Se estima una inflación SUPERIOR al 52% para 2022

Según el último relevamiento del Banco Central se estima un incremento en la inflación y menos crecimiento.
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El próximo viernes se dará a conocer por el Banco Central el último relevamiento de expectativas del mercado (REM) donde los analistas privados estiman sobre la variación de precios y el PBI (Producto Bruto Interno) del mes de diciembre del 2021.

Este informe pronostica, por especialistas locales y extranjeros, los desenlaces macroeconómicos de corto y largo plazo, este pronóstico es recopilado por la autoridad monetaria. En el último informe del REM los consultores elevaron el pronóstico de inflación hacia el 52, 1% mientras esperan que la suba del dólar se ubique en los $161,0 al final del próximo año. Asimismo, también redujeron el crecimiento del PBI hasta el primer trimestre del año próximo al 0,1%. Para coronar dicho panorama, se espera un aumento de la desocupación para el segundo trimestre del 2022 de un 9,7%.

Presidente del BCRA, Miguel Pesce

Pese a los datos proyectados, para el ministro de economía Martín Guzmán habrá “una reducción de la tasa de inflación”. Además descartó una devaluación del peso y dijo que se buscará convertir el congelamiento de precios vigente hasta el 7 de enero en acuerdo con las empresas formadoras, tras el fracaso de los precios vigilados.

En contraste, el 2021 cierra con una tasa de política monetaria en 38%, mientras que la inflación navega por arriba del 50%, motivo por el cual la mayoría de los analistas del mercado le vienen exigiendo al Banco central una señal de endurecimiento y de suba de la tasa.


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Despidos y decenas de proveedores en la ruina: luego de 60 años, Knorr cierra su fábrica en Mendoza

El cese de operaciones de la planta de Unilever en Rodeo de la Cruz, dedicada al deshidratado de vegetales para los caldos y sopas Knorr, marca la bajada de persiana de un establecimiento con más de seis décadas de trayectoria en la provincia de Mendoza. La medida dejó en la calle de forma inmediata a sus 60 trabajadores directos, quienes recibieron sus indemnizaciones en el marco del cierre total de la instalación industrial.

La paralización del complejo fabril generó un daño colateral directo sobre la red de abastecimiento agrícola en Mendoza y San Juan. Decenas de productores contratados, que adaptaron durante décadas sus superficies cultivables y esquemas tecnológicos para proveer de forma exclusiva a la firma, perdieron a su único comprador en la región, lo que provocó una parálisis en la cadena hortícola dedicada a la deshidratación masiva.

Las razones corporativas del cierre

Mediante un comunicado oficial, la empresa justificó la decisión en una transformación estructural del mercado, argumentando que las sopas secas en sobre sufrieron un declive sostenido en la demanda por tratarse de un consumo fuertemente estacional ligado a los meses fríos. A este factor sumaron el peso de los costos fijos de infraestructura que requería mantener operativa la planta durante todo el año para abastecer un volumen en retroceso.

En ese marco, la estrategia global de la compañía se orientó a volcar su portafolio hacia alimentos de consumo continuo como pastas, risottos y ramen. Para sostener ese esquema, Unilever abandonó el procesamiento agrícola propio en Guaymallén y resolvió migrar hacia un modelo de compras a proveedores externos e importación de materias primas, concentrando la etapa final de empaque en su complejo industrial de Pilar.

El espejo nacional

El desmantelamiento de la planta mendocina se inserta en una dinámica nacional signada por la retracción del entramado productivo. Desde el inicio del ciclo económico actual se registró la baja neta de más de 26.400 empresas empleadoras, a razón de 30 cierres diarios, mientras que la tasa de desempleo del INDEC trepó del 5,7% inicial al 7,8% actual.

Este escenario responde a una apertura de importaciones que avanzó sin una equivalente desregulación ni baja de la presión tributaria para los productores nacionales. La política oficial plasmada en la premisa de que deben cerrar los actores que “no puedan competir” —según expresó recientemente el Presidente— colisionó con la realidad de un mercado interno golpeado, donde la competencia internacional se dio en condiciones de asimetría para la industria local.

Lejos de una simplificación tributaria, la carga sobre el sector privado se mantuvo en niveles asfixiantes. Según los datos proyectados en el Presupuesto enviado por el Poder Ejecutivo al Congreso, la presión tributaria consolidada registró un incremento del 0,47% del PBI entre 2025 y 2026, lo que para la caja fiscal representó un aumento de casi 30.000 millones de dólares en concepto de impuestos que continuó erosionando la competitividad de las plantas instaladas en el país.

A la desventaja impositiva se sumó la pérdida de competitividad exportadora frente a filiales extranjeras por los altos costos operativos internos y una caída generalizada del consumo golpeado por la pérdida del poder adquisitivo.

El contexto se alinea con la percepción de la opinión pública expresado en una encuesta reciente, donde el 59% calificó la economía como negativa, frente a un 18% que la ve neutra y un 22% que la considera positiva. De esta forma, con la falta de trabajo superando a la inflación como principal preocupación social, el caso Guaymallén expone cómo la reconversión corporativa se combina con un contexto de pérdida acelerada del empleo.

*Por Augusto Grinner

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