Mente en aislamiento | “Usaron el discurso bélico para que la gente tenga miedo”

En dialogó con RADIO REALPOLITIK FM un psicólogo analizó el impacto psicológico del confinamiento.
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La Argentina superó los 120 días de aislamiento, más las restricciones en el área metropolitana, generando un fuerte impacto, no sólo en el ámbito económico sino también en la psiquis humana. Para el amante de la psicología, Iván Servin, en parte se debe a que en el gabinete de asesores de Alberto Fernández “sólo hay médicos infectólogos”.

“La OMS dice que la salud es un componente físico, psicológico y emocional, estar tantos días encerrados influye a que tengamos padecimientos que antes no teníamos”, reflexionó. Asimismo, destacó que esta situación es de impacto “universal”, ya que “en todos los países donde se aplicaron estas medidas impera la angustia, ansiedad, depresión y ni hablar si hay patologías previas, que lo único que hacen es agravarse”.

En el plano normativo, en la Argentina existe una ley de Salud Mental que, como explicó el universitario, contempla que “todo equipo de salud mental tiene que estar formado de manera interdisciplinaria”; esto estipula que, además de doctores, “tiene que haber psicólogos, psiquiatras, trabajadores sociales y abogados, entre otros”. “En este gabinete solamente hay médicos, cuando hablan de hacer una cuarentena estricta, se le están escapando muchas variables: la psicológica y la económica”, consideró.

“Ante el miedo, la gente pide protección y se la da el estado”, comentó, pero también destacó que, pasados más de cuatro meses de confinamiento, “la gente está harta de esto”. “En lugar de ponerse en lugar de padre sobreprotector, el estado se tiene que poner en el lugar de dar responsabilidad individual a la gente”, explicó. Y en esta línea, invitó a “informar” para que “la gente luego pueda tomar sus propias decisiones y cuidarse a sí misma”.

LA ÉPICA UTLIZADA POR EL PODER POLÍTICO

“Cuando uno toma medidas de gobierno, es necesario crear un relato, un discurso”, marcó Iván Servin. Para el amante de la psicología, hay que “generar esa épica”, principalmente en una situación que “afecta a todo el mundo”. En esta línea, explicó: “Se hizo como una guerra, donde los médicos estaban en primera línea, usando este discurso bélico del miedo para que la gente no se resista a estas medidas de la cuarentena”. Y marcó: “Si vos generás miedo, la gente va a pedir protección”.

“Además se generó el discurso del ‘vamos ganando’, parecido lamentablemente a tiempos feos de nuestra historia, como la Guerra de Malvinas, y lo cierto es que no teníamos la cantidad de testeos necesaria y se estaban comprando suministros de salud truchos a China, la verdad un desastre”, agregó.

En cuanto al accionar de las fuerzas de seguridad en el control de la cuarentena, el universitario comentó que “lo que estamos pasando hoy en día es un estado policíaco”, y denunció que “hay sectores que nunca estuvieron de acuerdo, o que criticaron que la gendarmería esté en las calles, y hoy en día están aplaudiendo todo esto”.

MIRA LA ENTREVISTA ACÁ

La psiquis en la cuarentena: “Usaron el discurso bélico para que la gente tenga miedo”

Iván Servin, estudiante de psicología de la UNLP, dialogó con RADIO REALPOLITIK FM (www.realpolitik.fm) sobre el impacto psicológico del confinamiento y sus efectos, y marcó las fallas de la gestión sanitaria del gobierno nacional. “La OMS dice que la salud es un componente físico, psicológico y emocional, estar tantos días encerrados influye a que tengamos padecimientos que antes no teníamos”, reflexionó.

*Fuente: REALPOLITIK


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VOLVIÓ EL ACOSADOR DEGENERADO: “avisen por mail”, Pedro Brieger sobrevive con un precario newsletter y vendiendo charlas virtuales sobre Irán

El ocaso del gurú del CBU

Para los más jóvenes, Pedro Brieger es apenas un eco de la vieja televisión. Durante décadas fue el oráculo internacional de C5N y Radio Nacional, dictando cátedra con una suficiencia que hoy resulta escalofriante. Mientras explicaba conflictos globales con parsimonia, puertas adentro ejecutaba un patrón de conducta patológico: un acoso sexual sistemático que gozó de impunidad durante treinta años.

