Adoctrinamiento | Las mentiras de la serie “Santa Evita”

Las verdades omitidas y modificadas en la realización de la serie que pondera y santifica al peronismo.
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Santa Evita fue vendida al público como una reconstrucción histórica bajo el lema, “¿Qué pasó con el verdadero cuerpo de Eva Perón?”, pero lo cierto es que poco se adhieren a la realidad de los hechos y más bien parece ser una mala interpretación plasmada en una miniserie con obvios tintes militantes, con la intensión de favorecer a los protagonistas de esta historia, Juan Domingo Perón y Eva Perón.

En base a esto es importante destacar qué es lo verídico y qué no es, debido a que en la serie jamás lo señalan, porque, como ya lo hemos mencionado, lo publicitan como si fuese una reconstrucción histórica.

En vista a esto Augusto Grinner, desde su canal Es de Peroncho, realizó un extenso análisis con cada uno de las omisiones y modificaciones que se muestran en Santa Evita, pero aquí detallaremos algunos de los ejemplos más destacables:

  • La omisión total de la existencia de Nelly Rivas en la vida de Domingo Perón: En la serie podemos verlo cuando Perón huye hacia Paraguay y deja a sus perros caniches a cargo de su secretario Atilio Renzi. Siendo que, en realidad se encontraban junto a su amante menor de edad, según él mismo relató en una carta que le envió a Nelly tras su huida: “Cada día te extraño más, lo mismo que a los perritos”, menciona la carta.

También hay fotos de Nelly junto a los perros de Perón en su cama, y algunas otras más acompañando a Renzi (secretario de Juan Domingo) a un evento en el Luna Park.

No obstante, todos estos hechos comprobables y confirmados por el mismísimo General fueron omitidos.

  • “Las mujeres votan gracias a Eva Duarte de Perón”: Otro de los insistentes relatos peronistas repetidos hoy por el kirchnerismo son ponderados en esta serie. Cabe recordar que el proyecto que ley que habilitó a las mujeres a votar había sido presentado 22 veces por casi 40 años antes que el peronismo se apropiara de él aprobando su proyecto.

En “Santa Evita” muestran que fue Eva la primera en hablar de este polémico tema en aquel entonces. Por otro lado, para engrosar más aún lo falaz, en la serie también comentan que la oposición no quiso votar a favor del sufragio femenino y que debieron sobornarlos para que lo hicieran, cuando en realidad fue aprobado por unanimidad y no sería coherente que se opusieran a un proyecto que ellos habían presentado por tantos años.

  • Otro burdo punto expuesto en esta serie para alimentar el relato peronista, es el de “Evita feminista”: Eva Perón en “La razón de mi vida” dejó muy en claro sus opiniones con respecto a las feministas de su época, a las cuales calificó como “machonas que quieren ser hombres”. También comentó que su visión de lo femenino era más bien que las mujeres se quedaran en su casa a cuidar de sus hijos y esposos y que el trabajo era cosa de hombres.

Para simplificar lo que podría ser un extenso listado, la actriz que encarnó a Eva Perón insiste en varias lineas de su guión que quienes osaban de la posibilidad de acceder a una casa o a la educación de sus hijos era “gracias a Perón” y no por los contribuyentes o el Estado. Es por estos ejemplos y tantos otros que podemos confirmar que en la serie solo pretenden impulsar al peronismo, sino, ¿Con qué otros fines más que favorecer la memoria de los protagonistas hicieron estas modificaciones y omisiones?

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Samuel “Chiche ”Gelblung: El detector de mentiras

*Por Facundo Pedrini – Director de noticias de Crónica TV


Hombre primicia. Hombre tapa. Hombre record. Hombre intuición. Portador de la licencia del olfato. Aguijón definitivo de la realidad de los últimos 50 años. Fue popular. Fue masivo. Fue meme. Usó el detector de mentiras contra la eternidad y se quedó con la última pregunta.

