Semana Santa | El turismo perdió más de 14.800 millones de pesos

La cuarentena durante un nuevo fin de semana largo provocó pérdidas millonarias en el sector. Pidieron medidas "urgentes".
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Las economías regionales dejaron de recaudar en el fin de semana largo de Semana Santa, uno de los “principales” para el turismo, unos $14.800 millones por la cuarentena general decretada ante la pandemia de coronavirus, por lo cual la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA) pidió medidas “urgentes” para el sector.

La Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) realizó estimaciones respecto de las pérdidas durante “uno de los principales fines de semana largo” del año, en el que se estima una movilización por el país superior a dos millones de turistas. En ese sentido, calculó que las economías regionales dejaron de recaudar en Semana Santa unos $14.800 millones.

Por su parte, la Federación Empresaria Hotelera Gastronómica de la República Argentina (FEHGRA) consideró que se trata de un “escenario de extrema gravedad”, por lo que reclamaron “disposiciones urgentes para el sector “cuya supervivencia se encuentra en serio riesgo”.

“Apelamos al Presidente para evitar el cierre de miles de hoteles, restaurantes y bares, que no podrán superar esta crisis”, remarcó.

De ese modo, subrayó: “Somos un sector que nunca recibió subsidios y se encuentra sin actividad desde los primeros días de marzo”. “Un total de 50.000 empresas hoteleras y gastronómicas se enfrentan a la imposibilidad del pago de salarios y servicios, y sabemos que muchas de esas empresas no podrán sobrevivir a esta crisis, lo que provocará el cierre de miles de PyMEs del sector, con la consecuente desaparición de fuentes de empleo para los argentinos”, alertó la titular de FEHGRA, Graciela Fresno.

Pidió que Alberto Fernández “tenga en cuenta la delicada situación a la que se enfrentan los hoteles y los establecimientos gastronómicos de todo el país”.

Puntualizó que hay “una pérdida de facturación anual proyectada de 28.500 millones de dólares, y una caída de actividad de más del 45%”. “Solicitamos que se instrumenten medidas profundas”, insistió y evaluó: “La mayoría de los establecimientos hoteleros y gastronómicos que integran FEHGRA dependen en gran parte del turismo interno y de los 7.000.000 de turistas internacionales, que no se recuperarán en mucho tiempo, por lo que la mejora de la actividad de nuestro sector, a diferencia de otros, no se verá durante este año”. “El Gobierno debe apoyar ahora a los hoteleros, a todos los empresarios gastronómicos, y por supuesto a los 500.000 trabajadores para que podamos superar esta etapa, manteniendo vivas las empresas hasta que esta crisis sea finalmente superada”, resaltó.

El rubro pide ante el panorama actual “acceso a créditos a tasa cero, que permita hacer frente a compromisos de pago y contar con un sistema de asistencia especial para salarios”, así como también la ampliación de la moratoria impositiva “que incluya las deudas generadas durante este periodo de crisis”, entre otros puntos.


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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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