El castillo de naipes cayó en julio de 2024, cuando un informe de Periodistas Argentinas documentó 19 testimonios que expusieron su cultura del acoso: exhibicionismo, masturbación frente a colegas y abuso de poder para intimidar a jóvenes profesionales. Aquel analista estrella que codeaba con presidentes desapareció de un plumazo, eyectado de cada estudio de radio y televisión hasta convertirse en un paria mediático.

Su realidad actual es una oficina virtual que parece una parodia. Lejos de las grandes producciones, hoy mendiga suscripciones de $5.000 con una precariedad administrativa total: para leer su newsletter semanal, cada mes sus últimos fieles deben transferir al alias “CUENTO.CALDO.CARDO” (así de cacofónico y gracioso como suena) y, en un acto de rigor administrativo propio de un principiante, enviarle un comprobante a una casilla de Gmail para avisarle que pagaron. Todos los meses, cada persona. Brieger mutó de intelectual mediático a cadete de su propio olvido.

Brieger explicando cómo recibir su newsletter: transferencia y aviso por e-mail.

La oficina de Facebook y el refugio ideológico

Su rutina en Facebook es el retrato de la irrelevancia. El analista que consultaba mandatarios hoy dedica sus tardes a scrollear redes para copiar y pegar fragmentos de portales marginales o gacetillas de la embajada china que sube con comentarios genéricos, como “recomiendo leer esto” o “muy interesante nota”. Ya casi no produce análisis; es un repetidor serial de links que busca, desesperadamente, que el algoritmo no lo termine de enterrar en el olvido.

Ante el repudio, Brieger construyó una trinchera ideológica donde su pasado de acosador no existe. Se refugia en la defensa irrestricta de Irán, Cuba, China y Venezuela, citando a autores progresistas y validándose en medios militantes para blindarse éticamente. Le habla a un núcleo duro que prefiere consumir retórica “anti-imperialista” antes que recordar las 19 denuncias que lo eyectaron del sistema profesional.

Brieger en las épocas que era bien recibido en C5N.

El miedo al escrache y el cupo de la vergüenza

La degradación llega a su punto máximo con sus charlas virtuales sobre Medio Oriente. Por la módica suma de $30.000, el otrora conferencista internacional ofrece encuentros por Zoom bajo una condición humillante: requiere un “cupo mínimo de 10 personas para arrancar. No es sólo que le falte presupuesto para un salón, sino también el terror al escrache ante un encuentro físico. La pantalla de la computadora es el único escudo que le queda para evitar que alguien lo increpe cara a cara por su pasado.

Para intentar justificar el precio de su nostalgia, Brieger apela a anécdotas de un prestigio vencido: cita encuentros con Christine Lagarde en París o sus viajes a Irak en los años ‘90. Es una paradoja tragicómica: mientras denuncia el “culto a la personalidad” de líderes mundiales, intenta desesperadamente sostener su propio micro-culto personal para que diez desconocidos, dispersos por el mundo, le aseguren una recaudación mensual que no llegaría a cubrir un alquiler digno.

Brieger explica que necesita al menos 10 personas para dar la charla y comenta el temario.

La foto del olvido

La imagen actual de Pedro Brieger es la de un hombre que habita en las grietas de internet, facturando centavos y rezando para que diez desconocidos le transfieran a un alias antes de que la memoria colectiva vuelva a golpearle la puerta. Ya no hay estudios con luces de neón ni viajes diplomáticos; sólo le queda copiar y pegar cada día en una red social en desuso y esperar ansiosamente que le suenen las notificaciones de su cuenta bancaria (o de su casilla de Gmail).

Es el destino final de quien creyó que su prestigio lo hacía intocable: un retiro forzado donde la única primicia que tiene para ofrecer es el cronograma de sus propias necesidades económicas. Brieger ya no explica el mundo, ahora el mundo lo explica a él como el ejemplo perfecto de que la impunidad tiene fecha de vencimiento, y que el olvido puede ser mucho más ruidoso que cualquier repudio.



*Autor: Augusto Grinner

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