DESTROZANDO AL COMUNISMO | La serie de HBO “Chernobyl” expone los fracasos y el desastre del comunismo

Esta absorbente miniserie documenta lo que sucede cuando usted mezcla comunismo con poder nuclear
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Esta absorbente miniserie documenta lo que sucede cuando usted mezcla comunismo con poder nuclear.

Chernobyl dramatiza los acontecimientos que condujeron, así como después de ellos, al desastre nuclear de la Planta de Energía Nuclear Vladimir Lenin, justo en las afueras de Pripyat, Ucrania. Inmediatamente asume un enfoque personal, guiado por los caracteres de los acontecimientos, cada episodio siguiendo la historia de una persona o grupo en particular, cuyas vidas fueron irrevocablemente cambiadas al explotar el reactor de la Unidad 4 de la planta, el 26 de abril de 1986, liberando a la atmósfera cantidades masivas de material radioactivo, durante el peor desastre nuclear de la historia.

Si bien Chernobyl tomó algunas libertades en la secuencia y detalles de los acontecimientos y de la gente involucrada, aún fue capaz, en general, de administrar fielmente la historia del desastre y de brindar una mirada desgarradora al impacto humano. Y nunca paró de dar golpe tras golpe a la mala gestión, corrupción y secretismo soviético, que permitieron la catástrofe.

Toda la serie se enfoca en los fracasos, a todo nivel, del estado soviético. Desde técnicos nucleares incompetentes y mal entrenados, hasta supervisores ambiciosos que ignoraron los protocolos de seguridad, hubo trámites burocráticos que frenaban la acción para limitar el daño y el secretismo soviético que trataba de encubrir la verdad y cuidar la reputación en la escena internacional. Los creadores de Chernobyl devastan la maquinaria soviética, a la vez que alaba como héroes a valientes hombres y mujeres que vivieron, trabajaron y murieron luchando por contener el desastre.

EL LEGENDARIO LEGASOV

El carácter principal de la serie, un físico nuclear ruso llamado Valery Legasov (brillantemente actuado por Jared Harris), junta a toda la empresa, colaborando con su contraparte Ulana Khomyuk (quien representa a docenas de científicos que en la realidad le ayudaron a Legasov durante los acontecimientos), en una especie de historia detectivesca nuclear, cuando tratan de reunir las piezas que ocasionaron el desastre, a la vez que intentaban desesperadamente de contener el daño.

En apenas cinco episodios, vemos a Legasov desarrollarse como un carácter, su ingenuidad temprana horrorizada siendo reemplazada por un estoicismo desencantado, al hacerle frente, tanto al poder asesino invisible de la radiación de Chernobyl, como a la presión de la inmensa maquinaria burocrática soviética buscando encubrir la verdad.

Incluso a la luz de estos obstáculos y del costo humano de lo que se debe hacer para contener el daño, él se apega a su deseo sincero de ayudar a otros y prevenir que suceda otro desastre. Cigarrillo en mano, ayudado y apoyado por Khomyuk y su adversario convertido en amigo, Boris Shcherbina, él trabaja incansablemente hasta el final, presentando una de las mejores explicaciones técnicas, al nivel de legos, que he visto en vez alguna, junto con una mordaz condena al estado soviético à la El Archipiélago Gulag, en su testimonio durante el amañado juicio soviético posterior al desastre. Ese segmento, por sí solo, hace que sea valioso ver la serie.

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El 26 de abril de 1986, la central nuclear de Chernobyl en Ucrania, la Unión Soviética sufrió una explosión masiva que emitió material radioactivo en Bielorrusia, Rusia y Ucrania y hasta Escandinavia y Europa occidental.

La calidad de la producción de la serie fue de alto nivel. Un vestuario y un diseño de la escenografía fieles a la época, así como una maqueta a escala real del edificio del reactor destruido, fueron cuidadosamente elaborados para sumergir al televidente en el mundo. Esto, a la par de la música palpitante y áspera y un diseño musical excelente, se juntó para lograr un atmósfera espesa y premonitoria, que se sedimenta en el espectador como una nube de contaminación radioactiva.

Hay algo en la serie para todos: desde el anticomunista al aficionado a la historia, del físico nuclear al aficionado a los dramas.

*Fuente: MISESREPORT
Tok-n 1998 vegetationsökologische untersuchungen montaner wiesen der seminararbeit schreiben lassen westlichen ausläufer des bucegi-gebirges, rumänien.

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Casielles estrenó “Proyecto C”, un late night argentino contra la soberbia del poder

Eugenio Casielles eligió la noche del domingo y un terreno ajeno a la televisión tradicional para lanzar su nuevo proyecto. A las 22, el diputado de la Ciudad estrenó “Proyecto C”, un programa con formato de late night a la argentina que en su primera emisión apuntó sin rodeos contra Javier Milei y su círculo más cercano.

La soberbia fue el hilo conductor del debut, abordada como un rasgo personal del Presidente y también por el impacto que tiene sobre la política. Para desarmar el tema, Casielles convocó a los comunicadores e influencers El Presto y Álvaro Zicarelli, además de Kevin Grunbaum, analista en comunicación que se ocupó de medir el nivel de soberbia que atraviesa hoy a la dirigencia.

El conductor abrió el programa con definiciones duras sobre la actitud del jefe de Estado y la falta de credibilidad de sus anuncios. Junto a sus invitados repasó la reciente comunicación del Gobierno sobre Malvinas, y la mesa llegó a una conclusión categórica: “A Milei no le importa la soberanía del país”.

La soberbia: ¿siempre tenemos razón? | Proyecto C #01

La soberbia se sienta a la mesa. Eugenio Casielles presenta el primer capítulo de Proyecto C con El Presto, Álvaro Zicarelli y Kevin Grunbaum. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que podemos estar equivocados? ¿Escuchamos para entender o solamente para tener razón?

Sobre esa línea, Casielles planteó si un admirador de Margaret Thatcher está en condiciones de defender los intereses nacionales en el Atlántico Sur. Para sostener la pregunta recordó actos de campaña en los que Milei no quería que se cantara el himno ni que se exhibieran banderas de las islas, y remató con una frase que dejó flotando sobre el estudio: “no es el primer presidente que trata de prostituir una causa para ganar las elecciones”.

Entre las secciones fijas del ciclo sobresale la “Carta al presidente”, un espacio en el que el legislador le habla directamente a Milei. En la primera entrega, el mensaje fue claro: “Recordá que no sos la Argentina. No sos la República. Sos un empleado al que ‘contratamos’ durante un tiempo para una responsabilidad enorme”.

Casielles se permitió además un pasaje de tono irreverente, en el que colocó al mandatario frente al paso del tiempo y a figuras centrales de la historia nacional: “Javier, no sos indispensable, este país vio pasar a hombres como Sarmiento, Roca, Rosas… Todos pasaron. La única que siguió en pie fue la Argentina”.

La propuesta de “Proyecto C” se apoya en la idea de hablar sin filtros e incomodar cuando haga falta. Con un formato que se aparta del molde de los programas de actualidad, el ciclo promete sumar en cada edición una rotación de invitados picantes que alimenten la discusión.

Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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