DELINCUENCIA | Se registraron 3.830 usurpaciones durante la cuarentena

Un informe alerta sobre un "infierno de tomas de casas, terrenos, galpones y departamentos en el Conurbano y CABA".
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Desde el 20 de marzo de este año se produjeron 3.830 hechos de despojo en casas, terrenos, galpones y departamentos del Conurbano bonaerense y la Ciudad de Buenos Aires, reveló un informe dado a conocer este miércoles mientras se multiplican sin control las tomas de tierras por toda el área metropolitana.

Según la Encuesta Mensual de Inseguridad, orientada exclusivamente a la comisión de los delitos de Usurpación (artículo 181 del Código Penal), la ONG Defendamos Buenos Aires alertó sobre “un infierno de usurpaciones durante la cuarentena” en la Provincia de Buenos Aires y en la Capital Federal.

“Hace unas horas el Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos Aries nos facilitó un informe que habla de un promedio de 115 usurpaciones mensuales. Sin embargo ese número queda completamente fuera de la realidad cuando lo contrastamos con los cientos de usurpaciones que no se denuncian pero que se realizan en plena noche, aprovechando que la gente está asustada y en casa”, dijo Javier Miglino, director de Defendamos Buenos Aires.

El abogado explicó que en la localidad de Guernica, a unos 30 kilómetros de la Capital, “hace un mes comenzó una verdadera guerra entre una banda de delincuentes que tomó por asalto parte de un campo y los vecinos de la zona”.

“Todas las noches hay robos en Guernica a partir de esa usurpación masiva, que a la fecha tiene más de 100 personas viviendo en tolderías como las imágenes de los indios que acostumbrábamos a ver en los libros escolares y todas las noches se escuchan tiros”, describió Miglino.

Según Miglino, el 21 de agosto el propio Ministro de Seguridad, Sergio Berni daba cuenta en su Twitter oficial que habían 7 detenidos que formaban parte de una banda criminal que se dedicaba a usurpar, deslindar terrenos y luego venderlos. “En algunos casos sacaron a los tiros a gente de su propia casa”, indicó.

Para el letrado “se trata de delincuentes que buscan enriquecerse, vendiendo luego los inmuebles para así volver a usurpar. No hay necesidad de vivienda ni nada que se le parezca sino un auténtico accionar mafioso que el propio Ministro Berni se ha ocupado en mostrar”.

La situación se repite en Capital donde la ong ha recabado numerosas denuncias entre las cuales Miglino destacó una que daba cuenta de una toma de una casa sobre la calle Manuel Ugarte al 1600 en el barrio de Belgrano. “En el caso, se trató de un preso de los que fueron liberados recientemente por la justicia”, precisó Miglino.


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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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