Fue Crónica antes que Crónica: Un posgrado en periodismo social que termina en él, pero no con él. Porque las misiones trascienden a los mitos.

Lo internaron 20 veces. Lo dieron por muerto 21. Creó presidentes. Tiró presidentes. Le hizo una autopsia en vivo a un extraterrestre y cinco entrevistas a Milei. Y a los dos los dejó en silencio. A Cristina le preguntó si tenía novio cuando todavía se vestía de negro. Porque sí. Porque podía.

Dueño de todas las culpas de ese viejo periodismo que todavía duda como un niño: fue el que mejor decodificó la distancia entre las viudas y el milagro. Preguntó, cuestionó, desnudó. Algo que no hace la IA ni la precarización.

Su cabeza duró más que su cuerpo. Como los relojes pulsera de los soldados que siguen viviendo en la muñeca de los fusilados.

“Me quiero morir en cámara” me dijo la primera vez que lo internaron.

Existe algo entre los finales y la muerte y son las preguntas. Chiche tenía de todo. Visitaba más especialistas que los que una cartilla de obra social podía imprimir. Tuvo más internaciones que programas en el año. Por una infección urinaria, por un paro cardíaco, por un infarto de pie, por una trombosis descontrolada que le tapaba un par de arterias, por fiebre alta, por precaución , por las dudas y por qué los mejores a veces se apagan en cuotas.

Cuando lo recibieron la última vez no podía hablar ni pisar.

“Me voy a escapar por la ventana, necesito volver”, me dijo la última vez que lo guardaron. La cama nunca es una opción para los cazadores: Chiche respiraba solo cuando perseguía a la Argentina.

Chiche se cayó varias veces y jamás se derrumbó. Lo que más le importaba estaba afuera de sí mismo. Y como el peligro saca lo peor del mundo pero lo mejor de los periodistas, llenó la angustia de la espera con novedades populares: del retiro de Messi al cierre de los locales de calle Avellaneda.

— Gelblung en una foto histórica de su carreta, en Vallegrande, Bolivia, durante la cobertura periodística en busca del cadáver del Che Guevara. Archivo Clarín

Los últimos 45 días el cuerpo de Chiche fue un bingo llena de médicos que jugaban varios cartones a la vez, como las viudas terminales que esperan que el bolillero frene el tiempo.

Le hicieron firmar un papel de consentimiento informado para que la muerte sea culpa suya y le dieron el alta. Volvió en silla de ruedas para contar un mundial, gritó sin voz y con el puño al aire los goles contra Inglaterra y pidió viajar a la final. Chiche quería firmar una declaración de responsabilidad y subirse a un avión para contar al lado.

Chiche solo caminaba a través de sus planes, fantaseaba con muletas que el tiempo le alejaba, pero tenía todo pensado y dos valijas hechas: un pijama de verano, un par de tiradores, un coctel de pastillas para la presión y una cuarta estrella explotándole en el corazón.

La distancia entre él y la muerte siempre se midió en ideas y el riesgo existió para que él lo persiguiera. Chiche no fue solo un elogio del peligro, también fue una provocación generacional. La revancha de los viejos de la guerra del cerdo: cubrió todo mejor que los jóvenes y vivió en la sombra de lo sagrado. “No hay que tirar ni al pobre, ni al inmigrante, ni al refugiado ni a los viejos”, decía Francisco. Descartar es perder el alma y perderse una nota.

— “Chiche” y Pedrini

Chiche fue algo que la sociedad va a seguir pidiendo: la seguridad que dan los viejos. Recordar un desde dónde para que no nos explote la bomba en la memoria. Chiche fue una certeza y la previsibilidad que la Argentina perdió. 

Lo que Chiche decidió contar será para siempre el lugar desde donde eligió pelear y un toque de queda a la lógica de los medios: demuestra que periodista no solo se nace, también se muere.

HUMOR por Argüelles​

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