Vendan los bonos de Brasil

Es un mercado ilíquido y no está organizado. Ahora tienen la oportunidad de salir con "pocas" heridas.
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10 Years Experiences

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*Por: Miguel Boggiano

Si no venden sus bonos ahora, después no van a poder salir. Así de simple.

Cuando todos quieren vender, simplemente no hay nadie del otro lado (lo sabrán quienes trataron de hacerlo en marzo). Es un mercado ilíquido y no está organizado. Ahora tienen la oportunidad de salir con “pocas” heridas. Lean la nota hasta el final y entenderán.

Los bonos son una verdadera bomba de tiempo. El riesgo que corren si tienen bonos en su portafolio es inmenso. Y los de países emergentes, son los más riesgosos de todos. Sólo para que tengan perspectiva, la deuda total de los países emergentes acumula u$s72 Trillions. Se espera que el FMI y el Banco Mundial aporten una ayuda de u$s1 Trillion.

Sólo en 2020, vencen u$s5.5 Trillions entre capital e intereses:

Este año Brasil tendrá vencimientos por el equivalente a u$s255.000 millones. El grueso de estos vencimientos es en reales, y es lo que está destruyendo a la moneda en los últimos meses. Quienes me leen hace tiempo, saben que vengo hablando de la burbuja crediticia mundial. Este es otro capítulo más de esta saga.

En marzo escribí “Vendan todos los bonos del mundo”.

Desde entonces, la Reserva Federal ha prometido “defender” la deuda corporativa de los EEUU (por ahora es sólo una promesa). Pero nunca dará una asistencia de gran alcance para la deuda emergente.

¿Qué pasa con Brasil?

El riesgo país de Brasil sigue subiendo con fuerza con la crisis del Coronavirus:

Pero el problema económico central de Brasil es el déficit fiscal. ¿Les resulta familiar?

¿Cómo se está financiando este déficit? Con deuda:

Muchos piensan que Brasil tiene una importante ventaja porque se financia en reales y sólo el 5% de su deuda es en dólares. Pero la gran devaluación de los últimos meses nos marca que endeudarse (aunque sea en reales) trae consecuencias no deseadas. El mercado probablemente asuma que una parte de la deuda será monetizada, o que el riesgo irá en aumento.

El 19 de noviembre de 2019 publiqué otra nota: “Brasil al borde de una gran devaluación”.

En aquel entonces, para comprar 1 dólar se necesitaban 4,25 reales. Hoy se necesitan 5,65 reales (una pérdida de 25% del valor del real frente al dólar; no es el 33% como muchos creerían).

Pueden ver acá abajo la evolución del dólar relativo al real:

El argumento de muchos va a ser que como la deuda en dólares es baja esto es manejable. Incluso, dirán que el Banco Central de Brasil tiene una sólida posición de reservas. Es cierto que hay bajas probabilidades de default, pero esto no evitará que el precio de sus bonos bajen, como lo harán todos los emergentes.

El real se esté devaluando y Brasil cuenta con un déficit fiscal que se agrandará este año. Esto no es trivial y es casi un hecho que veamos una fuerte baja en los precios de sus bonos en breve.

Cuando hay crédito abundante, a cualquier país se le hace relativamente fácil financiar ese déficit. Ahora el crédito se volverá más escaso.

Conclusión: vender bonos de países emergentes. Vender bonos de Brasil. La recuperación del mercado de las últimas semanas tal vez les dé una posibilidad de salir de esos bonos con un daño controlado. Si no lo hacen ahora, probablemente no tengan otra oportunidad igual. Después, será muy tarde.

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*Fuente: Ámbito Financiero


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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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