Se perdieron más de 100 mil empleos en blanco durante el primer mes de cuarentena

Los datos del Sistema Previsional superan la caída proyectada para marzo previo a la pandemia. Respecto a 2019, la reducción fue de 209,2 mil puestos formales.
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La cuarentena empezó a regir el 20 de marzo y el impacto en el empleo no tardó en hacerse sentir incluso con la prohibición de los despidos. De acuerdo a las cifras que maneja el Ministerio de Trabajo en función del Sistema Integrado Previsional Argentino (SIPA), ese mismo mes se perdieron 105 mil puestos de trabajo en blanco, es decir el 0,9%. El Ministerio no presenta datos del empleo informal.

La Encuesta de Indicadores Laborales (EIL) elaborada antes de que se desatara la pandemia ya había dado cuenta de una caída proyectada del empleo del orden del 0,5% por el proceso recesivo, pero en la realdiad teriminó siendo de casi el doble. Y las expectativas no repuntan: la EIL para el mes de abril estimaba que el trabajo seguiría en caída y se contraería 0,6%.

De esta forma, en la comparación interanual la caída fue de 209,2 mil empleos (1,7%) hasta los 11,929 millones de puestos registrados. Es decir que de todos los empleos perdidos en el transcurso de los últimos doce meses, la mitad se perdió solo en el último mes.

“En marzo, mes que comenzaron las medidas del aislamiento social, a partir de la información del SIPA se contabilizaron 105 mil trabajadores registrados menos en relación al mes anterior (en la variación desestacionalizada), este número representa una caída del 0,9% en la cantidad total de personas ocupadas en la economía formal. Tal disminución se debió, fundamentalmente, a la contracción del empleo asalariado privado, que se redujo un 0,8% (48 mil trabajadores menos) y al trabajo monotributista que cayó un 2,8% (45 mil trabajadores)”, detalló el informe del Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social.

También respecto de febrero, se registraron las bajas de 7,6 mil (-1,5%) trabajadores de casas particulares, mientras que el empleo público presentó una variación de 0,3% (+8,6 mil). Así, 9,642 millones de trabajadores está bajo relación de dependencia (80,8%), de los cuales el 62% son del sector privado, 5% son personal de casas particulares y el restante 33% son empleados públicos de los tres niveles del Estado.

“Por su parte, la cantidad de trabajadores no asalariados cayó 2,5% (-58,2 mil trabajadores). Todas las categorías dentro de esta modalidad mostraron una sensible retracción: -2,8% monotributistas (-44,4 mil); -1,9% monotributistas sociales (-6,9 mil); y -1,8% autónomos (-6,8 mil)”, aclaró el Ministerio.

Cabe aclarar que la caída en el empleo obedeció más al freno de las contrataciones que a los despidos y renuncias. La tasa de desvinculaciones se redujo un 50% interanual, aclararon desde Trabajo al tiempo que precisaron que “El mecanismo de ajuste del empleo asalariado se explica por el casi nulo nivel de contrataciones de nuevo personal registrado durante el período analizado. Frente al escenario impuesto por la pandemia, las empresas decidieron congelar las contrataciones habituales, de forma tal que, a pesar de observarse también una drástica contracción en el volumen de desvinculaciones, las que se encuentran en su mínimo histórico, superaron a las casi nulas incorporaciones, provocando la caída del nivel de empleo”.

Respecto de febrero, tres provincias presentaron una variación positiva: Misiones (+2,0%), La Rioja (+0,9%) y Río Negro (+0,1%). Mientras que las caídas más importantes se observaron en Catamarca (-1,9%), Mendoza (-1,7%), San Juan (-1,2%), Tierra del Fuego (- 1,2%), Santiago del Estero (-1,1%) y Córdoba (-1,0%).

En tanto que en la comparación interanual, ninguna provincia le escapó a la pérdida de puestos de trabajo. “Las mayores caídas se verifican en Tierra del Fuego (-6,7%), San Juan (- 6,1%); San Luis (-4,7%), Santiago del Estero (-4,6%), CABA (-3,8%), Córdoba (-3,7%) y Mendoza (-3,4%). Teniendo en cuenta su peso en el empleo total, las provincias que incidieron fuertemente en la reducción general del empleo fueron: Buenos Aires (-3,1%) y Santa Fe (-2,9%)”, detalló el informe oficial. Santa Cruz (-0,1%), Neuquén (-0,4%) y Chubut (-0,5%) fueron las que menos empleos perdieron“.

Si se lo analiza por sectores, en la comparación con febrero solo uno de los catorce presentó una variación positiva del empleo. “Ese sector fue Suministro de electricidad, gas y agua (+0,2%). Por su parte, en Servicios sociales y de salud el empleo se mantuvo estable. En el resto de los sectores se registraron caídas del empleo, de las cuales las más importantes en términos porcentuales se registraron en Pesca (-5,3%); Construcción (-4,6%); Hoteles y restaurantes (- 1,7%); y Servicios comunitarios, sociales y personales (-1,4%). Las industrias manufactureras, Comercio y reparaciones y Enseñanza mostraron caídas en el orden del 0,4%”, agregó el Ministerio.

*Fuente: La Política Online


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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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