Claudia Rucci | “Venden que fueron jóvenes idealistas y se niegan a hablar de lo que pasó del 73 al 76”

La figura del sindicalista asesinato por Montoneros, va teniendo un reverdecer en sectores anti K. Su hija cruza a Máximo Kirchner “son cómplices de la historia”.
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Un 25 de Setiembre de 1973, Montoneros asesinó al sindicalista más fiel a Perón, José Ignacio Rucci. Fueron 33 balazos al salir de su casa, en Avellaneda 2953.

Para la gente no militante, aquel metalúrgico quedó grabado en las retinas cuando le sostuvo un paraguas al General para que no se moje al aterrizar en suelo argentino, en 1972, recién llegado de su largo exilio.

En cambio, para su hija Claudia, Rucci fue antes que nada el papá cariñoso que dejó de tenerlo por el arrebato de la violencia setentista cuando contaba tan solo con 9 años.

Afiches, actos recordatorios, múltiples mensajes en redes sociales son algunas de las gestualidades del símbolo del regreso de Perón, irrumpiendo en la actual bipolaridad de la política nacional. Similar a los 70′ pero con la sustancial diferencia que no hay sectores armados disputando el poder.

La actual senadora de la provincia de Buenos Aires debió soportar le ignominia de sectores kirchneristas que impidieron que se hiciera el homenaje a su padre, con motivo del 47 aniversario del asesinato. No se había suspendido este tipo de homenajes desde la última dictadura militar.

Claudia interpreta el hecho como un acto de desprecio. “Se les escapó la gallina, demuestra los que son”, dice casi resignada. Como decía el General, prefiere verlo desde el lugar que “los melones se van acomodando con el tiempo”.

“Mi papá fue el símbolo de la unidad nacional al apoyar el regreso de Perón. Mucha gente creo que ahora revaloriza esto. Los homenajes fueron de todos los espacios políticos”, agrega en diálogo con Expediente Político.

En el Congreso Nacional, en tanto, ocurrió un gesto, del jefe de la bancada del Frente de Todos Máximo Kirchner, también muy representativo de las heridas abiertas setentistas del peronismo. El hijo de Cristina optó por homenajear a Agustín Tosco, sindicalista de encuadramiento marxista, uno de los líderes del Cordobazo al tiempo que se hablaba en el recinto de Rucci.

La senadora tomo como una provocación que en pleno homenaje a su padre se interpusiera a su histórico antagónico.

“Los dos fueron personas honestas que, aunque pensaran distinto dialogaban”. “No voy a entrar en ese tipo de provocaciones”, advierte. Rememora que había dos proyectos de país, “uno el del general Perón y otro el de Montoneros que era un proyecto socialista”. Transpolación instantánea: peronismo real vs populismo k, según la hija de Rucci.

“No está todo el peronismo en el Frente de Todos. Ellos son autoritarios, no creen en el diálogo”, asevera con seguridad. Y agrega: “Si vos te negaste a homenajear a Rucci es porque terminas siendo cómplice de la historia”.

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De eso no se habla

Rucci fue asesinado en democracia y esta es la gran diferencia con otros crímenes y violaciones de derechos humanos de los 70. Montoneros tenía espacios de poder, en el gobierno de Cámpora. Eran intendentes, diputados, que simpatizaron con la causa de dirimir la diferencias ideológicas con las armas.

La causa judicial esta parada, la familia Rucci exige que sea considerado un caso de lesa humanidad para que no prescriba. Los querellantes señalan que hay muchas pruebas fehacientes como que las armas, que se utilizaron para matar a Rucci, fueron trasladadas desde la municipalidad de La Plata.

La senadora adhiere a la teoría de la provocación y el impacto que quiso generar el asesinato por parte de Montoneros, cuando ya sabía que Perón les daba la espalda. Casi 7 meses después, el 1 de mayo del 74 los echaría de la Plaza de Mayo.

En la charla con Expediente, Rucci introduce el concepto de “entrismo”, el mecanismo que utilizó la izquierda para propagar sus objetivos dentro de otras estructuras políticas. La senadora deduce que ese “entrismo” sigue vigente con fines electorales. “El peronismo ha aceptado el entrismo de esta gente”, afirmó la senadora bonaerense.

“Hay una parte de la historia que el kirchnerismo quiere negar a hablar de lo que pasó del 73 al 76. Homenajear a Rucci es poner de relieve que ellos no fueron muchachos idealistas, que ponían bombas es eso no quieren hablar. Ese es el problema que tienen”, recalcó.

