Denunciaron por “incitación a la pedofilia” a un sketch de “Pone a Francella”

Una de las escenas humorísticas que protagonizaba Julieta Prandi, en donde cumplía el papel de “La Nena” en “Poné a Francella” fue denunciado en el año 2013 por incitación a la pedofilia. ¿En qué quedó la causa?
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Durante los años 2001 y 2002, el programa humorístico de Guillermo Francella “Poné a Francella” era un completo éxito en el canal Telefé. El mismo se dividía en subprogramas con diversas temáticas y escenarios, aunque todas giraban en torno al humor. En aquel entonces, la joven pero mayor de edad Julieta Prandi se llevaba todas las miradas en su sección denominada por los televidentes “Es una nena”, en donde interpretaba a una joven adolescente en etapa lectiva, amiga de la hija del protagonista, Arturo.

Si bien la serie es muy bien recordada por sus fieles seguidores, once años más tarde, a mediados del año 2013, una ONG llamada Red de Contención contra la Violencia de Género denunció al canal que transmitía la serie por “incitación a la pedofilia”. La denuncia gira en relación a la sexualización de Arturo para con la supuesta adolescente menor de edad.

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En aquel comunicado se aseguraba que “el contenido de la citada historieta es ofensivo, promueve el acoso y abuso sexual a menores. El personaje de Don Arturo -quien con un guiño a la cámara convoca a la complicidad del telespectador- fomenta estas actitudes”.

Poco tiempo después, Julieta Prandi junto a Francella fueron llamados por el Leonardo Montero en su programa Mejor de Noche, con la intención de que ambos interpretaran aquellas escenas a principios del nuevo milenio, y recibieron -nuevamente- el aplauso y risas del público.

¡Recreamos el sketch de “Poné a Francella”

Uploaded by El Nueve Argentina on 2017-04-13.

JULIETA PRANDI: “FUE DURO ESCUCHAR TODAS ESAS ACUSACIONES”

En el año 2018, la modelo fue tajante, luego de que en Radio AM 1110 se le preguntara respecto a lo que ocurrió con dicha denuncia y desestimó las acusaciones de la ONG alegando que “con ese criterio cualquier película que muestre violencia, mecanismos de contrabando o prostitución estaría incitando a eso. Estamos todos locos. La demanda quedó en nada porque no tiene pie ni cabeza“.

Asimismo se lamentó por las etiquetas negativas que le pusieron a Guillermo Francella y aseguró que no se sintió incómoda interpretando a “Juli”: “Fue difícil porque para mí es un trabajo que hice con mucho cariño como todos los trabajos que hago. Fue duro escuchar todas las acusaciones que se hicieron. La verdad me dolió, prefiero no hablar más de eso“, serían las últimas palabras del tema que pronunciaría Prandi.

Julieta Prandi habló del escándalo de “Pone a Francella”

Quieren suspender y sacar del aire el sketch “La Nena” del ciclo de humor en el que participó Julieta en su momento y da su opinión.

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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