Carlos López Puccio | “Siempre disfruté mucho de pensar cómo voy a divertir a la gente”

El Les Luthiers rosarino habló sobre su carrera y experiencia en el ámbito artístico. “Mi afición por la música salió prácticamente de la nada”, comentó.
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10 Years Experiences

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El director de orquesta y coros rosarino, Carlos López Puccio, participó del ciclo de entrevistas culturales que lleva a cabo La Bolsa de Comercio de Rosario. El multiinstrumentista y humorista argentino habló sobre sus comienzos en la música y los grandes éxitos vividos junto al grupo cómico Les Luthiers.

En tiempos de pandemia, la entrevista se llevó a cabo de forma digital durante la tarde del jueves. Con respecto al aislamiento obligatorio, López Puccio comentó: “La estoy pasando con una carga importante de ansiedad, de expectativa y de incertezas, que comparto con la humanidad. Personalmente estoy cómodo y aproveché a hacer cosas que tenía pendiente”.

Durante la charla, el humorista habló sobre su infancia. “La Rosario en la que yo nací es bastante diferente a la que es actualmente”, aseguró, y continuó: “Tengo un recuerdo muy pueblerino, jugando con pelota de trapo en la calle”.

En este contexto, “mi afición por la música salió prácticamente de la nada”, recordó el músico entre risas, y continuó: “Fui a (la escuela) Normal 3 y de pronto vi a un chico que tocaba la armónica… ese fue mi gran amigo de la infancia”. Al tiempo, “conseguí que una tía me regalara una armónica, y empecé a tocar”.

De esta manera comenzó el interés de López Puccio por la música. “En la misma, época mi hermano trajo la séptima sinfonía de Beethoven a casa y me encantó. Me empecé a comprar discos, y al poco tiempo pedí que me manden a estudiar violín”, comentó. “Cuando tenía 17 años me fui a La Plata a estudiar dirección orquestal, porque era el único lugar donde estaba la carrera a nivel universitario”, agregó.

Luego de finalizar sus estudios y perfeccionarse en algunos instrumentos musicales, el director de orquesta y coros rosarino se unió al grupo cómico. “Si bien, inicialmente, Les Luthiers ‘me contrató’, también me fascinaba”, dijo, y explicó: “Yo entré poco después de que el grupo se fundara, pero me siento un importante arquitecto de lo que es”.

Mirando hacia atrás, “considero que siempre he sido un tipo de buen humor, y siempre he valorado el buen humor de los otros como una forma de arte. Cuando alguien me hace reír, es como cuando un artista me hace emocionar”, consideró el músico, y agregó: “Siempre disfrute mucho de pensar en cómo voy a divertir a la gente, y siempre pensé que esa gente era agradecida”.

En relación a su trayectoria, el entrevistado atribuyó el éxito del grupo a “unos cuantos ingredientes”. “Les Luthiers prácticamente definió un género, que es un espectáculo donde hay buena calidad musical reunida a una buena calidad de humor. Y esa buena calidad de humor es algo que no es fácil de encontrar”, declaró.

“Una cosa es el humor improvisado, sencillo, a veces un poco grotesco, y otra cosa es el humor que hace Les Luthiers: destilado, trabajado, que tiene cierto sustento cultural. Es una caja de pandora, en el buen sentido”, agregó el humorista.

En más de 50 años de trayectoria, el grupo ha realizado aproximadamente 8.000 funciones, frente a más de 10 millones de espectadores. “El humor de Les Luthiers, por necesidad comerciales, es amplio”, aseguró el multiinstrumentista; sin embargo, “Les Luthiers no le va a gustar a todo el mundo”, aseguró. “Hoy en día, nuestro humor transita por varias capas: un humor sencillo, una capa un poco más elevada… y va encimando capas que a veces hace falta tener una buena educación cultural para entender”, consideró el entrevistado.

*Fuente: BCR news


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Casielles estrenó “Proyecto C”, un late night argentino contra la soberbia del poder

Eugenio Casielles eligió la noche del domingo y un terreno ajeno a la televisión tradicional para lanzar su nuevo proyecto. A las 22, el diputado de la Ciudad estrenó “Proyecto C”, un programa con formato de late night a la argentina que en su primera emisión apuntó sin rodeos contra Javier Milei y su círculo más cercano.

La soberbia fue el hilo conductor del debut, abordada como un rasgo personal del Presidente y también por el impacto que tiene sobre la política. Para desarmar el tema, Casielles convocó a los comunicadores e influencers El Presto y Álvaro Zicarelli, además de Kevin Grunbaum, analista en comunicación que se ocupó de medir el nivel de soberbia que atraviesa hoy a la dirigencia.

El conductor abrió el programa con definiciones duras sobre la actitud del jefe de Estado y la falta de credibilidad de sus anuncios. Junto a sus invitados repasó la reciente comunicación del Gobierno sobre Malvinas, y la mesa llegó a una conclusión categórica: “A Milei no le importa la soberanía del país”.

La soberbia: ¿siempre tenemos razón? | Proyecto C #01

La soberbia se sienta a la mesa. Eugenio Casielles presenta el primer capítulo de Proyecto C con El Presto, Álvaro Zicarelli y Kevin Grunbaum. ¿Por qué nos cuesta tanto reconocer que podemos estar equivocados? ¿Escuchamos para entender o solamente para tener razón?

Sobre esa línea, Casielles planteó si un admirador de Margaret Thatcher está en condiciones de defender los intereses nacionales en el Atlántico Sur. Para sostener la pregunta recordó actos de campaña en los que Milei no quería que se cantara el himno ni que se exhibieran banderas de las islas, y remató con una frase que dejó flotando sobre el estudio: “no es el primer presidente que trata de prostituir una causa para ganar las elecciones”.

Entre las secciones fijas del ciclo sobresale la “Carta al presidente”, un espacio en el que el legislador le habla directamente a Milei. En la primera entrega, el mensaje fue claro: “Recordá que no sos la Argentina. No sos la República. Sos un empleado al que ‘contratamos’ durante un tiempo para una responsabilidad enorme”.

Casielles se permitió además un pasaje de tono irreverente, en el que colocó al mandatario frente al paso del tiempo y a figuras centrales de la historia nacional: “Javier, no sos indispensable, este país vio pasar a hombres como Sarmiento, Roca, Rosas… Todos pasaron. La única que siguió en pie fue la Argentina”.

La propuesta de “Proyecto C” se apoya en la idea de hablar sin filtros e incomodar cuando haga falta. Con un formato que se aparta del molde de los programas de actualidad, el ciclo promete sumar en cada edición una rotación de invitados picantes que alimenten la discusión.

Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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