¿Pero, hubo un Perón que también fue permisivo con esa violencia como cuando habló de “los amigos todo a los enemigos ni justicia” ?, preguntaron desde citado portal.

“Claro que Perón lo dijo, pero hablar de eso ahora no suma. Si creo que tenemos que hacer una autocrítica que no significa autoflagelarse”, aporta su mirada saliendo rápido del debate del Perón pendular.

Avala ciento por ciento el trabajo periodístico de Ceferino Reato con su libro “Operativo Traviata”, en alusión a a como llamó Montoneros su operativo de muerte, analogía macabra de la publicidad de la galletita de los 23 agujeritos.

En la perspectiva presente dice: “no me gustan ningún anti, no el anti peronismo ni el anti macrismo. Tenemos que trabajar para rescatar otra vez la política. Sino la gente termina diciendo que se vaya todos”.

“Siempre hay alguien que me recuerda alguna anécdota” cuenta la ex actriz que tiene que recrear en fotos y recuerdos lejanos aquella figura paterna aniquilada por los violentos.

Otras afirmaciones de Claudia Rucci: “Yo ya perdoné, sino no podría seguir viviendo. Elijo vivir en el amor con mis hijos. Lo que si me da bronca es la falta de la verdad”.

“Nos quieren vender que eran jóvenes idealistas. Vería muy bien que pidan perdón en una conferencia de prensa por lo que hicieron”.

Rucci Claudia no espera nada de parte del gobierno. Le quedó grabado a fuego lo de Máximo que entre Rucci y Tosco optó por doblar a la izquierda.

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*Fuente: Expediente Político


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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

Casielles estrenó “Proyecto C”, un late night argentino contra la soberbia del poder

Eugenio Casielles eligió la noche del domingo y un terreno ajeno a la televisión tradicional para lanzar su nuevo proyecto. A las 22, el diputado de la Ciudad estrenó “Proyecto C”, un programa con formato de late night a la argentina que en su primera emisión apuntó sin rodeos contra Javier Milei y su círculo más cercano.

La soberbia fue el hilo conductor del debut, abordada como un rasgo personal del Presidente y también por el impacto que tiene sobre la política. Para desarmar el tema, Casielles convocó a los comunicadores e influencers El Presto y Álvaro Zicarelli, además de Kevin Grunbaum, analista en comunicación que se ocupó de medir el nivel de soberbia que atraviesa hoy a la dirigencia.

El conductor abrió el programa con definiciones duras sobre la actitud del jefe de Estado y la falta de credibilidad de sus anuncios. Junto a sus invitados repasó la reciente comunicación del Gobierno sobre Malvinas, y la mesa llegó a una conclusión categórica: “A Milei no le importa la soberanía del país”.

La soberbia: ¿siempre tenemos razón? | Proyecto C #01

La soberbia se sienta a la mesa. Eugenio Casielles presenta el primer capítulo de Proyecto C con El Presto, Álvaro Zicarelli y Kevin Grunbaum. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que podemos estar equivocados? ¿Escuchamos para entender o solamente para tener razón?

Sobre esa línea, Casielles planteó si un admirador de Margaret Thatcher está en condiciones de defender los intereses nacionales en el Atlántico Sur. Para sostener la pregunta recordó actos de campaña en los que Milei no quería que se cantara el himno ni que se exhibieran banderas de las islas, y remató con una frase que dejó flotando sobre el estudio: “no es el primer presidente que trata de prostituir una causa para ganar las elecciones”.

Entre las secciones fijas del ciclo sobresale la “Carta al presidente”, un espacio en el que el legislador le habla directamente a Milei. En la primera entrega, el mensaje fue claro: “Recordá que no sos la Argentina. No sos la República. Sos un empleado al que ‘contratamos’ durante un tiempo para una responsabilidad enorme”.

Casielles se permitió además un pasaje de tono irreverente, en el que colocó al mandatario frente al paso del tiempo y a figuras centrales de la historia nacional: “Javier, no sos indispensable, este país vio pasar a hombres como Sarmiento, Roca, Rosas… Todos pasaron. La única que siguió en pie fue la Argentina”.

La propuesta de “Proyecto C” se apoya en la idea de hablar sin filtros e incomodar cuando haga falta. Con un formato que se aparta del molde de los programas de actualidad, el ciclo promete sumar en cada edición una rotación de invitados picantes que alimenten la discusión.

HUMOR por Argüelles​

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