
comprehensam nec.

Copyright 2023 © Data 24 - Todos los derechos reservados
Data 24.com.ar © Copyright 2025

Subscribe Now